5. "Tom y el niño elefante". TOM Y EL NIÑO ELEFANTE


Con un cansancio luctuoso, afligido suena Tom, casi como suena la generación indie hoy. Inventándose discursos entre un no-sé y una acción directa. Como si detrás de esas pesadas cortinas de cuerdas que caen sobre la melodía se podría reconocer el chillido de un chiquilín caprichoso y anémico. Quizás suene a pisotón de niño elefante y todo ese lamento se vuelva un poco imaginación: un país de hadas, un genio que vuela, mucho colorín-colorado. Disfraz de fantasía para estrangular el presente, para negarlo y satisfacer la inmediatez. Distracción. ¿Para qué el arte musical sino para eso? Para inventarse realidades y olvidar la verdadera.
Contar historias, sortearlas, salir airosos.
Tom y el niño elefante suena (y sueña) de esa manera. Etéreo, dulce y armonioso. Un cóctel clonazepámico (algo reiterativo) de fantasías animadas que evaden la realidad atrófica.

Destacada: “Hasta siempre amigo!”

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