"PIRAÑA" (1978) Joe Dante

TITULO ORIGINAL: Piranha
DIRECCIÓN: Joe Dante
GUIÓN: John Sayles
REPARTO: Bradford Dillman, Heather Menzies, Kevin McCarthy, Keenan Wynn.
GÉNERO: Terror
AÑO: 1978
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 90 minutos.

Unas pirañas son accidentalmente liberadas en un río frecuentado por turistas que están en plena temporada de verano. (FILMAFFINITY)

¿Qué es lo que hace grande a una película clase B? Cuando el director es conciente del producto que está por ofrecer. Entonces, recicla patrones repetidos ad nauseam por sus antecesores y le agrega, dentro de la declaración que está a punto de hacer, el equilibrio justo entre desmesura y precariedad. Esto es, mucha sangre, mucho cartón-piedra, mucha artillería, muchas amputaciones, imperfecciones actorales, marcas registradas (la pareja enamorada que se baña en un estanque prohibido, el “meterse” en lugares donde se sabe que se corre peligro, el errar es humano). Pero lo que hace que Piraña sea una gran obra clase B es la conciencia sobre sí misma. El golpe de timón justo y necesario para crear el clima irreal de terror que supura, pero que, en los pasajes más inequívocos esconde lo verdadero, una gran recopilación de pases de comedia, una gran risotada con respecto a lo que es, una auténtica película bizarra.
Hay una escena que la define como una burla, como un juego de comicidad recíproco, donde el director es conciente de que su película es una porción minúscula en los márgenes del boom “Tiburón”, que esta cinta es la excusa perfecta sumida a la cresta de la ola. Y es por esto que Dante coloca a uno de los personajes principales, en la escena inicial, jugando a un videojuego denominado “Jaws”. Un tiburón que arrasa con los pececillos que nadan a su alrededor. El tiburón es el gran artífice de esta moda, los pececillos (o las pirañas) son las que giran en torno a él, carroñando un poco de lo que quede de espectáculo. El guiño es eficaz y sirve para entender desde que perspectiva se para el realizador con respecto a su obra. “No somos más que las consecuencias de todo el gran merchandising creado alrededor de “Tiburón”, por eso, le debemos todo y por eso, también, hacemos esto. Ahora, ¡cállense! y disfruten de esta genial película clase B”. Entonces se burla de Piraña, y se burla, a la vez, de Tiburón y de tantas películas más.
Tenemos a los personajes: una mujer sabueso de las rentas que viaja inesperadamente a la zona más remota de Estados Unidos, trabajadora, preocupada, algo inocente, insoportable; un montañés borrachín y melancólico, algo despiadado y errático; y por último, un viejo idealista enamorado del río y de sus beneficios espirituales. ¿Quién merece morir en esta lucha contra la naturaleza? Las películas de terror (y también las de apariencia terrorífica) establecen un código moral sobre el rango de la vida y la muerte. Las primeras víctimas son, en su mayoría, ex presidiarios, reos, mujeres inocentes, los arrogantes y los mentirosos. Los héroes casi nunca son erráticos, casi nunca pierden la brújula de su destino y permanecen inmutables ante la tragedia prójima. ¿Por qué establecer ese sistema perverso en las obras de terror? Acaso, ¿hay alguna moral en este tipo de películas? De acuerdo con el rigor en que caen las víctimas y en el orden en que son condenadas a la muerte se puede entender el planteamiento ideológico de sus realizadores (o de la gran empresa a sus espaldas). Podemos identificar con escaso margen de error que los primeros vencidos por las fuerzas del mal son acaso los que el gran público quiere ver muertos, los que nada aportan al status quo de la sociedad. El director obedece sin plantearse este problema ideológico. Pero, ¿acaso ellos aportan a la construcción de una sociedad (en este caso, ficticia) o al desarrollo de la trama, al clímax final, a la contribución de una película plagada de matices? El error parece ser doble, porque, la sociedad las construyen los héroes (mentira) entonces merecen la vida y las películas también (doble mentira). Porque el physique du role de los héroes es casi siempre el mismo, no tienen matices, son personajes llanos, nobles, con una única meta “el salvar a todos”. ¿No sería mejor darle ese lugar a los villanos? Que, en todo caso, son personajes más completos, más desarrollados, más complejos.
“Piraña” no tiene héroes, son todos víctimas y sobrevivientes de esos depredadores que acechan bajo el agua. Acá nadie salva a nadie. Se establece el argumento del “sálvese quién pueda” y eso los convierte en villanos desde el punto de vista moral en los que se sujetan las películas de terror. En todo caso, ese instinto de supervivencia es lo que deja a la deriva a los protagonistas, siendo los únicos dependientes de su destino.
La máquina que se echa a rodar, con engranajes disfuncionales, precarios y a veces, sin sentido, eso es lo que le da ritmo a esta película. Como el realizador, uno tiene que ser conciente de lo que tiene en frente, algo que no nos puede persuadir de nada, porque lo que intenta (y logra) es simplemente, dar una clase burlona de lo que el cine es, espectáculo a sangre viva.

TRAILER DE "PIRANHA"

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