VENGANZA, VOLUMEN 3 (I DE IMFREAKALOT)

Tercera parte del especial de "Venganza, el tema del cine".

"GLADIADOR" (2000) Ridley Scott

TITULO ORIGINAL: Gladiator
DIRECCIÓN: Ridley Scott
GUIÓN: David Franzoni, John Logan, William Nicholson.
REPARTO: Russell Crowe, Joaquin Phoenix, Connie Nielsen, Oliver Reed.
GÉNERO: Peplum (Épica)
AÑO: 2000
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 150 minutos.


Análisis

La vuelta del Peplum es lo más heroico que contiene esta cinta. El género peplum indaga las aventuras de heroicos protagonistas en la era del imperio greco-romano, conocidas popularmente como género épico o de aventuras históricas. Aquellas películas, en auge por la década del `60, fueron perdiendo el magnetismo inicial por la reiteración de fórmulas en detrimento de la sustancia histórica que las movía; fueron, replicándose en innumerables y conocidas vueltas de tuerca donde, el héroe era un musculoso bárbaro o un despojado social que llegaba a Roma en busca de revancha, redención o salvataje, de esa manera, se fueron sucediendo los patrones hasta llegar a su decadencia.
“Gladiador” contiene todos y cada uno de los guiños del género; sin la grandeza de “Espartaco” de Stanley Kubrick, “Ben-Hur” de William Wyler o “Cleopatra” de Joseph L. Manckiewicz; Ridley Scott (genio motor de “Blade Runner”) se ha sabido mover con soltura, ingenio y perfeccionismo a lo largo de la extensa cinta. Lo cierto es que no devuelve nada nuevo al género, pero, al estar perdido en los anaqueles de la historia cinematográfica, ese aire refrescante, esa búsqueda por el detalle y por obtener todos los estados de ánimos posibles dentro de la misma cinta, lo han puesto por encima de sus antecesoras. ¿Quién? El que tiene la razón, el público.
La maquinaria impuesta, el detalle histórico siempre alerta, las soberbias interpretaciones de Crowe y Phoenix, las recreaciones del circo romano exactas, magnánimas, el ritmo narrativo que nunca se posa en las exageraciones del diálogo y la acercan más a nuestra época, el desfile incesante de tensión en un guión que ¿homenajea? a “La caída del Imperio Romano” de Anthony Mann, la presuponen como el resumen de todos los géneros en uno, eso atrapa sin dudas al espectador, lo apresa a la butaca, lo conmueve, lo debilita y al final, con el último trago de pochoclo, le da la liberación.

TRAILER DE "GLADIATOR"

"ROBOCOP" (1987) Paul Verhoeven

TITULO ORIGINAL: Robocop
DIRECCIÓN: Paul Verhoeven
GUIÓN: Edward Neumeier & Michael Miner.
REPARTO: Peter Weller, Nancy Allen, Daniel O´Herlihy, Ronny Cox.
GÉNERO: Ciencia Ficción
AÑO: 1987
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 103 minutos.


Análisis

El mundo es un lugar desolado, triste y en ruinas. La igualdad sólo es una utopía reflejada por visionarios inútiles de otros siglos. El corporativismo, la propiedad privada se han devorado todo, conduciendo al hombre a un estado de amnesia histórica, antropológica y social; devolviéndolos al confort de su sillón, al folleto publicitario y al círculo del tiempo. El consumo como forma de pertenencia y ostentación, la religión como cura espiritual de redención, y la televisión, como aparato central de la mesa, de la vida. En las calles, el crimen organizado es el aparato que mantiene a los televidentes a permanecer en sus casas, estimulados por el miedo latente, mirando la televisión, consumiendo, etcétera.
En ese mundo apocalíptico, en un futuro no muy lejano, se centra la primera aventura del director holandés Paul Verhoeven en suelo estadounidense.
Es la historia de Alex Murphy, un policía que es asesinado por el crimen organizado. Con el fin de frenar esta delincuencia, las autoridades aprueban la creación de una máquina: mitad robot, mitad resto de Murphy. El experimento parece un éxito, pero ellos no saben que la parte viva de Murphy es su cerebro y éste se encargará de buscar venganza contra quiénes lo asesinaron, casualidad o realidad, esos mismos tipos encargados de la seguridad (privada, en este caso) son los mismos que mantienen las calles en alerta, los mismos que digitan al crimen y generan el caos.
La astucia del director para salirse del relato chato, simplón y masivo es lo que marca el devenir de “Robocop”; Verhoeven resuelve no imitar patrones. Explora la (escasa) humanidad del personaje, lo doblega, lo ata a sus demonios, a su único fin. Lo ubica en una sociedad, que, conforme a sus representantes, es fatídica y ciega, criminal e impotente, irresoluta e interesada. Y, jugando con lo políticamente incorrecto, nos deja mensajes solapados a través de pequeñas viñetas, que, el espectador más azuzado digerirá en alusión al propio fabricante del producto. Entonces, la sangre, la balacera y el humo son factores secundarios, son la consecuencia de un comportamiento más humano encarnado en su primitivismo más fiel. Robada su personalidad, su cuerpo, su corazón y memoria, la venganza de este ciber policía es el último recurso viable.

