"A WALK THROUGH H: THE REINCARNATION OF AN ORNITHOLOGIST" (1978) Peter Greenaway

TITULO ORIGINAL: A Walk Through H: The Reincarnation of an Ornithologist
DIRECCIÓN: Peter Greenaway
GUIÓN: Peter Greenaway
REPARTO: Colin Cantlie, Jean Williams.
GÉNERO: Cine experimental.
AÑO: 1978
PAÍS: Reino Unido.
DURACIÓN: 41 minutos.

Se narra el recorrido que sigue un alma en el momento de su muerte, ya sea para el cielo o para el infierno. Greenaway toma la letra H como referencia (Heaven=Cielo, Hell=Infierno). (FILMAFFINITY)

El arte, en todo lo que le concierne, copia a la naturaleza, como el alumno que imita a su maestro; así debe ser tu arte, como descendiente de Dios que eres.”1

Qué ¿qué? ¿La cámara solamente se mueve a través de lienzos, de dibujos totalmente abstractos? No me digan que la película es sólo eso; ¿realmente es eso? ¿Cómo se dirige una película así? Sin la injerencia absoluta de un realizador responsable que guíe la narrativa (porque tiene algo de espontáneo en lo estructurante y estructura en la improvisación), el ritmo de montaje, la ¿puesta en escena?, las luces, el sonido.
Lo que hace de “A Walk Through H…” no es su puesta en sí, sino todo el recorrido retórico que hace Greenaway al exponer una idea. Porque lo que prima en realidad, es una historia, llena de vericuetos, de información impronunciable, de fragmentos diacrónicos en su devenir. La imagen no importa – parece decir –. Pero, ¿no es acaso pura imagen viva? ¿No entendemos el Todo sin esa reproducción explícita del lienzo pintado y el collage arrevesado en donde fija su objetivo la lente? Greenaway nos quiere conducir hacia un camino donde el cine, evidentemente, ya no es más que sólo cine. Es la conjunción de todas las propuestas que se evidencian y se potencian en él, por tanto, entendemos. Pero el cine como excusa para lanzarse al vacío de una imagen difusa, de un hecho caótico.
Tiempo atrás (ya parecen décadas de palabras recortadas sobre el Word e impresas en este blog en constante ebullición), habíamos definido al Blow Up de Michelángelo Antonioni como un cine digno de su era, entendida en su contexto y en su forma. Algo existencial-mente impalpable. Recordemos: teníamos a un aburguesado fotógrafo beat de Londres que, casualmente, descubre un aparente asesinato. Fotografía a un “aparente” (y repito lo aparente para dar cuenta que en esa duda metódica-cartesiana recurre todo el tiempo el filme) cuerpo, un bulto perdido entre los jardines grisáceos de su fotografía. A continuación, realiza una exigua investigación, sometiéndola a diferentes aproximaciones ópticas (blow-ups) o zoom, hasta que la imagen, ese objetivo trazado en primer término como objeto de su búsqueda, tiende a diseminarse, a perder su materia, borrándose. Ese es el manifiesto cinematográfico de Antonioni. Un cine que de tanto aproximarse a la imagen se disemina, pierde su intensidad y su significado.
Greenaway parece tomar esta posta pero a medio camino. Nos alerta. Ya no importa demasiado lo que el cine produzca como reproducción de imagen, como historia cifrada en imágenes, en hechos concretos y en la utilización de un determinado lenguaje para marcar sus ritmos, sus acentos, sus pausas. Más bien, el cine cada vez más encapsulado en la imagen en sí, en lo abstracto de su “naturaleza” muerta. Lo que importa, en definitiva, es el mecanismo que utiliza para dar coherencia, cohesión y utilidad a dicha abstracción: el lenguaje hablado.
¿Y por qué entonces creador de mundos (demiurgo)? Greenaway (el más marginal poeta de los directores británicos, el menos realista, el más adepto de las causas – burguesas – y por tanto, crítico de su clase) ha elaborado esta relación con el cine partiendo de lo complejo a los simple (esta clara diferencia se notará a lo largo de su filmografía, hasta el punto cúlmine con El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante y The Pillow Book). El cine como ciencia, primero, escrita, narrativa, historiográfica y luego como ciencia de la plasticidad, de lo armónico. En esta depuración (de lo complejo a lo simple), Greenaway empezó a dominar y darle forma a su arte, encontrando allí su esencia natural (el cine como representación viva del arte, reproductor de cultura).
Pero – nos preguntamos – porqué A Walk Through H… y no otras películas más distintivas de su filmografía. Justamente, para desentrañar su cosmovisión también hay que partir de lo complejo e identificar el método de abordaje del autor con respecto a su obra.
1. El arte (en todas sus expresiones; The Draughtsman's Contract y el dibujo, The Belly of an Architect y la arquitectura, 8 ½ Women, Fellini y el cine, The Pillow Book, la literatura y la caligrafía, The Baby of Mâcon y el teatro, The Cook, the Thief, His Wife and Her Lover y la gastronomía, Nightwaching, Rembrandt y la pintura) como manifestación privativa de una clase social. Por tanto, responde a sus conflictos, a sus contradicciones, a sus movilizaciones e incompletitud. En el centro de todas sus obras se encuentra el arte y los demonios de sus ejecutores. De esa matriz nace el conflicto, surgen los cambios, se “produce” su mundo.
2. Demonios. La dualidad cielo e infierno siempre está presente. Como escenario donde se dirimen los fantasmas de sus personajes. No es casual que PG en A Walk Through H… haya insistido en trazar este recorrido dantesco para lavar sus culpas como realizador. Carta de presentación en la que advierte que su cine está envuelto en una atmósfera divina, en una Batalla Eterna de la que nadie está exento. Es así, el ser humano es de por sí pecaminoso, proviene de las entrañas mismas del infierno; el arte es su redención, la (única) forma de encontrar el camino celestial. Pero también tiene sus cultos y sus trampas. También el arte (y el sexo – dice por ahí –) a veces conduce a caminos equívocos que alteran la percepción de la realidad (= el camino al cielo).
3. Y la palabra. No sólo el cine se nutre de imágenes, y de una estética que lo conmueva y le de sentido gnoseológico. También, para Greenaway, la palabra (esa dotación única del ser humano) le da sentido al fragmento-cine. La importancia de la retórica, la pesadez con la que se impone grabada sobre el fílmico (o mejor, paralelamente) es lo que le da el carácter “terrenal”. Lo estético tiene sus vicios de por sí, desde lo dado. Pero el lenguaje (hablado, fundamentalmente; y escrito – en el cuerpo – en The Pillow Book) organiza el discurso, lo fragmenta y le da guía para entender el desarrollo filosófico-cinéfilo en las películas de Greenaway (y se evidencia, sobre todo, en A Walk Through H: The Reincarnation of an Ornithologist).

