EL HOMBRE ES EL LOBO DEL HOMBRE. DE HOBBES A ROMERO. MODELO PELIGROSO.

La aseveración de que el mayor peligro para la raza humana es justamente ella misma es la excusa liberal para plantear soluciones de otra índole. El hombre (la masa) no puede legislarse por sí mismo, no tiene la capacidad de autocontrol para poder regirse entre pares y hacer funcionar un modelo equitativo ético, cultural y político. Su naturaleza contingente (es decir, lo innecesario) para reproducirse como tal lo lleva inestablemente al individualismo, a la atomización, la acracia. Este estado de primitivismo salvaje, dice Thomas Hobbes (que, entre paréntesis, defendía la monarquía) en su obra Leviatán, es el que hace delegar al hombre la responsabilidad de legislación, control y supremacía a entidades superiores, un poder central que determine y reduzca el peligro de la supervivencia.

“Por tanto, todas las consecuencias que se derivan de los tiempos de guerra, en los que cada hombre es enemigo de cada hombre, se derivan también de un tiempo en el que los hombres viven sin otra seguridad que no sea la que les procura su propia fuerza y habilidad para conseguirla […] Y, lo peor de todo, hay inconstante miedo y un constante peligro de perecer con muerte violenta. Y la vida de un hombre es solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta.”1

Esta mirada pesimista y de desconfianza sobre los hombres, incapaces de reproducir un sistema igualitario que los condene a la liberación general (o sea, a todos), condice con su abstracción burguesa, un posicionamiento sectario y defensor de los intereses minoritarios del opresor. El hombre masa ya incapaz de legislar y satisfacer los intereses de todos está perdido en un mundo competitivo, donde reina la supremacía del más apto, del poseedor de los instrumentos para sobresalir dentro de la sociedad. Dice su frase famosa, el hombre es el lobo del hombre. Un animal capaz de cometer los actos más inmorales para lograr su supervivencia. Hobbes propone entonces la delegación de las responsabilidades a un Estado supremo encargado de organizar y procurar la seguridad y el control de las subjetividades ante ese aparente caos interno, imponiendo respeto a través del miedo.

“La causa final, propósito o designio que hace que los hombres – los cuales aman por naturaleza la libertad y el dominio sobre los demás – se impongan a sí mismos restricciones de las que vemos que están rodeados cuando viven en Estados, es el procurar su propia conservación y, consecuentemente, una vida más grata. Es decir, que lo que pretenden es salirse de esa insufrible situación de guerra que […] es el necesario resultado de las pasiones naturales de los hombres cuando no hay uno que los mantenga atemorizados y que, con la amenaza del castigo del poder visible, los obligue a cumplir sus convenios.”2

El convenio, entonces, es la captación de la consciencia general, la apropiación de una cultura uniforme y el control de los cuerpos y circuitos.
George A. Romero vuelve sobre el tema. Ya representado el modelo foucaltiano (es decir, la sujeción de la subjetividad), la idea del hombre lobo del hombre se presenta como un paso previo a la anterior aseveración. Es decir, un Estado invisible que ya no regula ni intercede entre ellos, los hombres están arrojados a un ambiente hostil y de total salvajismo por imponer su supremacía (siempre bajo la ascendente mirada burguesa del siglo XVII). Ni monstruos ni seres de otras galaxias son el elemento antitético que viene a imponer su supremacía sino los mismos hombres librados al designio de su propia regulación. Pero, ¿qué se pretende esclarecer entre ambos modelos que paradójicamente son opuestos? La idea de que el hombre no es libre ni podrá serlo al menos que entable una lucha contra sí mismo y prevalezca el deseo de unidad. Tenemos los sobrevivientes, los no-sujetados o los no devorados por el Leviatán (que es una bestia marina bíblica asociada con Satanás); como fuera, el hombre debe recorrer un camino de autoconocimiento para imponer, al fin de cuentas, la ley de la armonía general.

1 Hobbes, Thomas. "Leviatán, o la materia, forma y poder de un Estado eclesiástico y civil". Pág. 115.
2 Hobbes, Thomas. Ob. cit. Pág. 153.

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