"QUERIDA, VOY A COMPRAR CIGARRILLOS Y VUELVO" (2011) Mariano Cohn y Gastón Duprat

TITULO ORIGINAL: Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo
DIRECCIÓN: Mariano Cohn, Gastón Duprat.
GUIÓN: Mariano Cohn, Gastón Duprat, Andrés Duprat (Cuento: Alberto Laiseca)
REPARTO: Emilio Disi, Darío Lopilato, Eusebio Poncela, Alberto Laiseca.
GÉNERO: Comedia-Drama
AÑO: 2011
PAÍS: Argentina
DURACIÓN: 80 minutos.

Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo transcurre en múltiples épocas y países y cuenta la historia de un agente inmobiliario (Emilio Disi) que a través de un pacto con una persona con poderes sobrenaturales (Eusebio Poncela) tiene la posibilidad de viajar a su propio pasado y vivir de nuevo su juventud (Darío Lopilato personifica a Emilio Disi joven). El film está basado en un cuento inédito del escritor Alberto Laiseca, que también oficia de narrador. (escribiendocine.com)

“Mi papá un día me dijo: - La vida es una torta de mierda… y cada día hay que comerse una porción”. “Lo que no entendió Ernestito es que una ciudad es grande si uno es grande. Ahora, una ciudad es de mierda si uno es de mierda”. Con estas alentadoras palabras relatadas por Alberto Laiseca (el mismísimo escritor del cuento “Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo”) se va construyendo el discurso de la mejor película argentina de 2011. Elaborada a través de un sistema dialéctico irónico y persuasivo, lo que la dupla Cohn-Duprat (si, los mismos de El hombre de al lado y El artista) intentan es ponernos frente al espejo, desnudarnos, gritarnos al oído: - ¿Qué hiciste de tu vida?
El relato fantástico enmascara otras pretensiones. El hombre es un animal domesticado por la gran maquinaria del hastío. Su vida se ve corrompida por el devenir caótico de su propia existencia. Antes hablábamos del discurso histórico. Un discurso que se vierte en la generalidad de los principios para demostrar como la historia adquiere caracteres cíclicos. Pues no, no no no no no, mis queridos. El hombre es hacedor de su propia historia. Aceptar ciertas leyes morales, éticas, políticas, sociales, “inscriptas” en la historia es sucumbir ante el propio peso de la vida. Veámoslo bajo este concepto:
Una ciudad (como puede ser un trabajo, el fluir en algún ámbito por un determinado tiempo, las relaciones sociales, los pasatiempos, etcétera) es de mierda si uno es de mierda. Aceptar ingresar a un círculo es permitirse una posibilidad. Limitarse o encerrarse ante esa posibilidad es también tomar decisiones con respecto a uno. Ahora, el discurrir sobre esa posibilidad requiere una comprensión del espacio, del tiempo y de uno mismo. Lo que Laiseca, Cohn, Duprat obligan a repensar es acerca de cómo uno se eyecta hacia las consecuencias de esa posibilidad. La vida es un constante peligro. Un montaje de pruebas, preguntas, decisiones y ejecuciones. El posicionamiento es crucial para aventajarse o demorarse en el recorrido.
Siempre hemos dicho que el relato ficticio intercede entre una aparente realidad conocida y las características de la fantasía. Esa mediatización está dada en un doble juego de espejismos. De uno se toma sus formas para ser retratadas en el otro. La realidad se torna en cierta medida inverosímil cuando es superadora de esa ficción.
El inmortal (en Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo) es la mediatización ficticia en la vida de un tipo cualquiera (también ficticio aunque existen de éstos más de lo que quisiéramos saber), Ernestito. He aquí la posibilidad: el inmortal le otorga a Ernestito la posibilidad de volver a vivir diez años de su vida. Pero en contraste con Back to the Future (por citar un ejemplo conocido), la vida que viva durante esos diez años es una realidad paralela y como dice el inmortal: “las paralelas no se tocan”.
Como uno es hacedor de su propia historia (lo dicho), y por tanto, conocedor de su propio límite de hechos conocidos y nunca a conocer, las posibilidades de “superación” se miden bajo su propia cosmovisión del mundo. El homo mensura de Protágoras: el hombre es la medida de las cosas sobre los objetos cognoscentes. Si un personaje mide su vida con respecto a la acumulación de bienes materiales como intermediación entre el mundo y su felicidad, probablemente, su “superación” estará dada a través del aumento de ingresos para ampliar, justamente, la provisión de objetos de lujo para su ornato. Ahora, ¿cómo se piensa la superación? En forma de felicidad o de cambio de rumbo ante el agobio de la chatura, esmerilada por el devenir de una vida a vuelo raso. Ernestito concibe al mundo a través de la lupa de los mediocres. Esa felicidad será otorgada o no en la medida en cómo considera el mundo.
Decisiones, decisiones. La vida está plagada de ellas. Y también de posibilidades. Lo que Cohn-Duprat y Laiseca nos avisan por pantalla es como determinamos nuestro vuelo a partir de esa posibilidad. Ese es el plan en acrobacia tragicómica, irónica, hija directa del realismo mágico que sucumbe ante nosotros, también hijos del (realismo mágico) neoliberal que acabó con todas nuestras esperanzas y nuestros proyectos ambiciosos de felicidad. ¿Qué ha quedado de nosotros? El deseo de fama, la angustia, el amor a lo anodino.

TRAILER DE "QUERIDA, VOY A COMPRAR CIGARRILLOS Y VUELVO"

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