"CRONOS" (1991) Guillermo Del Toro

TITULO ORIGINAL: Cronos
DIRECCIÓN: Guillermo Del Toro
GUIÓN: Guillermo Del Toro
REPARTO: Federico Luppi, Ron Perlman, Claudio Brook, Margarita Isabel.
GÉNERO: Terror
AÑO: 1991
PAÍS: México
DURACIÓN: 92 minutos.

Cronos es un artefacto creado por un alquimista medieval, en cuyo interior se encuentra instalado un insecto, que se alimenta de sangre y tiene el poder de ofrecer la eterna juventud. (FILMAFFINITY)

Para ser sintéticos y adentrarnos directamente en Cronos les contaré brevemente de que va la película. Cronos es un artefacto metálico con forma de escarabajo que se alimenta de la sangre de quien lo posea (de ahí el primer esbozo sobre vampirismo), dándole el don de la inmortalidad. Este aparato succiona la sangre de su poseedor, transmutándolo en un ser que debe sorber la sangre de otros (éstos si víctimas porque no se los dota del ¿privilegio? de la inmortalidad) porque sino el sistema colapsa, el ente ex humano se seca o se pudre y termina pereciendo.
Pero, ¿es acaso la inmortalidad un privilegio o es una condena? Veámoslo desde la óptica clara de Del Toro. La historia se centra en un pasado cercano por lo que haya pasado antes o pase después es una mera anécdota; el presente y el como hacerlo reproducir constantemente es el tema de esta película. Por eso la eternidad es una repetición del ahora, un continuo avance sobre lo mismo. Decíamos, ¿privilegio o condena? El hombre, como en toda su historia, desde que sus capacidades físicas e intelectuales se vieron sometidas y sesgadas a la máquina debe responder a ella ante todo, para poder prevalecer en un ambiente reinado por la opaca cotidianeidad. Entonces está Jesús Gris. Un apático y, como su apellido lo indica, mediocre vendedor de antigüedades. Su vida familiar y laboral está enmarcada en una rutina insoportable, en un vacío que lo lleva a repetir invariablemente hábitos, costumbres, pensamientos, en un lugar que ya es imposible salir. Odia su vida, odia a su mujer, odia sin argumentos porque se lo ve imposible de encontrar herramientas para escaparse de esa rutina; tampoco lo necesita, se conforma con su vida subsumida a esa realidad. De repente, se topa casualmente con esta máquina de sangre. Su realidad comienza a cambiar; un cierto aire renovado comienza a circular por sus pulmones, rejuveneciéndolo, revitalizándolo.
Entonces nos precipitamos con el universo adulto. Un universo de escaso margen para la fantasía, donde se actúa de una manera aceptando ese mandato terrenal, esos pactos con la responsabilidad y los quehaceres humanos. Lugar de disputas, sueños galvanizados sobre el pasaje de una vida permanente e inmutable. La óptica cambia de objetivo; cualquier sesgo o presunción de alternativa es tomada como aventura, escape, salida de ese universo-burbuja. Cualquier ruptura con ese pasaje infeliz por la vida es tomada como una eyección a un universo nuevo, desconocido, donde se anda ciego o en puntas de pie o tartamudeando, aunque es nuevo al fin. Pero, ¿qué pasa cuando ese universo aparentemente nuevo presenta permanencias del otro? Está inundado y conmovido de realidades ya conocidas, ya transitadas y acabadas. Entonces la eternidad es un calvario, una condena eterna donde el alma transita con el peso de las mismas responsabilidades, los mismos circuitos, los mismos bagajes. Eternidad de reiteraciones: de ritos, de certezas, de imposibilidades. A Jesús Gris parece no interesarle demasiado esto. Sólo le basta sentirse joven, por tanto, humano (aunque ya deje de serlo, aunque esté obligado a actuar como tal, a aceptar convertirse en un loco buscador de sangre para seguir alimentando la máquina, para prorrogar su esquivo paso terrenal).
En oposición está el Sr. De la Guardia, un ricachón paciente oncológico que alimenta su rutina con la esperanza de dar con este mecanismo-vampiro que lo salve de su padecimiento. Es también el calvario a seguir rehusándose a la muerte, a no aceptar los mandatos de cualquier humano, pero ¿qué certezas tiene de no seguir prolongando su cáncer enquistado en cada parte de su cuerpo? Metáfora masoquista. El hombre está en la Tierra prolongando lo inevitable y es capaz de soportar los peores padecimientos, capaz de corromper y corromperse con tal de satisfacer su cometido. El pensamiento de la muerte contiene vida, es dotarlo de vida a un final inmóvil. Spinoza dice algo como “Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida”. Pero si esa vida es pensada con sufrimiento qué queda de la muerte. Platón lo llamaba filosofar (la preparación en vida de la muerte). Lejos de una postura sacralizada, Del Toro impregna a la vida de muerte, porque el reencuentro entre estas dos posturas que simbolizan, en definitiva, los extremos antitéticos del ser humano, son lo mismo: algo inmóvil, invariable.
Por otro lado tenemos una cinta mirada a través de los ojos de una niña impávida. Aquí está la clave. ¿Qué pasa cuando no se tiene consciencia ni de la vida ni de la muerte? Cuando todo se mide por la presencia o la ausencia, y ¿qué pasa cuando esa presencia es difusa, huidiza, o la ausencia deja señales miméticas en todas partes? La relación abuelo-nieta (Jesús-Aurora) está preñada de vida, en un ambiente donde la muerte se engendra y se reconvierte. Para la mirada impasible de Aurora todo está naturalizado y se rige por lo que aparece o desaparece de su vista. Su abuelo, convertido en engendro es un germen de vida, porque puede conectarse con él, más allá de que su cuerpo hace tiempo dejó de ser un cuerpo, más allá que lo haya visto en un ataúd y poco después haya reaparecido al pie de su cama. Naturalización de la muerte y de la vida. Es entonces ella la que comprenderá que todo es parte de lo mismo; que si su abuelo desaparece es por algo y si aparece también. Que si tiene determinado aspecto es porque la naturaleza lo ha transmutado.
Lejos del despilfarro (exótico) de Hellboy 1 y 2; de las artimañas inventadas para tener un público cautivo a base de explosiones, tiros y enjambres digitales (algo que bauticé hace tiempo en nombre de la Negación del Cine. Véase ejemplos en Transformers II. Cuando la manipulación digital convierte al cuadro cinematográfico, la única fuente de retroalimentación entre mensaje-público, en una masa amorfa e indefinida, desprendiendo la visual a una comunicación ruidosa o definitivamente interrumpida). Ésta, su ópera prima, se asemeja más a su Laberinto del Fauno, por la cercanía y calidez que ofrecen sus personajes enmarcados en un ambiente irreal, la proximidad público-historia se ofrece de brazos abiertos. Será, también, su magnífica precisión por dotar sus encuadres de ciertas dosis emotivas: la lejanía también puede parecer proximidad (sino pregúntenle a Kubrick).

TRAILER DE "CRONOS"

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