ZOMBIES vs. VAMPIROS

La dotación eterna del vampiro es su principio de alienación. La infección de ese virus, lo paraliza y lo desprotege de un mundo que sigue su curso. Ya no se trata de una alteridad en un contexto colectivo; la identificación de uno con los otros. Esa no-respuesta compartida lo ejecuta hacia la individualidad, el rechazo y posterior marginación autoinfligida. Decíamos, en la anterior entrega, que el vampiro tiene deseos encontrados con los humanos, su poder reside en la necesidad vital de ellos, es decir, necesita de ellos para poder reproducirse ad eternum, colonizarlos de alguna manera artera y sacrificarlos en nombre de su logia secreta y privada. El vampiro estimula la posibilidad de una colonización de Uno sobre los otros, no ataca al colectivo, sino, su proceso de coerción es íntimo, personalizado y seductor (relación empática entre vampiro y víctima).
A diferencia de los vampiros, el zombie es un ente totalmente colonizado. No es la causa ni ejecución del virus que provoca esta enfermedad sonámbula y sin remedios; el zombie es, definitivamente, el cuerpo dócil y en movimiento que permite la circulación del virus. Si esos cuerpos permanecieran inmóviles, la capacidad de su reproducción se estancaría, escindiendo a la sociedad entre Unos (los infectados) y Otros (los sobrevivientes). Entonces, dadas sus características, los Otros tendrían una excepcional ventaja para erradicar a los pocos infectados, podrían combatirlos con cualquier utensilio a su disposición. O, si estos cuerpos enfermos no se movieran, tampoco representarían un peligro para los Otros cuerpos, los sanos, que están en constante reproducción. La gravedad del zombismo es su movilidad y constante reproducción, la capacidad global de extenderse y manifestarse. Es cierto que ese movimiento, lento, torpe, pausado, es apenas una ínfima parte de las capacidades que el virus puede explotar de un cuerpo humano; pero no es esto lo que interesa analizar. El virus zombístico se propaga con mayor velocidad que cualquier movimiento humano: la civilidad, la rutina, las repeticiones de ritos, lugares donde se encuentren los seres humanos, meras acciones socializadoras.
El Virus-Vampiro afecta la sangre, conmina a la pérdida de razón o al extrañamiento (eso que decía sobre algún tipo de alienación), empujado por el ostracismo que supone vivir una vida marginada del resto de la sociedad. El Virus-Zombie es más letal. Condiciona todo el organismo, ralentiza el biorritmo natural, coloniza la mente (ya hablaremos de Foucault y su sujeto sujetado), despoja el alma del subiectum y lo convierte en un ente inerte, movilizado por sus instintos primarios, recuerdos, savoir-faire, memoria de un pasado reciente. El Virus-Vampiro se reproduce en tanto necesidad, en instinto de supervivencia. La cooptación de cuerpos humanos dependerá de los artilugios del portador del virus (podrá ser Drácula, Nosferatu, Eddie Murphy o Leslie Nielsen), ese nosophoros portador de plagas; y lo hará, instintivamente, por deseo y necesidad; engrosar sus filas dependerá de sus estrategias de seducción (=cooptación) pero no será el fin, no será deseo ni necesidad, será consecuencia de su persecución e instinto de supervivencia. El Virus-Zombie es diferente, su poder radica en su expansión incontrolable; en tanto pueda cooptar o enfermar más cantidad de cuerpos humanos, mayor será su poder de arrastre. El Virus-Vampiro tiene un emisario aislado que se puede distinguir y por tanto, combatir. En cambio, la causa del Virus-Zombie no es identificable, sí su reacción. No sabemos que mano invisible manipula a los entes (ustedes me dirán, a la luz de las conclusiones, ¿Mass Media? ¿Capitalismo? ¿Mercado?). No existirá un Van Helsing, una figura antitética que luche por salvar a la humanidad. Solo reacciones perdidas, fugaces. En la lucha contra el Virus-Vampiro, el héroe conoce que eliminando al Conde que domina a los demás cuerpos (con métodos también exóticos) el problema se habrá solucionado. Esos cuerpos humanos se reactivarán, comenzarán a comprender su existencia en tanto ser y consciencia de ese ser, serán subiectum. En la lucha contra el Virus-Zombie, el héroe se enfrenta con un problema mayúsculo. Esa supuesta mano invisible que opera sobre el colectivo no es identificable (claro, por eso, invisible). El héroe tratará de luchar con todas sus fuerzas en favor de su supervivencia. Podrá matar a 10, 20, 100, 500 de esos entes endémicos pero nunca erradicará el problema, habrá por lo menos un zombie deambulando que contagiará a un cuerpo humano y de esa manera, reactivará el proceso. En las historias de Virus-Zombies, por eso, reina el nihilismo, el pesimismo y la carencia de todo valor moral que se ponga en ejecución. No habrá soluciones o curas que sitien la expansión del virus. Reina el nihilismo en tanto aluda a la ausencia del ser o la pérdida del sentido físico de éste o de su concepción etérea. Reina el pesimismo, claro, al buscar la salvación personal, el sistema seguirá reproduciéndose en un continuo ciclo.

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