"ODISEA BAJO EL MAR" (1973) Daniel Petrie

TITULO ORIGINAL: The Neptune Factor
DIRECCIÓN: Daniel Petrie
GUIÓN: Jack DeWitt
REPARTO: Ben Gazzara, Walter Pidgeon, Ernest Borgnine, Yvette Mimieux.
GÉNERO: Ciencia Ficción
AÑO: 1973
PAÍS: Canadá
DURACIÓN: 98 minutos.

Unos hombres están atrapados en el fondo del mar a causa de un terremoto submarino. Para rescatarlos se sumerge un submarino. (FILMAFFINITY)


`¿Y que tal, entonces, si todas las extrañezas del mundo que demos por sentadas habitan en lugares donde el hombre no puede alcanzar debido a su ciencia errática? Entonces hagamos una película vertiginosa y utilicemos esa santa ciencia como herramienta para salir airosos de cualquier desventura narrativa. ¡Hagamos una película donde la fantasía lo conmueva todo! Sumerjámonos en el fondo de las tinieblas marinas y saquemos provecho de lo que el hombre aún no conoce. Hasta que ese factor (Neptuno), que es la excusa para echar a rodar la maquinaria creativa, se descascare, se haga trizas en imperceptibles partículas. Entonces el hombre ya no podrá ver nada más que el vértigo propuesto. No podrá participar de esa experiencia porque la ciencia es inteligible y es materia de expertos. Por eso el hombre sólo será el ratón de laboratorio de nuestros experimentos visuales.
Tenemos una película entre manos (una de tantas), donde la actividad fotocromática está al alcance de nuestros párpados y pestañamos para conseguir una visión de las cosas; entonces, nuestro cerebro intenta leer apresuradamente esa información que no es más, lamentablemente, que un error humano, de uno o varios creativos que lo pusieron ahí, frente a nosotros, para atraparnos, porque después de 20 mil leguas de viaje submarino (desde Julio Verne a su adaptación cinematográfica por Richard Fleischer) todo será igual, será lo mismo o no será nada.
Apropiarse de la veracidad de las cosas es un ejercicio que el cine ha sabido plantear desde el principio de los tiempos (A.L.1). La idea de capturar a través de la cámara una porción del espacio y del tiempo y traducirla forzosamente como un reflejo de la realidad; una lucha metafísica entre la verdad ficcionada y el espacio real. Decíamos, capturar con la cámara un determinado momento significa aceptar esa imagen como algo real que contiene vida y que ocurren todas las cosas que suceden en el mundo: ¡porque ese es un mundo! (es un nuevo mundo creado por los directores-demiurgos). A partir de eso, todos los cambios que se produzcan en él serán tomados como un relato veraz. Ese espacio compartido entre realidad-ficción es el que el cine ha adoptado como una verdad incorruptible, un estudio analítico que son expropiadas para realzarlas con el tratamiento cinematográfico, darles una nueva oportunidad, una nueva vida.
Daniel Petrie, director de “Odisea bajo el mar” ha realizado este tratamiento visual-lumínico-sonoro (algo precario, hay que decirlo) para redefinir las formas de algo totalmente inasible e inabarcable en la concepción finita del humano: “Las profundidades marinas”. Utilizando el método de la veracidad cinematográfica, ha recurrido a emanciparse de todo rigor científico para darle vida al relato. ¡Muy bien, hagamos algo con esto! El problema radica exclusivamente en que no todos somos Jules Verne ni tenemos su concepción casi clarividente de las cosas. Podemos entender la pasión creativa de sus realizadores, inclusive, la falta de presupuesto (se hizo del otro lado de los Grandes Lagos). Pero cuando las intenciones van por otro camino de la realidad plausible en video caemos en la cuenta de que por más iniciativa que se tenga, el mundo inabarcable no está al alcance de todos. No podemos imaginarnos, por más esfuerzo que se haga, el universo submarino. Porque en tiempos donde la ciencia aparecía para aclarar todo, con sus cálculos y sus proyecciones, el cine antes de eso era gratificante: esos monstruos, esas inverosímiles situaciones, eran, después de todo, el sesgo inocente pero verdadero de todo aquello. Pero, entendamos esto, la película se rodó a finales de los setenta; ya estamos un poco ancianos de ciencia para justificar los hechos, para adoptar una posición responsable con respecto de las verdades y mitos que contamos con la cámara.
Y entre aventuras reales y ficticias, entre lo que el ojo-espectador percibe y trata de captar como una nueva realidad, la cinta deviene en explosiones, terror, mutilaciones, telgopor, un monstruo, falta de presupuesto (otra vez), algún que otro beso de tripulantes, un capitán sabelotodo, otra explosión (esta vez más estertórea, un poco de sangre y corte a:), una nueva mutilación, un poco más de terror, el final apocalíptico que no es tal porque al fin y al cabo, happyending: unas risas y un beso más de despedida.

1 Antes de Lumière.

FRAGMENTO DE "THE NEPTUNE FACTOR"

1 crónicas póstumas:

Paola Monter Uribe dijo...

A mí me encanta el trabajo de Daniel Petrie, pero mi película favorita de él es Lassie, la historia es conmovedora y muy bonita y según sé esa raza es así fiel y muy cariñosa.