"THE CRAZIES" (1973) George A. Romero

TITULO ORIGINAL: The Crazies
DIRECCIÓN: George A. Romero
GUIÓN: George A. Romero, Paul McCollough.
REPARTO: Lane Carroll, Will McMillan, Harold Wayne Jones, Lloyd Hollar.
GÉNERO: Suspenso, Terror, Ciencia Ficción.
AÑO: 1973
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 103 minutos.

Una plaga biológica ataca un pueblo de Pennsylvania. El ejército es llamado a contenerla, pero la gente, afectada por la enfermedad, se rebela y atenta contra los soldados. (FILMAFFINITY)

Con The Crazies, Romero inaugura y pone en evidencia su manifiesto político. Pero, ¿qué significa ser político en el cine? Invocar por medio del mensaje un discurso apegado a la realidad social, adoptando una posición crítica. Si muchas veces hemos referido al cine como una ventana que mira el mundo, los directores son esos observadores de la realidad que se posan sobre ella, bajo una mirada panóptica, y desde allí proyectan su recorte de la realidad. Esas miradas varían de acuerdo a quien se pose sobre esa ventana, el contexto social, económico y nacionalidad determinan las formas de mirar a través de ella, y, por supuesto, la situación real e imaginativa del individuo (director) que se encuentre observándola. Romero es un director diletante, improvisado, arrojado a un abismo inmenso; esto lo hace más apasionante. No basta observar sus obras con la mirada crítica del buen espectador, hay que disfrutarlo ahí, convirtiendo lo errático en una forma de hacer arte político con los pocos y bajos y austeros recursos que tiene en la mano. Y The Crazies es su primera alquimia: la transformación del discurso político en las interlíneas de un cine caótico, amateurizado y marginal.
Si en Night of the Living Dead, Romero hace una somera observación de la sociedad norteamericana en pleno auge de la Guerra Fría: sociedades eyectadas al consumo, a la seguridad del mercado y un Estado invisible que asegura mano dura y lucha contra el comunismo, la explotación cultural de los medios de comunicación (y el cine marketinizado) y el desarraigo de las costumbres civilizadoras; en The Crazies ataca directamente a la fuente de contagio que produce dicha sociedad. Se sabe ante todo responsable de vivir en un país que pugna por la libertad de los individuos en nombre del capitalismo, la desintegración social (dicen expertos estadounidenses) son causas inherentes y movilizadoras del progreso económico; país donde se ejerce una total seguridad democrática puertas adentro pero su eterno espíritu de embestida colonialista arrasa con las periferias. Entonces, el tratamiento de The Crazies focalizará y pondrá en evidencia la manipulación ejercida puertas adentro. Porque para que un sistema tenga aceptación en una sociedad que ya está sonambulizada, que el desfile de imágenes recortadas del verdadero hecho histórico que las determina tenga pregnancia en la óptica social, para generar un movimiento interno que posibilite mayor seguridad, mayor arraigo y equilibrio social, es necesario echar a rodar una maquinaria a través de la manipulación informativa y un Estado militarizado capaz de sostener ese equilibrio y seguridad puertas adentro. Muy bien, The Crazies satiriza esa manipulación. Es, definitivamente, una película que narra lo que nunca llegó, el mensaje que no fue oído, que se perdió a través de un teléfono descompuesto; es el caos dentro del caos.
La historia es así: un arma bacteriológica se desparrama por un pueblo perdido en Pittsburg (donde sino, Romero filma todo allí); el Gobierno declara la Ley Marcial y sitia todo el área de la catástrofe. Esta bacteria propagada produce alteraciones en la consciencia del infectado que lo lleva a la paranoia e inminente muerte.
Aquí no se produce el hecho desde una mano invisible que infecta a los cuerpos, es el Gobierno de los Estados Unidos y su brazo armado el que lo produce, y es también quien propone una salida factible al problema. Esta ambigüedad esta dada desde la no información. Romero realiza su montaje a través de la circulación de ese mensaje que siempre queda abnegado por otra situación que condiciona su libre propagación. En nombre de la seguridad interna, se clausuran los cuerpos dentro de un recinto posibilitando, además, el contagio de la bacteria; en nombre de la seguridad interna, se focaliza el lugar, se lo adecua para su futura eliminación. Y como ésta es una historia de voces no oídas, no correspondidas, de silencios o vacíos, también es una historia del ruido (y Romero juega siempre con los ruidos, con la velocidad del montaje y la superposición de imágenes, rememorando a otro gran autodidacta, a Eisenstein, en sus épocas de edición-experimento). El silencio es lo no comunicado en su momento justo, un vacío perdido entre dos cuerpos que no se vieron, que no llegaron a rozarse para entablar una comunicación elemental. Pero el ruido es lo intermedio, la oposición, lo que altera la posibilidad de que esos cuerpos lleguen a comunicarse. Un teléfono descompuesto, el sonido de un helicóptero irrumpiendo en la mortecina tarde, el chillar de los locos encerrados y su circuito de voces que detentan contra el científico que ha descubierto la vacuna. El silencio se auto-produce con el ruido. El silencio es la no-respuesta; pero para que exista éste es necesario la intercepción de un ruido que lo altere, que lo aletargue o modifique en su tiempo justo. Entonces, el ruido es el Poder: la burocratización y militarización absurda de una situación medianamente manejable. El ruido es progresivo, el derrame del arma bacteriológica, las decisiones del Estado, la confusión miliciana, el autocomplot político, la irremediabilidad de las urgencias y las no respuestas al caso; todo se transporta de un ruido a otro, in crescendo, hasta colmar los oídos y preguntarnos, ¿quiénes somos the Crazies? Nada mejor para pensarlo que esos créditos finales.

TRAILER DE "THE CRAZIES"

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