INTRODUCCIÓN CON RESPECTO AL ARTÍCULO A CONTINUACIÓN

(aplicable únicamente al principal centro urbano de Argentina. Aunque también arriesgo que estas descripciones son aplicables a la mayoría de los centros urbanos del mundo por tener ciertos rasgos generalizados característicos)

Tres nociones básicas del manifiesto Indie para la realización de películas que cumplan y adapten sus parámetros a los criterios de dicho manifiesto:
1º La banda de sonido deberá ser fundamental.
No tanto en la función dramática sino en la empatía generalizada que logre con el espectador (mucho mejor si reúne ambos requisitos). El público Indie oscila entre los 40 y los 25 años, con una marcada tendencia pequeño-burguesa consumidora de productos comerciales y culturales; sobre todo, consumidores del primer ítem. El segundo se logra por decantación; es decir, de acuerdo con el incremento de consumo material, progresivamente se ingresará en un circuito referencial, logrando así una acción colectiva invisible que empuja a ese determinado grupo a acceder a tendencias cada vez más próximas a sus gustos y a las necesidades creadas por el mercado.
Por lo tanto, su rango de conocimiento y criterios establecen una suerte de eclecticidad que oscila entre el cine iraní de los años noventa hasta un grupo tropical de moda (que fue “beneficiado” gracias a un consenso general con los honores evolutivos de categoría, de grasa a cumbia intelectual). Estos aficionados al Indie, en su mayoría, son los hijos huérfanos del neoliberalismo menemista que ahora enarbolan banderas progres en busca de la paz nacional & popular, entendiendo que el sustento de ese status quo es la recopilación de estos bienes materiales y culturales intransferibles a otros sectores sociales “incapaces” de disfrutar dichos gustos. Su aproximación se establece en la militancia informática, encargada de la distribución de panfletos virtuales, pegatinas 2.0, frases en las redes sociales, por demás imágenes de consumo. En donde aprovechan su intelecto y su vasto universo cultural para interrelacionar valores de tipo social y político con la iconografía pop-moderna de la cual son depositarios.
La música (así como la moda y la publicidad, el cine y los shoppings, la actividad política en trincheras virtuales y los lazos sociales) articulan y dan referencia a estos sujetos.
En definitiva, lo fundamental de las bandas de sonido en las producciones independientes es su funcionalidad más no argumentativa o dramática sino de contención sobre un grupo dispuesto a consumir dichas obras. O utilizando un término griego, la banda de sonido aplica catarsis. Mediante la música, el cine Indie busca el despojo y la purificación emocional, conceptual e ideológica de sus espectadores.
2º El marco referencial y contextual debe responder a los mismos criterios antes citados.
El universo por el que transita la historia Indie recopila todo el collage intelectualoide que presupone la alimentación de diversas fuentes culturales. Por lo tanto, el trabajo del director será articular todo el material disponible y delinear un paisaje simbólico que provoque una afección interna en el espectador; por lo tanto, el drama (como forma narrativa de expresión) deberá entrecruzar líneas entre la realidad cultural, estableciendo paradigmas de consumo, y la realidad ficcionada. Este trabajo aúna las dos vertientes expresivas de este cine: por un lado, la contemplación onanista de un universo representativo para los consumidores de este arte, es decir, la concesión directa de satisfacción graficando escenarios reconocibles. Por otro lado, la articulación de ese universo en el tratamiento temático.
3º La administración de los temas y subtemas.
Los temas que se reflejan en las películas independientes no distan mucho de aquellos que suelen reflejarse de manera más o menos correctamente en los filmes del circuito comercial. El contraste se produce justamente en la conducción de esos temas reflejados en ese universo hermético del que ya hicimos alusión. La disrupción se produce en el momento del abordaje, una sutil diferencia que se lleva a cabo desde la cintura del realizador en no conceder demasiado a la audiencia; de esperar el momento justo, una pausa, un guiño, una descentración, para poder evadirse de la responsabilidad de lo explícito (figura basal del cine comercial).
Los puntos de conflicto son llevados a cabo sin ser pasados por una afirmación de su existencia o una redundancia narrativa para dejar en evidencia el problema. En el cine independiente, los temas ya de por sí están dados inherentemente en lo visual que irrumpe preponderante ante otro tipo de formas narrativas: el diálogo, la permanencia de un personaje, la incidencia del contexto, etcétera. Los temas no son absorbidos hasta un límite aciago. El director independiente busca recursos más sutiles, manejándose siempre en el peligro de no rozar esos bordes de la superfluidad narrativa que, al fin y al cabo, agotan los recursos.
La distancia exponencial en referencia a esos límites prefijados desde lo argumental-audiovisual determina el resultado final en tanto calidad fílmica de una obra. Sin ser determinantes en este concepto, trataremos de ejemplificarlo a continuación.

0 crónicas póstumas: