FÓRMULA APLICABLE A TODAS LAS PELÍCULAS DE VAMPIROS

En todas las películas de género existen fórmulas que se pueden aplicar para convertirlas, justamente, en parte de ese determinado género. Que cumplen con una serie de patrones (requisitos) que las definen como tal y por tanto, hacen funcionar o no el carácter comunicacional de toda obra. En las películas de vampiros se repiten ciertas ecuaciones que tienen que ver con el determinado conflicto, con los valores que se ponen en juego; y en definitiva, el tratamiento y las vueltas que se le den alrededor de éstos requisitos definen la calidad de la película. Entonces, detengámonos un poco en detectar las fórmulas que definen al cine vampiresco.
El vampiro, orgánicamente, no es humano. Puede ser una conjunción de organismos vivos (y tal vez muertos): entes demoníacos, probablemente quilópteros (= murciélagos). Con características propias ya detalladas en textos anteriores que refieren a una calidad de vida endeble, por los síntomas que éstos padecen, pero prolongada, quizás hasta la eternidad. En este punto prima el deseo basal de todo vampiro. La obtención de sangre ajena para eternizarse. En síntesis, el vampiro tiene un deseo: la apropiación de la sangre de los humanos para prolongar su vida, para revestirse como tal; es decir, para corporizarse como un humano e inadvertir, ante la mirada simple y palpable de uno de ellos, su fin, a través de estrategias de seducción o intimidación o fuerza bruta.
Entonces, el vampiro tiene un deseo. Los humanos no. O por lo menos, todos los deseos que tienen los humanos no se relacionan ni los movilizan en contraposición con el de los vampiros. Aquí no hay conflicto aparente, si entendemos conflicto como una fuerza de choque, de deseos extremos enfrentados. El conflicto surge cuando el deseo del vampiro se antepone o sensibiliza o impide el libre albedrío del ser humano. Esto significa entonces, ante la mirada precaria de los realizadores de filmes (sobre todo, los clase B), que los vampiros tienden a elegir, por este deseo intransigente, el lado oscuro, lo moralmente siniestro; mientras tanto, el ser humano es caracterizado como la fuerza dócil, insipientemente buena, la víctima. Pero sobre este punto las fórmulas tienden a atomizarse, creando dos conjuntos independientes de ecuaciones en películas de vampiros: a. entra en juego el tema madre de toda obra cinematográfica: el amor (o las pasiones, los sentimientos, lo inherentemente humano), b. la teoría del bien y el mal.
El amor siempre es un punto de choque cuando el argumento no ofrece garantías probables de resolverse por sí mismo. Entonces el vampiro se humaniza; adquiere ciertos valores y sentimientos propios del humano. El vampiro se enamora de una heroína (o en tantos casos, de un héroe) pero su amor se ve imposibilitado por: a. la oposición de ésta (de aquí surge la trama); b. la oposición de un tercero (generalmente enamorada de la heroína, por tanto, adquiere el rol antagonista, y, en el final de la película, se convierte en el héroe que le da su merecido al vampiro. Happyending. Comieron perdices, etcétera.). Esta dotación humana del vampiro, otorgada así por los autores de la obra, supone un análisis más complejo desde el punto de vista moral. Es que, ¿los humanos no son inherentemente buenos? ¿Qué pasa con ciertas desviaciones? ¿La humanización del vampiro responde a una cierta vampirización de los humanos?
Por otro lado, presupone una teoría del bien y el mal. La radicalización de los puntos enfrentados dentro del conflicto. Son salidas fáciles y precisas; identificables. Se determina y caracteriza a uno (el vampiro) como obrador de todo mal, su deseo es egoísta y criminal, por tanto se lo enjuicia y se lo debe someter, castigar, perseguir. En cambio, el ser humano es bueno: obra de forma adecuada, es víctima de éste poder maligno, más poderoso que sus propias fuerzas, por tanto, está envuelto en un laberíntico problema. Entonces, ¿el humano no es egoísta? En el caso de los terceros en discordia, ¿no son egoístas porque también quieren a la heroína para sí? ¿El amor no tiene tintes egoístas?
Estas fórmulas se repiten y se reproducen hasta el infinito. Nuestra cuestión, como espectadores, es identificar el tratamiento que se le da a estos temas; nuestra cuestión, también, como partidarios de las causas de las minorías (si se quiere usar éste término. Si se quiere, también, tomar partido por estas causas), es entender y desarticular el tratamiento interno del personaje vampiro. Porque si se lo humaniza, entonces, siente, respira, vive, con el mismo fervor que cualquier par.

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