"VIOLETA SE FUE A LOS CIELOS" (2011) Andrés Wood

TITULO ORIGINAL: Violeta se fue a los cielos
DIRECCIÓN: Andrés Wood
GUIÓN: Andrés Wood, Eliseo Altunaga, Guillermo Calderón, Rodrigo Bazaes (Libro: Ángel Parra)
REPARTO: Francisca Gavilán, Cristián Quevedo, Patricio Ossa, Thomas Durand.
GÉNERO: Drama, Biopic.
AÑO: 2011
PAÍS: Chile
DURACIÓN: 110 minutos.


Reconstrucción sin una línea cronológica del mundo interior de la artista chilena Violeta Parra: las personas que plasmaron su vida, sus viajes, amores, sueños, frustraciones, ilusiones y miedos. (FILMAFFINITY)


“El gavilán sería el personaje masculino y principal de éste ballet. La gallina representa a la mujer, también de primero orden, pero este personaje es sufrido, el que resiste las consecuencias del gavilán, con sus garras y malos sentimientos que también sería el poder y el capitalismo todopoderoso. Como ve, el tema es el amor. El amor que no siempre construye, que casi siempre destruye y mata.”

La historia de Violeta es la historia de una mujer, pero también es la historia de una historia. La no oficializada en los grandes relatos, solapada por las proezas de héroes de afiche y manual. A través de la voz y los ojos cristalinos de Violeta se construye el relato histórico de los fieles de la frontera, ese pueblo siempre tapado por las cenizas después del fuego de las batallas. Los oscuros, los perversos, los herejes, los que apilan piedras en honor a dioses malditos, los roñosos, los de los rostros hermosamente imperfectos. Y la historia, la que se corporiza en Violeta, se replica en un tapiz de esas caras, con esas voces, con los colores pálidos y floridos que contemplan el mundo en una suerte de juego tribal. Narran nuestra historia, mezcla de sangre y tierra, cardo y piedra.
¿Y cómo es Violeta? Impetuosa y volcánica, fuerte piedra del camino, un cóndor planeando en serpenteo (porque la creación es un pájaro en plan de vuelo que jamás volará en línea recta). Es un golpe recibido y dado, un tropiezo nunca una queja. Es arte que no se aprende en la academia, es arte que viene de la mente y del corazón. Es canto del pobre imperfecto y verdadero, fulminante. (Como nuestra historia latinoamericana).
Violeta se fue a los cielos es un racimo de esas historias deshilachadas en el tiempo, en la ausencia, en lo no dicho y por eso trascendido. Quizás la cordillera ofrece un amplio muro que se despliega a lo largo de ese país, que no es precisamente Santiago, que impermeabiliza el paso de las cosas y de las voces que esbozan el verdadero relato colectivo. Y por eso tal vez, en otros lados, iguales, la transferencia de la historia, ese boca en boca discontinuo, nunca es bien recitado sino por bocas perfectas que desenmascaren la verdad. Violeta, además, tiene los labios contaminados de vida.
Y así como en un tapiz, donde cada punto, cada enhebra tiende a desarrollar un camino único al cual nunca se vuelve a cruzar. La historia de Violeta, ese relato colectivo en una, es un entramado de recuerdos sin coherencia narrativa (en apariencia), que con sus cruces y sus nudos delinean una vida.
La vida está compuesta de recuerdos. La construcción y la interpretación de lo ya vivido conforman el presente y nos ejecutan al futuro. Los recuerdos no tienen porque tener un significado que llegue a ser comprendido en toda su esencia y magnitud sino que conforman un instante de una vida contemplada desde la lejanía. Estos recuerdos suelen recopilarse en momentos inflexivos, en puntos culmines. Andrés Wood se sitúa al borde de la vida de Violeta Parra para darle coherencia a un relato; a esos instantes que conforman el carácter y mejor describen a la artista chilena más importante de todos los tiempos (y aquí la pongo por encima de su hermano Nicanor, de Neruda, de Víctor Jara, de Gabriela Mistral y de tantos otros). No se trata de un simple recuento de momentos: es, ni más ni menos, que una historia de (des)amor.
El amor como pertenencia a una tierra (y así construye su relato cinematográfico, posado en los rostros macilentos que recuerdan a Manifestación de Berni o a los murales de Siqueiros. El polvo que no se oculta ni los desperfectos escénicos, demostrando que es un gran alumno del neorrealismo italiano), como bandera de lucha y resistencia. Y Wood, que acierta al no conceder tipificaciones ni ponderaciones de ningún tipo, la bisela ante nuestros ojos así: amante a toda prueba, amante de extremos, de carencias y de ilusiones. ¿Violeta se fue a los cielos? El cielo es para los amantes idiotas; un lugar de cuentos mágicos que cuentan en los catecismos y las academias, en los pasquines y las abuelas. Mientras exista amor y odio, el arte mediará entre ellos para no morir nunca, para que no haya cielo (y el cine, mientras sea un elemento artístico donde el montaje establezca nexos poéticos y no engañosos como lo hace Andrés Wood, también nos eleva).

TRAILER DE "VIOLETA SE FUE A LOS CIELOS"

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