TRAILER DE "ROBOCOP"

"ÁNGEL DE VENGANZA" (1981) Abel Ferrara

TITULO ORIGINAL: Ms. 45 (Angel of Vengeance)
DIRECCIÓN: Abel Ferrara
GUIÓN: Nicholas St. John
REPARTO: Zoë Lund, Albert Sinkys, Darlene Stuto, Helen McGara
GÉNERO: Acción
AÑO: 1981
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 80 minutos.


Análisis

Afírmense fuertemente a su tarro de papas fritas. Busquen el mejor lugar del sillón para acomodarse, el mullido, el perfecto, el curvilíneo. Porque lo que verán es al Rey Bizarro en su más caótica, enfermiza, violenta y feminista versión.
“Ángel de venganza” (o “Ms. 45” en su versión original) cuenta la historia de Thana, una bella mujer sordomuda que, al cabo de un día, es violada dos veces. Este será el inicio de una venganza encarnizada contra sus perpetradores. Una vez resuelto el dilema, el gran Abel Ferrara se quedó sin historia: la sangre fue bien derramada, el padecimiento no mermado pero vengado; es entonces, cuando la película adquiere ese cimbronazo fatal que la vuelve genialmente bizarra, perfectamente inocente.
Thana se vuelve una vengadora feminista contra todo aquel hombre misógino, despreciable, cabrón.
Si, Ferrara indaga el padecimiento, el drama, lo incurable del dilema de Thana. Pero también, cuando la encrucijada narrativa lo enfrenta a un vacío inconmensurable, el buen Abel lo recubre de sangre ajena, de muertos espermatozoides sobre la pared, de infinitas cortinas de humo de pistola (justamente, una 45). Lo que indaga, con total indiferencia, sometimiento y aducción es la naturaleza autodestructiva de la fémina. Ni la venganza será el antídoto que cure el infierno vivido, entonces, la ultraviolencia perpetrada, la acción a flor de piel será el espejismo, la nada, el vacío en que se sumergirá para fundirse en el pensamiento blanco de un no despertar.

TRAILER DE "MS.45"

"RAMBO" (1982) Ted Kotcheff

TITULO ORIGINAL: First Blood
DIRECCIÓN: Ted Kotcheff
GUIÓN: Sylvester Stallone, Michael Kozoll, William Sackheim (Novela: David Morrell)
REPARTO: Sylvester Stallone, Richard Crenna, Brian Dennehy, David Caruso.
GÉNERO: Acción.
AÑO: 1982
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 97 minutos.


