"NOSFERATU" (1922) Friedrich Wilhelm Murnau

TITULO ORIGINAL: Nosferatu, eine Symphonie des Grauens
DIRECCIÓN: F.W.Murnau
GUIÓN: Henrik Galeen
REPARTO: Max Schreck, Alexander Granach, Gustav von Wangenheim, Greta Schröeder.
GÉNERO: Terror
AÑO: 1922
PAÍS: Alemania
DURACIÓN: 91 minutos.

Año 1838. En la ciudad de Wisborg viven felices el joven Hutter y su mujer Ellen, hasta que el oscuro agente inmobiliario Knock decide enviar a Hutter a Transilvania para cerrar un negocio con el conde Orlok. Se trata de la venta de una finca de Wisborg, que linda con la casa de Hutter. Durante el largo viaje, Hutter pernocta en una posada, donde ojea un viejo tratado sobre vampiros que encuentra en su habitación. Una vez en el castillo, es recibido por el siniestro conde. Al día siguiente, Hutter amanece con dos pequeñas marcas en el cuello, que interpreta como picaduras de mosquito. Una vez firmado el contrato, descubre que el conde es, en realidad, un vampiro. Al verle partir hacia su nuevo hogar, Hutter teme por Ellen. (FILMAFFINITY)

Ciertas veces a las películas hay que aislarlas de su contexto formal y su estructura meramente narrativa para internarse en su universo estético y compositivo. Porque es cierto que Nosferatu es una adaptación libre del Drácula de Bram Stoker, que ciertos pasajes son modificados por motivos discursivos (propios del lenguaje cinematográfico) y por derechos de autor. Pero lo que hace a Nosferatu una obra maestra del cine es, sin lugar a dudas, la estética de la imagen, su plasticidad y armonía, y cómo tratando de evidenciar una marcada tensión, terror o suspenso en la trama, el Genio de Friedrich Wilhelm Murnau aborda un lenguaje poético y sustancial que será una conjunción de todos los discursos propios del arte.
Antes hablábamos de Murnau como un creador netamente academicista, no por este motivo, su obra esté enmarcada en una constante tensión entre lo sensible que presupone el arte, que roza fibras íntimas del creador y de lo creado, y las formas dadas para que esas estructuras se pongan en relieve y adquieran, de esta manera, un matiz más acentuado. Decíamos, en Murnau convive lo sensible con lo formal.
Hijo pródigo de la vanguardia expresionista, Murnau utiliza estos recursos para enmarcar su relato en una atmósfera viciada por lo demoníaco; en definitiva, es la base con la que construye la narración. Porque si el impresionismo plasmaba una realidad, el expresionismo adquiere caracteres más personalistas e intuitivos del artista, rompiendo con los parámetros naturalistas de belleza y figuración. Una impronta de deformación para adquirir de lo deformado nuevos significados, otros discursos, que permiten establecer en la obra nuevas impresiones. Expresar (desde lo interno) para impresionar. Este corte en el discurso no sólo regula a lo estructurante dentro de la obra, en Murnau, establece un código de relevamiento que permite identificar lo implícito en cada cuadro.
La imagen de por sí es un significante. La avidez del realizador permite establecer diferentes modelos de interpretación hacia esa imagen que adquiere diferentes polisemias. Entonces, desde el expresionismo no se brinda la imagen, no se otorga al espectador de manera explícita una cierta comunicación sin matices. Es, más bien, una rampa hacia un universo un tanto más intrincado. De la historia aparente se retuercen y reviven diásporas, miles de significados más. Murnau, que era no sólo un avezado lector de filosofía sino también un schoppenhaüeriano de primera mano, entiende que el arte no es un elemento recreativo sino es el inicio de una relación entre consumidor y artista que se pone en juego desde la intelectualidad.
Nosferatu ofrece ese universo ambivalente: la historia librada a la interpretación del auditorio y la historia aparente, ya conocida. El pobre promotor inmobiliario que corre una suerte esquiva cuando va a visitar al Conde Orlok en su mansión en Transilvania. Y descubre la marca de sus dientes (que no son colmillos como los de Drácula sino los incisivos centrales en Orlok), al despertarse, y ve partir al Conde a su nueva finca, y corre despavorido porque teme por la suerte de su prometida, porque la finca que le ha vendido al Conde está a dos cuadras de su residencia. ¿Pero qué es además Nosferatu? Es la peste (de hecho, según los griegos el nosophoros es quien lleva la peste). Una peste inorgánica, un virus que se cuela en la sangre y vampiriza a quien lo tenga. Esa peste, que son las ratas en uno y otro (Herzog y Murnau), no es más que la transmutación de una sociedad atomizada, perdida y en plena recesión (cabe describir el contexto en 1922. En Alemania, luego de la derrota en la Primera Guerra Mundial, se instaura la República de Weimar, el Segundo Reich – imperio –. La sociedad estaba en constante conflicto social y económico, debido a la recesión. Una sociedad alemana que siempre pareció dócil, de una verdadera naturaleza pacifica – de hecho, es una de las potencias europeas que no se embarcó en la conquista y el saqueo de los Nuevos Mundos –. Estos momentos de crisis, de los que Nosferatu antecede, luego fueron aprovechados por el Partido Nacionalsocialista para establecer el totalitarismo del Tercer Reich). La peste es el virus que pervierte a los humanos a lo moralmente malo, a las políticas de destrucción, a la corrupción de la existencia en búsqueda de un sentimiento egoísta y criminal.
Entre los claroscuros de su cine, Murnau prevenía. Luego, tuvo que exiliarse.

PELICULA COMPLETA. INTERTITULOS EN INGLÉS. NOSFERATU DE 1922

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