PELÍCULAS DEL 2011 QUE ME GUSTARON (Parte II)


En la primera parte de estas revisiones, había tratado de establecer que el carácter de las películas aquí citadas y reflexionadas no son parte de un todo, un mosaico que conforma una gran palestra de los mismos hechos que describen una aparente realidad descifrada a lo largo del transcurso del año (dos mil once). Sin embargo, al aunar en un anuario a las películas que surtieron algún efecto positivo en mí (como en millones de espectadores), se puede inferir una suerte de línea de pensamiento que viene decantando en tanto el cine forma parte de una realidad que no se puede negar.
Hay una constante revisión (The Artist, Violeta se fue a los cielos, Hugo), interpelación (The Tree of Life, The Descendants) o reivindicación del pasado con viajes en el tiempo incluido (Midnight in Paris, Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo). Esa línea de pensamiento no los trasciende como comunicadores (a los realizadores) sino que los hace parte responsable de un cierto discurso imprecado por la constante y actual reflexión sobre el mundo moderno. Un mundo que es contaminado por la vertiginosidad de los acaecimientos históricos, por los fenómenos climatológicos y por el siempre reinante discurso hegemónico del poder concentrado, político, financiero y mediático.
Las imágenes del 2011 se pueden interrelacionar unas con otras a través de un relato concordante con el miedo, la paranoia, el caos. Con un estigma maldito que invita a los habitantes de este mundo a una suerte de parálisis (esa que relata von Trier en su Melancholia), en donde la suerte ya no corre por cuenta propia sino en el discurso liberal de la salvación financiera o también de las esperanzas perdidas ante un desastre natural inminente.
El cine como relato ficticio que se acomoda en el tiempo, a su tiempo, no siempre está exento de ese discurso; algunas veces para esgrimir sus críticas a ese otro mundo paralelo que es la realidad o bien, para alimentar la euforia apocalíptica. Nunca es parte externa de la construcción de los relatos. A diferencia de la filosofía que, según G. F. W. Hegel, siempre llega demasiado tarde para reflexionar sobre los acontecimientos de su tiempo; el cine incide en el pensamiento de la realidad. No sólo porque es parte de esa realidad, implicando tanto a comunicadores como emisores; sino porque su matriz complexa se estructura en base a la introspección de los procesos históricos.
Se pueden interrelacionar arbitrariamente una obra con otra para dotar de un carácter significativo las voces del veinte/once (voces difamadoras o alimentadoras del mito). Porque siempre está el cine incidiendo en el pensamiento actual; siempre tornando de matices una realidad que parece incuestionable a través de la mirada miope de los grandes bastiones comunicacionales. El mundo no es uno sólo: eso es algo que la humanidad está empezando a comprender. Tiene infinidad de planos existentes de acuerdo a las formas de contemplarlo y de vivir en él. Y el cine es un relapso eterno donde se incurre una y otra vez para desafiar constantemente a la realidad.
Aquí la segunda parte. Veámosla.

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