Análisis

La primera fue por él. La segunda por su Nación. La tercera por su amigo. Y por allí sigue la lista de venganzas del marine ultramoldeado John Rambo en sus enésimas representaciones cinematográficas. Lo cierto es que, en cada nueva secuela de la película, el lema vengativo parecía carecer de un significado concreto para darle paso a la maquinaria sangrienta, a la recopilación de muertos enemigos y la presentación de increíbles estrategias de este soldado para deshacerse de sus oponentes.
Entre los centenares de muertos de las sucesivas películas, la que aún guarda un espíritu de venganza más o menos acertada es “First Blood” (Primera sangre, o conocida aquí como “Rambo” a secas); basada en la novela homónima de David Morrell, donde planteaba las secuelas psicológicas de los soldados regresados del frente de combate.
Allí, un taciturno y misterioso marine, se siente despojado de un mundo idealizado que propone un apacible pueblo montañés estadounidense.
La suerte que corre éste John Rambo, el de la versión cinematográfica, es algo más redentora que en su versión literaria. Quizás, la búsqueda por una identidad, un reconocimiento, que valga más que el bronce de una medalla, sea una especie de coraza protectora que lo inmuniza de los acechos de los demás. No se recalca el dilema psicológico del protagonista, el mensaje parece remitirse a una acción continua, a un escape permanente frente a una sociedad (o una autoridad, en este caso la policía) que lo estigmatiza.
La incivilización juega un papel fundamental para el desarrollo del relato. Volver salvaje a un personaje como forma facilista para dar paso a la acción. Los minutos de rollo gastados si, en la primera parte de la película, cuando Rambo se ve asediado por el sheriff local, éste hubiera argumentado su necesidad de civilización, de reencuentro, de búsqueda introspectiva, estarían de más.

TRAILER DE "FIRST BLOOD"

"MAMÁ, ASESINA SERIAL" (1994) John Waters

TITULO ORIGINAL: Serial Mom
DIRECCIÓN: John Waters
GUIÓN: John Waters
REPARTO: Kathleen Turner, Sam Waterston, Ricki Lake, Suzanne Sommers.
GÉNERO: Comedia
AÑO: 1994
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 97 minutos.


Análisis

Los interminables, recónditos y sutiles caminos de la creación suelen sitiar a sus protagonistas. Esos creadores que mutan con el tiempo, entendiendo el concepto de esa evolución, son, definitivamente quien doblega a la historia; en cualquier faceta del arte, en la política, en la ciencia, en la vida. El humano debe readaptar constantemente su sistema de impresión, creación y acción, para sobrevivir en la jungla – entre las topadoras de La Industria –.
Para no perecer ante los primeros cambios tecnológicos, los viejos emprendedores debían readaptar su mecanismo fílmico. Jugar con los estilos y romperlos, en esa época donde, desde un profundo y discreto vaciamiento cultural se fijó la sintonía de las futuras generaciones de directores, artistas y productores cinematográficos.
En ese intercambio, a modo de teoría darwiniana, la volubilidad de los viejos realizadores quedó expuesta ante la tecnología, los efectos visuales y el rotor discursivo de los directores que supieron metamorfosearse con lo requerido.
En aquella época de traspaso de paradigmas (por llamarlo de alguna forma), y, como suele ocurrir sobre y entre revoluciones, las discordancias discursivas eran notorias. Un enchastre narrativo que conjugaba las primeras experiencias con la cámara, la simpatía por el cambio – ahora en la lejanía – y, los que contaban con amplia espalda: los experimentos propios de la época.
Pero algunos decidieron firmemente respetar, por sobre todas las cosas, el lenguaje cinematográfico basado en el primer (y único) paradigma: Contar historias con la cámara.
De esto se trata “Mamá, asesina serial”. Una sincera y simple historia de una madre: clase media, ama de casa, perfil religioso-conservador, etcétera, que comienza a vengar a todo aquel que en su barrio ose con actuar en contra de sus preceptos.
Desde la simpleza, desde la más tierna e inocente pureza narrativa, sin apelar a la sobresaturada información, John Waters apela a un solo eje discursivo: los asesinatos en sí, sin padecer ningún tipo de remordimientos por las víctimas: todo se encuaderna dentro de las ventajas que ofrece la comedia negra, la acidez, el sarcasmo, la crítica y el revanchismo político. Genera simpatía en las situaciones dadas, inverosímiles y decadentes, que dotan a “Mamá, asesina serial” un cuadro de pintorescos personajes que alimentan más nuestra simpatía por la agresora.
Esos pequeños recuadros (que no dejan de ser más que una simpática mención un sábado por la tarde), nos refieren a lo más puro del cine; despojado de todo lo rudimentario que trae aparejado los cambios, el progreso tecnológico y el avance por sobre las PYMES filmográficas.

