"EL ARTISTA" (2011) Michael Hazanavicius

TITULO ORIGINAL: The artist
DIRECCIÓN: Michael Hazanavicius
GUIÓN: Michael Hazanavicius
REPARTO: Jean Dujardin, Bérénice Bejo, James Cromwell, John Goodman.
GÉNERO: Comedia, Drama.
AÑO: 2011
PAÍS: Francia
DURACIÓN: 100 minutos.

Hollywood, 1927. George Valentin es una gran estrella del cine mudo a quien la vida le sonríe. Pero, con la llegada del cine sonoro, su carrera corre peligro de quedar sepultada en el olvido. Por su parte, la joven actriz Peppy Miller, que empezó como extra al lado de Valentin, se convierte en una estrella del cine sonoro. (FILMAFFINITY) 


“Las imágenes en el cine, como en el sueño, aparecen y desaparecen a través de disolvencias y oscurecimientos; el tiempo y el espacio se hacen flexibles, se encogen y alargan a voluntad; el orden cronológico y los valores relativos de duración no responden ya a la realidad…”[1]
 Luis Buñuel

El cine es una continuidad acompasada del tiempo. Dijimos muchas veces que se trata de un elemento significativo del espacio en el cual es concebido (desde cada obra en particular hasta la generalidad de los temas, el cine de género, el cine culto e intelectual, el cine comercial, el cine inhóspito). Se trata, entonces, de una reinterpretación de la realidad por la realidad misma (o el recorte voluble de esa realidad). Pero también es una ilusión propia de quienes lo intentan soñar y capturar a través de la lente. Porque todo lo que se antepone entre los ojos y el ambiente retratado es luz; haces de luz que proyectan quimeras, mentiras, falsas sombras sobre un combinado de tela y parlantes (o no parlantes, o anteponiendo anteojos de doble color, o escuchando por audífonos, el cine cada vez más encerrado en pantallas planas y dispositivos minúsculos). Sigue el maestro Buñuel:

“En ninguna de las artes tradicionales existe una desproporción tan grande entre posibilidad y realización como en el cine. Por actuar de una manera directa sobre el espectador, presentándole seres y cosas concretas, por aislarlo, gracias al silencio, a la oscuridad, de lo que pudiéramos llamar su hábitat psíquico, el cine es capaz de arrebatarlo como ninguna otra expresión humana.”[2]

Arrebatar, sacar de juicio, presentar un universo que copia al conocido para transfigurarlo, ejerciendo conciencia sobre el espacio proyectado, abstrayéndolo de su (como dice Buñuel:) hábitat psíquico. Ahí está el espectador compartiendo ilusiones con otros, en un espacio restringido, silenciado. Ahí está vivenciando una única posibilidad de conocer otra realidad que le es ajena pre-conceptualmente, pero que gracias a los ardides del propio lenguaje cinematográfico asimila enteramente y se deja influenciar, deslizar, traspasarse por ese concepto.  Piaget[3] denomina preconcepto a la etapa del desarrollo en la que el niño liga las nociones a los primeros signos verbales adquiridos. 

"El carácter propio de tales esquemas consiste en detenerse a mitad de camino, entre la generalidad del concepto y la individualidad de los elementos que lo componen, sin alcanzar ni la una ni la otra"[4]

El cine además de posibilitar la huida y de retenerles las pupilas sobre el tiempo en que tarda la luz en su titilo impalpable, es el promotor del aprendizaje, de la reeducación de la vista, de los sentidos y de un carácter aún más intrínseco del ser humano: alimento de la fantasía, el deseo y las perturbaciones. Porque por más que ya hayamos visto todo. Conocido toda forma de expresión en el mundo, todo embrión de creatividad. Aún así, seguimos asistiendo a la sala para dejarnos mentir. Para sacudirnos e interrumpir nuestro sueño vívido con falsas historias. Lo dejo a usted, maestro surreal:

“Una persona medianamente culta arrojaría con desdén el libro que contuviese alguno de los argumentos que nos relatan las más grandes películas. Sin embargo, sentada cómodamente en la sala a oscuras, deslumbrada por la luz y el movimiento que ejercen un poder casi hipnótico sobre ella, atraída por el interés del rostro humano y los cambios fulgurantes de lugar, esa misma persona, casi culta, acepta plácidamente los tópicos más desprestigiados.”[5]

