"EL GRAN DICTADOR" (1940) Charles Chaplin

TITULO ORIGINAL: The Great Dictator
DIRECCIÓN: Charles Chaplin
GUIÓN: Charles Chaplin
REPARTO: Charles Chaplin, Paulette Goddard, Jack Oakie, Reginald Gardiner.
GÉNERO: Comedia-Drama.
AÑO: 1940
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 128 minutos.

Un humilde barbero judío tiene un parecido asombroso con el dictador de Tomania, un tirano que culpa a los judíos de la crítica situación que atraviesa el país. Un día, sus propios guardias lo confunden con el barbero y lo llevan a un campo de concentración. Al mismo tiempo, al pobre barbero lo confunden con el tirano. (FILMAFFINITY)

¿Dónde se posiciona el realizador con respecto a su tiempo y a los hechos que indirectamente lo conmueven? Seguramente, en el caso Chaplin, no habrá uno igual que capte mejor el caos, la injusticia y el horror de su tiempo como él. Porque, más allá de SU criatura Charlot, lo más importante que Chaplin le ha dejando (y enseñado) al cine es su impronta creativa, su valiente análisis de la realidad y virtuosismo como esteta. Quizás no haya uno igual en toda la historia del cine. El cine que construye (y digo bien cuando hablo de construcción) este monstruo cinematográfico no es el lugar común, tampoco, lo irreverente-discordante de una época: aquel que viene a decirlo todo sin que haya una oreja atenta que pueda captar el mensaje. Es una construcción minuciosa, un reporte de la realidad (pasada por el tamiz de la conciencia); no simplemente una crónica paródica de una determinada situación.
El gran filósofo sabe disponer de todos los saberes preconcebidos y utilizarlos con el más crudo rigor científico para entender todos los aspectos que abarcan tal hecho, posteriormente, comenzar su teoría, esbozarla. Pero Chaplin no es de aquellos intelectuales que observan estáticos la crisis; es más bien un militante romántico de la realidad, aquel que tiende a ir hacia al frente, llevando el conflicto al campo donde él se mueve mejor: un escenario, mezcla de risotadas y crudeza. A Chaplin ejercitarse en la sátira de Hitler le hubiera servido unos pocos metros de rollo fílmico y unos cuantos slapsticks y poner al descubierto la bufonesca aunque trágica figura del III Reich. No, el proceso es más complejo en la cosmovisión chapliniana. Es necesario acopiar todos los elementos de la realidad, subdividirlos y empezar a esbozar un cuadro de situaciones.
A saber: Nuevamente el hombre en el centro del mundo. Hombre-producto del capitalismo/industria. Hombre alienado por el contacto con la máquina, atomizado, “extraño” en un mundo cada vez más dinámico, más oscuro (continúa la teoría iniciada en Tiempos Modernos). Esas soledades están al descubierto, presas de un todo totalitario y amenazador; ¿cómo es que pueda reaccionar si ni siquiera puede conocerse, salir de sí? El hombre es necesario cuando el sistema lo requiere, cuando la administración Estatal está en jaque; cuando, en definitiva, esa soledad se une a otras y se les vierte las ideas del patriotismo en el frente de batalla. El gris Barbero Judío es ese hombre: en el frente de batalla o en su peluquería; adiestrado por la tecnología maquinal, por el derrumbe de la confianza en sí, extrañado del mundo que lo rodea. ¿Cómo poder amaestrar la sofisticación de un misil sin siquiera poder amaestrar el propio espíritu? Otra vez cae rendido, la máquina (el elemento más cruel de dominación del sistema capitalista) lo vence: repite los esquemas de motorización, deambula hipertenso con una bomba a punto de explotar, se refugia… porque al final, lo que reina en este sistema (menos en el campo de batalla), es el miedo. Cuando el sistema logra dominar a la masa, aparecen las figuras de poder. Aparece Tomania-Alemania, Hynkel-Hitler, Bacteria-Italia, Napaloni-Mussolini, Herring-Goering, etcétera, etcétera. Nada es casual – dice Chaplin –, nada es casual.
Entonces tenemos a esa caricatura de Superhombre, tenemos a Hynkel. Ese hombre absorbido por sus propios discursos, también “extraño”, el producto de esa alienación-superación mefistofélica. ¿Acaso no es todo esto absurdo?, se vuelve a plantear CHCH. ¿No es esto, más allá de la tragedia, algo digno de ser caricaturizado? Los gags lo dicen todo. La guerra tiene su explicación en lo absurdo: en la redundancia de esa imagen repetida ad nauseam, desarrollada y sacada de su contexto trágico; en ese pequeño espacio vierte Chaplin toda su genialidad. Todo lo que vemos es un somero repaso por lo palpable, él únicamente se dedica a ¿exagerarlo?, a “sacar” la imagen de su determinado contexto. Y aparecen los grandes misiles, las bombas detonando, el intento de superación tecnológico que se hace cada vez más rústico, menos maleable. O los tortazos, la guerra de tomates, el enfrentamiento a sartenazos entre los judíos y los nazis, en fin. ¿Cuánto de exagerado tiene lo que manifiesta Chaplin? ¿Cuánto de absurdo y cuánto de real?

***
Lo que más emociona es el mensaje del antihéroe romántico, lo que Chaplin nos deja entrever en cada uno de sus filmes. Más allá de la soledad del antihéroe y de las injusticias mundanas; es su poder de transmitir la esperanza, siempre nos invita a estar alertas, siempre, intenta explicar el mundo desde una determinada perspectiva. Pues, esa perspectiva es la del reparador de sueños, de los ideales, la unidad, la igualdad. Él sabe que los humanos no son todos culpables (así como no todos son inocentes), que hay un dejo de franqueza en los soldados nazis al confundir a Hynkel con el Barbero Judío y viceversa. Porque allí está depositando su mensaje: Todos somos iguales y merecemos la misma justicia.

DISCURSO FINAL DE "THE GREAT DICTATOR"

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