TRAILER DE "SERIAL MOM"

EL VACÍO LLEGÓ... HACE RATO.



EL CINE DEL HOMBRE (Introducción a "La Rosa Púrpura del Cairo")

Existe un lugar, un pequeño lugar en la galaxia, donde habitan almas solitarias. Donde existen pequeñas oportunidades, donde se vive bajo un régimen rutinario y alienador. Ese lugar pequeño, está habitado por seres extraños, por ánimas que se despiertan cada mañana con la engañosa novedad del cambio. Todos esos seres vivos se rigen bajo un sistema de cambios, de empréstitos, de ganancias, de poder. Rondan postulando al oportuno exitoso y destierran a la nada al perdedor, al no apto, al que pasea sin rumbo.
Existe un lugar así. Donde esos perdedores mastican el deseo reprimido de libertad, sostenido por la gracia de un tirano que bajo su puño decide sobre su destino y su condición. Viven hacinados en pequeñas casas, con sus pequeños televisores, junto a sus pequeños matrimonios y vistiendo sus pequeños vestidos de ocasión. Deambulan con la rutina de seguir creyendo que algún día, sin aviso previo, ese mundo caótico, cambiante y azaroso, finalmente optara por una circunstancia que bifurque el camino hacia lo común. Esa circunstancia se ve atada, únicamente, a factores extraordinarios, ilógicos, fantásticos. Esa circunstancia vive impregnada en la cabeza, en la memoria de aquellos que sueñan, que intentan doblegar su cotidiana situación, pero se ven ceñidos a su contexto, a las ataduras impuestas.
Los comportamientos de esos seres, irracionales y agudos, son ambiguos, procáces, excelsos e ignominiosos en la misma medida. Son capaces de crear murallas y monumentos. Avanzados instrumentos de calcular que superan, incluso, su propia habilidad. Son capaces de crear cuarteles de guerra y campos de concentración. Bombas atómicas y trincheras. Son, los ideólogos de movimientos pacifistas y belicosos. Crearon la música, perfecta, armónica, pasional. Pintaron cuadros, esculpieron la piedra, hicieron casas cada vez más grandes. E inventaron el cine.
El cine.
Esos seres, los humanos, son tan ambivalentes e inesperados que crearon un soporte capaz de ridiculizarse a ellos mismos. Crearon un espejo, un resplandor de sus propias conductas. Una herramienta que proporciona el estudio más exacto (e inexacto, a la vez) de sus propios deseos, pasiones, venganzas y anhelos. El cine es el aparato, que, usado en su calidad justa, nos entrega el acabado final de su obra apoteótica: el mundo.
Con el correr del tiempo, ya el cine se ha convertido no sólo en el espejo de sus conductas, sobretodo, en el objeto de deseo superfluo y siempre lejano que se contrapone con la realidad, con la rutina cada vez más viciada de los seres humanos.

"LA ROSA PÚRPURA DEL CAIRO" (1985) Woody Allen


TITULO ORIGINAL: The Purple Rose of Cairo
DIRECCIÓN: Woody Allen
GUIÓN: Woody Allen
REPARTO: Mia Farrow, Jeff Daniels, Danny Aiello, Dianne Wiest
GÉNERO: Comedia
AÑO: 1985
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 85 minutos.



