5. "EVA Y LOLA". Sabrina Farji

TITULO ORIGINAL: Eva y Lola
DIRECCIÓN: Sabrina Farji
GUIÓN: Sabrina Farji, Victoria Griguera Dupuy.
REPARTO: Celeste Cid, Mariela Vitale, Alejandro Awada, Juan Minujín.
GÉNERO: Drama
AÑO: 2010
PAÍS: Argentina.
DURACIÓN: 87 minutos.

El padre de Eva desapareció durante la última dictadura militar. Eva se entera de que el padre de su amiga Lola, con la que trabaja en el circo Cabaret Punk, también desapareció y que, cuando apenas era una niña, Lola fue apropiada por extraños. Eva ayuda a su amiga para que ella pueda escoger entre vivir en la mentira o buscar la verdad. (FILMAFFINITY)

Una vez más el cine nacional se rodea el camino. Cuando parece que despega una historia, se abre un conducto hacia la experiencia corpórea con un cine “que dice” y no parece haber intromisión alguna de un DF egocéntrico (vamos a decirlo de una vez, entre los directores y sus pares de fotografía se entabla una batalla que parece no tener fin; una Troya cinéfila). Una vez más, un seudo realismo mágico (de principio del siglo 2000) se apodera de la cinta y parece escindirla de su más valioso material: la narración.
Primero analicemos una situación que se da casi incansablemente en las obras cinematográficas argentinas (y quizás un poco en la televisión, pero allí se “vale todo”): ¿Por qué los guionistas/creadores se esconden detrás de personajes con nombres irreales, tratando de crear un universo literario, desatendido de la realidad? Alma, Eva, Lola (perdón, acá nadie se llama así). Es parte de un todo, de una ficticia caparazón donde maquillan un relato nunca más cercano con la no-ficción, con la veracidad de los acontecimientos.
Hay identidades robadas pululando este mundo; caras sin nombres (o nombres inventados por sus expropiadores) embestidas por la furia de este mundo monstruoso que les tocó vivir. Pero, los realizadores (hablo de todo el conjunto, empezando por la pata más importante – quizás la de atrás, que empuja toda la maquinaria hacia adelante – su directora) maquillan todo ese fuerte contenido denunciante, perenne a la historia, siempre sentido y crítico, en ese vicio asqueante y snob de los artistas argentinos: el recubrimiento sutil y embelezado (quizás, creyéndose demasiado artistas, demasiado demiurgos, demasiado geniales, demasiado egocéntricos) de toda la historia en la impronta creativa de la dirección de arte. Mucho confeti, mucho color centelleante en los personajes, mucho recubrimiento psicológico, demasiado manierismo en busca de un tratado poético-onírico que roza con la inverosimilitud y cae de boca en el pavimento (o “la historia oficial”).
¿Qué me dice Eva? Eva Duarte = hija de activistas de la izquierda peronista = padres desaparecidos = denuncia. Aquí, “la historia seria”. La pausa introspectiva de la historia-ficción en busca de la historia general, la que ya se contó, se interrogó, se hizo catarsis, se pidió justicia y verdad, no se olvida ni perdona. El marco donde la película ancla para borrar todo límite de irrealidad. Para firmar un pacto territorial dentro de la historia misma, donde discurre la fatalidad de la ausencia, la búsqueda del amor siempre esquivo y una soledad que parece amenazar a sus protagonistas.
¿Qué me dice Lola? Dolores = sufrimiento, tristeza, desaventura. La película especula con este default. Se abre intermitentemente para derrochar toda la maquinaria artística, toda la pompa y el colorido (algo barroco) de sus personajes. (A veces) líneas de diálogo fuera de contexto, arquetipos de la chica-posmoderna sufrida pero fuertemente instruida de valores morales, con amplios conocimientos de su contexto y circunstancia. Ahí se desaprovecha todo lo construido con antelación. ¿El amor que buscan es realmente eso? ¿La consistencia, el acto, el físico, la carne? O ¿La búsqueda siempre utópica de saber qué se es, qué gusto tiene la identidad?
Ambas buscarán la verdad identitaria, pero en el camino, descubrirán nuevos amores (realidades) que la bifurcarán en su recorrido. En ese fuerte cruce de contradicciones discurrirá “Eva y Lola”. Acertada en los momentos donde la historia global las une y las descubre como pequeñas células de un país donde todavía se buscan preguntas, donde todavía falta ponerle nombres a caras y vidas a cuerpos. Acertada, también, en su marco de optimismo poético en cuanto a un futuro no tan lejano, aunque incierto. Acertada, por último, en la elección del casting (porque, vamos a decirlo, Celeste Cid y Emme Vitale están hechas para esos papeles. ¡Sino, para cuales!), sobre todo, en la soberbia actuación del Lucas de Juan Minujín. Pero falla, simplemente, en esa intención de realzar la historia con la parafernalia artística, con el cuadro pintoresco que ofrecen sus personajes. Demasiado afiche y brillantina, mucho collage.
Sin embargo, ante todo esto, preferimos observarla con atención porque el cine argentino aunque trata, le cuesta mucho reinventarse; crear su propio lenguaje, su propia esencia. Por eso, es bueno revisar el pasado y transformarlo en nuevos paisajes, nuevos ritmos narrativos, nuevas lecturas para no agotar los temas con el costumbrismo derrotista de antaño ni la fotografía austera (un poco por falta de presupuesto, otro poco por factores creativos).
“Eva y Lola”, pese a la sobrecarga efectista de la dirección de arte, ese paisaje antinatural e inverosímil en donde transcurren sus dos protagonistas; no deja de ser un buen melodrama con la carga necesaria de denuncia social (o de pasado en copa nueva).

TRAILER DE "EVA Y LOLA"

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