8. "FILM SOCIALISME". Jean-Luc Godard

TITULO ORIGINAL: Film Socialisme
DIRECCIÓN: Jean-Luc Godard
GUIÓN: Jean-Luc Godard
REPARTO: Robert Maloubie, Patti Smith, Jean Marc Stehlé, Catherine Tanvier.
GÉNERO: Drama (¿?)
AÑO: 2010
PAÍS: Suiza
DURACIÓN: 102 minutos.

"Film Socialisme" es una sinfonía en tres movimientos. "Cosas así": en un crucero por el Mediterráneo viajan personajes muy diversos entre los que tienen lugar numerosas conversaciones: un policía de Moscú, un criminal de guerra, un filósofo francés, una cantante norteamericana, un embajador palestino y un ex doble agente. "Nuestra Europa": una noche, una niña y su hermano pequeño convocan a sus padres ante el tribunal de su infancia y les piden explicaciones sobre la libertad, la igualdad y la fraternidad. "Nuestras humanidades": visita a seis lugares que son escenario de leyendas auténticas y falsas, Egipto, Palestina, Odessa, Hellas, Nápoles y Barcelona. (FILMAFFINITY)

No intentemos explicar la naturaleza del creativo (del autor). Sólo está ahí, envuelto en sombras, moviendo los hilos de un cine cada vez más enigmático, cada vez más dispuesto a redescubrirse. Porque si en tiempos en donde el cine era un manifiesto o una carta de presentación de valores inherentes a un determinado sector de la sociedad (y hablo de los jóvenes turcos1 de la Nouvelle Vague), hoy no quedan rastros de eso para poder convencernos de que aquel cine, utópico e inteligente, puede llegar a levantarse de las cenizas.
El viejo JL Godard sigue siendo un Quijote peleando contra molinos de viento, cada vez más gigantes e insufribles. Sigue promoviendo al cine como un arte independiente y totalmente subversivo. ¡Patrañas! Dirán hoy los productores, al fondo de las butacas, mientras cuentan los fajos de dinero. Pero todo esto, el gran collage montado por Jean-Luc, es una muestra más del romanticismo que invadió a aquellos autores de cine. Un concierto de amor entre un arte totalmente enlodado y seco y un viejo loco y bohemio.
“Film Socialisme” quizás sea su último gran espectáculo. Una sinfonía en tres movimientos. Se podrá decir: “una obra carente de forma y entendimiento”; pero que importa, JL vuelve a inventar el cine una vez más. Extrayendo todas las posibilidades, nulas, erráticas y saturadas, para darle vida a un collage: mil voces replegadas, mil formas de ensayar un metalenguaje que va más allá de cualquier crítica concienzuda.
Es más que un experimento, es un aporte al futuro. Un futuro de imágenes que se repiten y pierden su juicio o su significado. Godard elabora así, un ensayo sobre la posibilidad de la tecnología con una melancolía derrotista sobre el pasado. Enfrentando a viejos y jóvenes en eternas disquisiciones, ubicando en el palimpsesto fílmico a personajes de todas clases y particulares puntos de vista, hilvanando abruptamente una crítica de la sociedad europea de principios de siglo.
Nada lo detiene, es conciente de las posibilidades que hoy ofrece la tecnología y a partir de allí, elabora su crítica, su percepción de las cosas desde el abatimiento y la soledad, como un viejo loco que deambula las calles buscando un rincón para soñar o revivir el pasado. Ensaya, entonces, todas las posibilidades de la narración audiovisual (esto es, fílmico, digital, super 8, hi8, cámaras de teléfonos celulares, etcétera), como la información influye en nuestras acciones cotidianas; como el mundo es un recipiente de comunicaciones que viajan y se dilatan, se esparcen por el planeta y luego mueren, porque carecen de todo sentido práctico. Con esta manipulación de imágenes, esta sobrecarga, logra conceder el punto final a su teoría: como todo este vórtice informativo y visual influye directamente en la abstracción del pensamiento, en congelar momentos para luego deshacerlos, en la precariedad que tiene el instante.
Decíamos, Jean-Luc Godard sigue siendo aquel Quijote de las luchas profanas. Ya nada importa si JL sufre de ataques de solipsismo intelectual o si, crea que la sociedad se detiene ante pequeños retazos de obras cinematográficas para cambiar el mundo (¡Oh los jóvenes turcos, otra vez!). Ya nada importa, sólo nos detendremos a observarlo, como quien mira una pieza de museo, porque sabemos que algo nos susurrará al oído. Y tal vez, ese algo insignificante que nos diga será los que nos cambie nuestra percepción sobre el mundo-cine.

1 Este apelativo surge cuando muchos de los críticos y escritores de la revista especializada "Cahiers du Cinéma" (Cuadernos de Cine) -fundada en 1951 por André Bazin- hacia los realizadores de la Nouvelle Vague, cuando deciden incursionar en la dirección de filmes hacia finales de los años cincuenta, tras haber desempeñado la profesión de guionistas durante los años precedentes. Tales son los casos de François Truffaut, Jean-Luc Godard, Jacques Rivette, Éric Rohmer o Claude Chabrol, y sobre todos ellos su precursor Jean Pierre Melvilla.

TRAILER DE "FILM SOCIALISME"

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