"EL ANSIA" (1983) Tony Scott

TITULO ORIGINAL: The Hunger
DIRECCIÓN: Tony Scott
GUIÓN: James Costigan, Ivan Davis, Michael Thomas.
REPARTO: Catherine Deneuve, Susan Sarandon, David Bowie, Cliff De Young.
GÉNERO: Terror.
AÑO: 1983
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 94 minutos.

Miriam Blaylock colecciona no sólo arte del Renacimiento y colgantes del Antiguo Egipto sino, sobre todo, amantes y almas. Moderna y elegante, Miriam es una vampiro intemporal residente en Manhattan, una mujer bendecida con la belleza y maldecida con su sed de sangre. (FILMAFFINITY)

Separemos las aguas. ¿Es acaso lo que convierte a una buena película su argumento sólido o la puesta en escena, la estética, el arte que embebe todo lo demás? Porque si miramos los grandes clásicos (sobre todo los taquilleros y hollywoodenses), siempre hay una historia que atrapa, que nos hace jugar un rol de testigo implicado en dichas causas. O, tal vez, es esa sensación parecida a cuando uno termina un libro que leyó ávidamente, que hundió sus yemas en el esponjoso papel disfrutando cada pasada, cada vuelta de página. Es esa sensación de libro abierto, donde cada uno elabora planteos, se forma su libro. Caja de emociones, de intelectualismos, de sufrimientos, de crítica. Finales de libros, que son cerrados, y uno los cierra y se los arrima al pecho con un dejo de nostalgia como renunciando a algo que marcó determinado lapso. Lo aprieta contra el pecho, como si toda esa información no quisiera que se vaya así como así; que no quede guardada entre sus grumosas páginas y, que por osmosis, queden impregnadas dentro de uno. Porque tal vez, existe un pequeño duendecillo que habita en nuestro interior y recopila toda la información de un libro; y luego la guarda en cajas rigurosamente custodiadas; cajas herméticas donde uno deposita información que puede servir, tal vez, en charlas, cuando uno, de puro pedante, saca a relucir sus conocimientos heredados.
En definitiva, película-libros.
¿Argumentos o puesta en escena? Hay otro sinnúmero de películas que se cobijan en suntuosas puestas en escenas. Como libros de presuntuosas tapas, de colores vivos, dibujos armónicamente trazados, pero lo que habita en el interior ya no nos pertenece, es información fácilmente desechable. Es ese preciso momento cuando el cine creyó convencerse de que era mezcla de corto publicitario, videoclip y televisión y no a la inversa: en el estado puro. Aquella fábula que dice que el cine es como un espectro que deambula etéreamente por la vida de los humanos. Hay quiénes, dóciles a sus encantos, se dejan seducir y se transforman en otra cosa; una especie de humanoide sensibilizado (como ese llamado de musas que golpea el pecho de los artistas). El cine, ese espectro, de tanto andar por los caminos humanos quiso heredar su potencial, quiso mutar y dejar de ser, quizás cansado, quizás, porque vio agotado sus recursos y su dialéctica en este mundo. Mutó y ya nada fue igual. Sus hijos perversos hicieron lo que quisieron con él. Hijos videoclip, corto publicitario, televisión. Bebieron de sus entrañas, se alimentaron de su potencial, vaciaron sus restos, hasta hacer de él el reflejo de ellos mismos.
Retroalimentación. Y el cine ya no fue lo mismo. Se vistió de tantas cosas. Se revistió. Para generar un pathos complaciente y servicial para aquel que se asome a mirar sus interiores. Cine travestido de formas y velos que enmascaran a un corazón que ya no hierve y ya no cuenta historias y ya no usa las armas de seducción.
Tony (el hermano de Ridley) Scott es de esos hijos contemporáneos de un cine combinado, cine poliglota, que incorpora tanto lenguajes internos como otros internos que fueron traducidos a idiomas indecibles. Entonces, El Ansia. Su ópera prima. Cine de vampiros, presuntuoso, rústico y simbólico. Un cine que intenta enmascarar lo simple, que intenta una lógica a imágenes que no tienen matriz sino que se desprenden solas, armando su propio dialecto. Algo de trampa del videoclip hay. El videoclip es una burla al cine. A diferencia de las colas (o trailers). Se sabe de donde proviene su matriz; se reelabora una historia (en los trailers) a partir de la historia madre, la que cobija y, en definitiva, la que se quiere comunicar (= vender). Los videoclips no. Son una conjunción de imágenes que no tienen matriz, que aprovechan el montaje vertiginoso para contar una historia que suele escapar de toda lógica, de todo desprendimiento racional. Muy bien. El cine estadounidense post-Mtv ha sido el culpable de estas atrocidades. Un cine sin raíz, de imágenes difusas o huérfanas de toda lógica. Atravesadas por un suceso que las limite o las reincorpore al resto del montaje final. Imagen ancla. Muerta la disolvencia o el fundido, afuera el cuadro negro de introspección, pausa, punto final. El cine tiene que readaptarse y mimetizarse con las formas del videoclip. Imágenes presurosas, puestas al servicio de una música chirriante, miradas subjetivas que narrar una historia que, ¡vaya!, se ha fugado. Entonces miramos sin esa lupa el resto de El Ansia. Tratemos de sacarlo de su hermetismo lumínico y montajístico.
Una historia simple: Amar ante todo. Amar ante la adversidad y prolongar ese amor a la eternidad. La Señora Blayock ama y deja, se cansa, prolonga o suprime el amor como todo ser humano. El problema es que Miriam Blaylock es una mujer vampiro que cree tener el control de las vidas, que cree poder brindar a sus amantes el poder del everlasting life y así generar un ejército de amantes, hasta gastarse o aburrirse y desecharlos, dejándolos secar de sangre, de inanición. Pero esto supone un cambio en la lógica con la cual se mira el filme. ¿Es acaso culpable de esto por que es un vampiro? ¿Acaso los humanos no reaccionan y se acometen al amor de esta forma? El amor es perecedero – parece guiñarnos un ojo el pequeño Tony –. Toda forma de amor subyace a las ganas y al fervor con que se lo vive, y si un organismo deja de sentir, deja de respirar por eso que le da vida, que lo llena y completa de diversas y complejas formas, el amor muere, se seca porque no hay sangre que lo alimente.

TRAILER DE "THE HUNGER"


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