"VIDEODROME" (1983) David Cronenberg

TITULO ORIGINAL: Videodrome
DIRECCIÓN: David Cronenberg
GUIÓN: David Cronenberg
REPARTO: James Wood, Deborah Harry, Sonja Smits, Jack Creley.
GÉNERO: Ciencia Ficción. Thriller.
AÑO: 1983
PAÍS: Canadá
DURACIÓN: 88 minutos.

Max Renn es un aburrido operador de la televisión por cable que un día descubre una televisión "real" llamada Videodrome. Una palpitante pesadilla de ciencia-ficción que nos muestra un mundo en el que el vídeo puede controlar y alterar la vida humana. (FILMAFFINITY)

¿Qué es lo que vampiriza? Lo que convierte a cuerpos orgánicos en una mutación entre lo sintético, lo inmaterial, transformando a los seres humanos en entes sin ninguna capacidad y comprensión de su situación. Hay una cierta lógica, una empatía entre lo vampiro y lo zombie (ya analizaremos esto más adelante, cuando sea el turno de hablar de las películas de George A. Romero). Los humanos conmovidos por ciertas interferencias en su sistema inmunológico comienzan a actuar de formas que no condicen con su suerte; más bien, se sienten presas de ese virus que los ha tomado y en consecuencia, se sistematizan por los deseos que envicia dicho virus. Una desviación de cuerpos complejos que mutan, se reconvierten, y no asimilan un nuevo plano de consciencia (o la perdida de consciencia).
De esto trata todo el cine de Romero. De la corrupción involuntaria de cuerpos dóciles hacia un sentido maquinal a obrar hacia lo moralmente malo. Una vez inoculado este virus, el viejo cuerpo dócil comienza a sentirse preso de una nueva percepción alucinatoria, donde no se tiene la capacidad de distinción entre realidad y alucinación, donde los diferentes planos de existencia se confunden (y se funden), mezclándolo todo. Pues, éste virus, llamado Videodromo (= medios de comunicación masiva; = televisión o cinta de video) es el principio de la vampirización de la sociedad. El sometimiento a lo sonámbulo, a determinado recorte de la realidad que confunde lo fáctico con lo ficticio.
Pero, ¿qué es Videodromo? Bajo la espectral mirada de Cronenberg. Aquel muchacho aficionado a lo perverso (desde The Fly hasta eXistenZ, pasando por la borroughsiana The Naked Lunch y el culto-morbo Crash), a la transgresión (por la violación a lo legalizado o normalizado en el cine): esa afición por ponderar la descomposición y putrefacción de materias orgánicas. ¡Ojo! Acá no se está avisando: el cine está en camino a un inminente estado de descomposición de su verdadera fuerza. Llegará el video y lo arrasará con todo. Sus pantallas estándares se reacomodaran a lo reestablecido (el 16:9 será 4:3, se apretará el margen de error, se hará todo vertiginoso, la comunicación será más efímera, se sesgará a los realizadores en su capacidad visual y comunicativa. Ya no habrá in o out del plano, ese juego de insinuación quedará ceñido a lo figurado, ni habrá ilusiones ni habrá doble sentido. Es el culto a lo explícito: ¡la industria porno ha llegado!) y con este factor, la capacidad comunicacional del cine estará potencialmente sesgada. El video y la televisión (sobre todo) amenazan con desplazar al cine, a vampirizarlo todo. Y es aquí que ese virus se inyecta en la cabeza de la sociedad, ese morbo semi-reprimido de ver un poco más a ver que pasa. La televisión no insinúa, no tiene cortes directos, es un aparato perfectamente sincronizado para captar cada detalle y mostrar el “vivo” de la realidad; pero, en definitiva, lo que prima es el recorte que hace (y no sólo geométrico, cuadrado; mientras que el cine emula la óptica natural del ser humano, ese ver en 16:9 que ofrece la posibilidad de apertura del campo visual, naturalizando lo que pasa o lo que se ficciona en pantalla. La televisión, además, ofrece el recorte de la realidad, brinda un relato ficcionado pasándolo por algo factible, verdadero). Videodromo es la televisión en vivo, ese ver más allá, que convierte a los espectadores en síntesis de lo orgánico con lo inorgánico.
Cronenberg se vale de recursos metafóricos para darle un clima alucinatorio a una película que de por sí, ya navega por la significación directa. Una pletórica vagina que se abre en el vientre de (siempre desafortunado y poco carismático) James Wood donde unos VHS penetran lacerantes; una cabeza frotada en el marco de un televisor-burbuja; figuras metafóricas con austeros recursos especiales que sirven, en definitiva, para dar un clima más de trivialidad o redundancia que hechos concretos que pueden elevar a la cinta, en su recorrido argumental, más validez y contundencia. El hecho es éste. La idea es clara. Cronenberg realiza un doble sentido entre la vampirización del humano-víctima de los Mass Media y la omnipresente llegada del video, esa figura retórica que destrona al cine. El problema subyace en el tratamiento. Lo citado antes tiene relación a esa idea fija del director canadiense por representar figuras desagradables que chocan y enjuician la realidad circundante. Por otro lado, Cronenberg no utiliza elementos propios del lenguaje cinematográfico; sino que sucumbe su cinta a efectos propios de la nueva era, su discurso (o el que pretende entablar con el público) es ágil, vertiginoso, y en detrimento de ese ritmo, efímero. Cuchillo de doble filo.
De nada sirve pensar que Andy Warhol la catapultó como La Naranja Mecánica de los ochentas. Videodrome naufraga entre el berretín de exponer una dura crítica al video tape sin renunciar a las posibilidades que brinda este nuevo hijo del cine.

TRAILER DE "VIDEODROME"

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