UN REFUGIO EN LA HISTORIA

Este blog nunca se utilizó como un diario de bitácora o como una fórmula repetitiva, donde quinceañeras melancólicas desparraman sus experiencias (y frustraciones) en el fértil campo del amor. Este blog es un conducto, o un depositario, donde se filtran las experiencias y las sensaciones sobre algo tan voluble, ramificado y único como la materia-cinematográfica.
Hablo de materia (algo que no se ve tan nítidamente, pero, al acercar nuestras narices, olemos, percibimos su olor). Algo con cuerpo y voz, con brazos que se mueven paulatinos o agitadamente, con piernas que caminan y atraviesan escenas, actos, oberturas. Ese cine, el de la representación gráfica del ser humano, vive en este blog. Que somera o acertadamente intenta evocarlo como un faro que alumbra (y en sus momentos de ausencia, desaparece, oscureciéndolo todo) cualquier actitud humana. O como una instantánea sacada en un determinado contexto histórico.
En el humano habita la razón y el sentimiento; quizás, todo se trate de eso. Habita la ideología y la frivolidad en partes tan aparentes como simbólicas. El amor y el odio en dosis perfectas de simetría. El humor, la comedia; el drama y la tragedia: representaciones del instinto y la razón. Desde esa plataforma, el cuerpo lleno de historias, pegatinas y panfletos, trozos de papel, cuentos, boletos o cospeles (depositario de textos y relecturas), se desata el cine. Frágil e inclaudicable en su mensaje. Tentado en su afán de entretenimiento atemporal y quieto. Sutil o efímero. Genial o generoso. El cine está ahí, siempre observador de miles de caras desde miles de caras. Este blog es una de esas caras y es el conducto para traducir esa expresión inicial en palabras. Autorreferencial, figurado o espiralado. Estas líneas cuentan desde alguien que ve el cine y que también se siente observado. Porque el cine se ve como una experiencia de autoconocimiento: por lo tanto, de busqueda y epifanía, de prueba y error en la conexión de los humanos. Acá estoy, de un lado y del otro; viviendo el cine como esa fuerza que empuja para ambos lados y enloquece, pero nunca tan violento para derrumbarte, siempre animándote con nuevas pantomimas. Esta es una de sus traducciones, austera y devota a su arte.
El blog es eso, una fuente de autoconocimiento a partir del cine. Ha posibilitado que esa unión entre imágenes y palabras sea la herramienta para conocer mejor las posibilidades de su arte. Quiero decir, a mayor escala de simpleza narrativa, de austeridad literaria, menor escala de imágenes que transmitir, menor grado de historias que evocar (por lo tanto, sonreír o llorar). Y por el contrario, en la fuerza de las imágenes, en la pasión que sacuden las historias se vuelven irrefrenables las palabras, se alojan unas sobre otras, a veces tartamudas o disléxicas, otras fortuitas. Rápido se adentran desde los nervios que se vieron colmados por el cine, el corazón que todavía se agita y la cabeza, que intenta furiosamente hilvanar palabras, conjugar verbos, adjetivar bonitamente. Así es esta historia, este blog. El cine devuelve una imagen, golpea de lleno en la conciencia y también, en las arterias o las vísceras, se vuelven pensamiento, se quieren convertir en oración para evocarse y volver a ser imagen.
Ahora, no se irán apagando, jamás se apagarán mientras haya un cine que lo valga. Pero irá siendo más esporádico, más analítico y más demencial. Acá están las palabras para hacer un juego con ellas, acá está el cine para dejarse hacer palabras y mientras eso exista, acá hay un blog que intentará unificarlas.
La historia universal me conmovió y me llevó a otros lugares, diferentes pero igual de intensos; y quizás, me traiga de vuelta para que historia y cine se conjuguen, infinitamente. Porque ambas son fuentes de sabiduría del hombre, y porque ambas, son búsquedas y reflejos del hombre.

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