Pero también, debo decir, que este camino recorrido como espectador-expectante de AWTH también fue el escalón que necesitaba para impulsarme a otra crítica, a la siguiente, donde la dualidad cielo-infierno se evidencia y se potencia más. A continuación hablaremos sobre El imaginario del Doctor Gilliam (disculpen la torpeza y lo poco innovador del título pero, a decir verdad, no vamos a entrar en detalles de porqué dicha elección. Bueno, me enfrío un poco la cabeza y vuelvo. En cinco minutos. Que no repercutirán en su lectura porque claro, tendrán el texto terminado a continuación. A veces pienso, el blog debería funcionar como una especie de sincronía temporal entre la ejecución o el tiempo real del escritor y la materialización de dicho evento. Creo que en todos los ámbitos donde se evidencie una manifestación humana en el “producto acabado”. No quiero meterme en términos marxistas como plusvalía – porque, de hecho, nadie me paga por esto, en todo caso, una plusvalía ficticia, espiritual-redentora, bah… estoy hablando pelotudeces – y materialismos históricos. En definitiva, ahora vengo para mí. Ustedes tendrán el texto acabado a continuación. Chau.).

1. Dante Alighieri, "Divina Commedia".

Para ver Online: A WALK THROUGH H: THE REINCARNATION OF AN ORNITHOLOGIST

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