Cecilia es una mujer gris e introvertida. Vive una vida insipiente al lado de un hombre borrachín y vago. Trabaja arduamente como mesera de una cafetería. Pero todo lo que tiene, todo lo que atesora, son sus tardes de soledad junto a una pantalla de 16:9. Allí están, desfilando frente a sus ojos vidriosos y esperanzados sus añoranzas, su sueño atrapado en celuloide. La vida de Cecilia, invariablemente no puede cambiar. Está presa de su destino, al lado de su borrachín, limpiando los vasos donde otros beben el vino y los platos donde comen sus grasosos sándwiches.
La realidad alimenta la fantasía – sobretodo, si esa realidad es hostil y gris -, en la reiteración, en la evocación permanente. Desprendiéndose de algún lugar errático de la mente, esa quimera, ese sueño inerme parece cobrar vida; parece desperezarse para rendir homenaje en devolución a tantos años de devoción.
La confrontación de dos mundos totalmente anacrónicos, la veracidad, el ensueño y la superación marcan el destino de “La Rosa Púrpura del Cairo”.
Woody Allen explora el mundo del cine desde una óptica platónica que sumerge al espectador en una realidad paralela formada por valores inmutables, situaciones armónicas y conceptos ideales. Proponiendo como juego el traspasarnos de un lado al otro entre lo artificial y lírico del cine al realismo crudo de la vida común y corriente. Pero como en todo Allen, el gran maestro de la satirización humana, el objeto de estudio guarda un doble sentido. El mundo de los sueños que era el cine de aquella época depresiva, choca contra la realidad, de nuevo la ilusión es destrozada por la existencia. Sin embargo, esa idealización se vuelve parte de la realidad, volviéndose austera y corriente, despreciativa e inicial. Ya no como válvula de escape a una realidad aniquiladora, sino, como una imposible manera de armar el rompecabezas de la cotidianeidad. Tom Baxter, el protagonista de la película – es decir, de la metapelícula -enamorado de la pobre Cecilia, no es más que una ilusión, aún vuelto realidad, es un deseo imposible de concretarse en un mundo que le es ajeno y por tanto, su supervivencia se ve supeditada a un cambio del que es imposible revertir. Su vida parece finita y acotada. Cecilia, entonces, debe decidir: aceptar vivir en una constante fantasía que, tarde o temprano, terminará esfumándose. O volver a su realidad, y aceptar que los sueños son inalcanzables e inalterables.
Woody Allen como nunca, trabaja con dos discursos, con dos formas de narración que, avanzada la cinta, empiezan a transfigurarse. Por un lado, la realidad: Depresión, vida de Cecilia, New Jersey. Por otro lado, fantasía: La Rosa Púrpura del Cairo, lugar donde habitan los sueños, Tom Baxter y las comedias musicales. Una vez quebrantadas las normas, las posibilidades son infinitas. Si algo caracteriza a Woody Allen es que, cuando la narración llega a un callejón sin salida, él logra abrir puertas que otros ni siquiera imaginan.
A partir de ese momento, la película adquiere un ida y vuelta constante. Una cita entre la realidad que se vuelve ficción, y la ficción que se vuelve realidad. Por tanto, la incidencia de algún universo tiene repercusión en el otro, y viceversa. Las decisiones de Baxter, el deseo de libertad impulsado por el amor hacia Cecilia dejan sin destino inmediato de crecimiento a la ficción. La ficción, que alimenta los sueños de los espectadores se trunca, entonces, todo parece convertirse en una sola dimensión, en un solo discurso, que no confunde realidad de ficción, haciéndose parte de un todo.
Esa alegoría magnífica, impuesta desde la narración por Woody Allen, agudiza la crítica sobre lo que el cine representa. El mencionado espejo de la condición humana.
Vivimos presos de una rutina, de una realidad asfixiante. Lo que nos mantiene vivos es el deseo, el anhelo, la esperanza de que, algún día, esa rutina comience a desvariar su rumbo mecánico y cíclico. De que esa dimensión se confunda en el deseo y que por fin, todos tengamos la posibilidad de ser libres, para después poder elegir nuestro camino.

TRAILER DE "THE PURPLE ROSE OF CAIRO"


WOODY ALLEN: EL HOMBRE-CINE
Olvidándonos de su habitual personaje neurótico-compulsivo, Allen en esta ocasión, homenajea las fuentes del cine clásico, plagado de megaestrellas y secundarios, de productores ambiciosos y managers ansiosos. De grandes decorados y atrezzos, de expresionistas luces en blanco y negro, de las mastodónticas multinacionales encorsetando la creatividad sin reparar en lujos. Todo ello dándole una vuelta de tuerca más a las circunstancias, viviendo esta aventura desde perspectivas inimaginables que sólo se le pueden ocurrir a un genio portentoso como el del neoyorkino.

UN PEDACITO DE PELICULA (PERDÓN POR EL GALLEGO)