¿Cómo homenajear al cine sino transmutando su condición de timador, de Parnaso, de vendedor de ilusiones? The Artist es un homenaje al cine, y no simplemente porque su relato está colmado de evocaciones cinéfilas, porque está contada desde el corazón de la industria y porque, además, su hilo conductor es la transición evolutiva-tecnológica de este arte. The Artist también es un homenaje al espíritu de ese cine conminado a facilitar respuestas de aquellos que, expuestos a las dos horas de proyección, se dejan atravesar por su capacidad hipnogógica. Ahí intercede la tecnología.
Cada transición tecnológica supone un cambio de paradigma en las formas de realización. Históricamente y debido a las demandas de los consumidores, el mejoramiento visual aumenta las posibilidades del realizador para desarrollar su obra. Esto no significa que gracias a los avances tecnológicos aumente diametralmente su capacidad o su sensibilidad estética. Rara vez se da este caso. Justamente, las posibilidades tecnológicas ofrecen un universo no explotado que va en detrimento del espíritu del cine; inhibe su lenguaje.
Lentamente, estamos presenciando la defunción del cine. Pero esa expiración es lenta, asimilable y como observé en otra crítica (si no recuerdo mal, en The Tree of Life) progresa dialécticamente. La superación de una cosa a través de la negación. Un elemento (A) constituido y asimilado como tal es negado por el elemento B en tanto supone un progreso determinado por la constricción de la ponencia del elemento A.
El cine de vanguardia pereció ante la embestida comercial de Hollywood. El cine mudo debió ceder ante la inminente irrupción del sonoro. La tecnología alimenta el cambio pero también desmenuza la esencia del cine, erosiona su fisonomía inicial.

La historia del sonido
Es en la transición del mudo al sonoro donde The Artist focaliza esta repentina y (para muchos) trágica incisión en la vida de una celebridad silente de nombre George Valentine que ve intempestivamente la decadencia de su Imperio de gestos y gags y bailes y sonrisas. Es acaso en ese lapso de tiempo, unos ocho años, el de la transición, en que el cine fue perdiendo su esencia decimonónica. La teatralidad de los gestos, la expresión de los rostros, el objeto argumentativo de la acción, el intertítulo transitivo, son elementos propios de ese cine que fue cediendo espacio ante la llegada de la voz. ¿Y qué posibilitó el sonido, o más bien, la voz (porque la expresividad de la banda de sonido ya es un lenguaje en sí)? La reducción de dichos elementos narrativos simplificado en guiños verbales y acciones dichas. El sonido vocal reemplaza cualquier argumento sobre el cuerpo o sobre escena. Lo dicho, lo verbalizado cumple funciones elípticas, sustrae el drama o el suspense, determina a los actores, suplanta cualquier sofisticación narrativa por hechos concretos, por situaciones explícitas. Por lo tanto, ese primer estadio de sujeción al espectador comienza por experimentar un principio de inhibición intelectual. Lo que antes se daba de manera diáfana y libre ahora está determinada por factores verbales que sobreentienden el drama.
La transición silente-sonora es la primera estocada al cine: la iniciática transición del espacio artístico al ámbito comercial, al objeto de consumo.
Por todo esto, no sólo The Artist es buena por su contenido técnico, narrativo y estético (ya dejaremos para más adelante este análisis; aunque por lo dicho, ya está sujeto a análisis desde el vamos), sino por establecer un metalenguaje con el propio cine al que homenajea. El cine es el maravilloso mundo de las ilusiones, el creador de sueños y por eso también, es el que nos ha hecho falsas promesas.


[1] “El cine, instrumento de poesía”. Luis Buñuel. Ediciones de Heraldo Aragón, Zaragoza. 1982
[2] Ídem
[3] Jean William Fritz Piaget (1896-1980), fue un epistemólogo, psicólogo y biólogo suizo, creador de la epistemología genética y famoso por sus aportes en el campo de la psicología genética, por sus estudios sobre la infancia y por su teoría del desarrollo cognitivo.
[4] “La psicología de la inteligencia”. Piaget, Jean. Cap V. “La elaboración del pensamiento. Intuición y operaciones”.
[5] Ibídem
TRAILER DE "THE ARTIST"

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