UN DOBLE VIAJE A LA HISTORIA DEL CINE

Aunque se tratara de una coincidencia y aunque arbitrariamente busquemos parecidos, la confrontación The Artist-Hugo surge espontáneamente. No se tratan de hechos aislados que buscan recordar, en forma de tiendas de memorabilia (esas mismas que soñaba el personaje de Woody Allen en Midnight in Paris), la grandeza perdida del cine. Más bien se trata de últimos abrazos y despedidas a un cine que busca su identidad en este mundo digital que todo lo vuelve vertiginoso e impalpable. Rescatar su essentia como fin ontológico para no dejarla perecer en el olvido. Heidegger nos hablará de las circunstancias del tiempo: es decir, la esencia del ser sólo tiene lógica en su tiempo (Ser y tiempo, 1927). Si analizáramos este prolegómeno como la constitución basal del cine y su instrumentalización como forma artística expresiva, no quedan dudas, que al compás del tiempo, el cine perdería su impronta y al fin y al cabo, perecería. La esencia del ser (cine) se constituye como lenguaje que ya no tiene cabida dentro del tiempo en el que se desarrolla. Inclusive, los Lumiere vendían sus inventos a bajo precio porque no veían posibilidades en el nuevo aparato que habían construido (en contraposición, lo vemos a Méliès en Hugo, encarnado en el bueno de Ben Kingsley, encandilado por su poder en una feria de atracciones donde se exhibía La llegada del tren a una estación de La Ciotat). Es un ser inauténtico puesto que no reconoce su propiedad de ser-ahí; su capacidad de ponencia en el tiempo. Lo que intentan Hazanovicius y Scorsese, es devolverle la capacidad intrínseca del cine como realidad de su tiempo. La diferencia que los distingue es que uno (Hazanovicius) se vale de herramientas y dispositivos acordes al tiempo que relata, mientras que Scorsese entiende que el cine debe doblegarse a las imposiciones tecnológicas, por lo tanto, redefine la estructura de su película con las técnicas de hoy. The Artist se impone como una resistencia al tiempo, mientras que Hugo es una suerte de rescate emotivo.

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