ROCKEROS MUY MALA ONDA

Cada ser humano se cría con un determinado sistema de valores, de creencias, de juicios; algunos moldeados a través de la experiencia, de su contexto, de la interacción con personas que comparten diferentes estilos y ritmos de vida.
El rock, sin dudas, es uno de los paradigmas culturales de la historia del ser humano. Paralelamente, se han creado formas de vida, ritos, tribus, homenajes, que alientan a una pertenencia, al encuentro con el otro, a una afinidad propulsora de debate, cambios y transgresiones a un sistema que nos estipula maneras de actuar y ser. El rock desde su nacimiento ha acaparado la atención de millones de personas a lo largo del planeta, fomentando la diversidad de gustos y asimilándola como una forma de vida. En algún tiempo fue el detonante de la rebeldía contra los sistemas impuestos, hoy, ya apaciguado por el devenir caótico de los intereses económicos. En otro tiempo, fue el campo fértil para desarrollarnos como librepensadores, como artesanos de una realidad (no de una verdad), abriéndonos los horizontes de la mente, del cambio, de la estética, de la imaginación; estrechando un vínculo pasional entre el pueblo y las artes musicales.
El poder, más allá de lo que se diga, siempre lo tuvo el músico. Consciente de su responsabilidad como transformador de opinión; agitador de pancartas y propuestas.
En ciertos casos, ese poder se ejecutó con la más simple y honesta transición, invitando a sus devotos a participar de cualquier ritual, comunión o simple encuentro entre seres afines. Pero cuando el músico pierde de vista el poder que puede ejercer, se convierte en un terrible aparato de reproducción.
IMFREAKALOT les presenta un breve repaso de algunos roqueros que caen antipáticos ante esta responsabilidad ejercida con total indulgencia y, en casos extremos, con una repugnancia propia de poderes aún mayores, como Estado, Partidos Políticos o religión.
Aquí “Los roqueros muy mala onda” de IMFREAKALOT.

ANTIPÁTICOS

IAN STUART DONALDSON
Sueño con las utopías. Con un ideal trazado en mi mente en el que el respeto mutuo, la igualdad, la convergencia de razas y la abolición de los sistemas de poder opresivos, económicos, políticos y religiosos, realcen la grandeza del espíritu humano y nos haga vivir en armonía, sin la dependencia material. Pero cada vez que me cruzo con iguales (seres humanos de raciocinio, pies y cabeza), ese sueño lo siento cada vez más inalcanzable, cada vez más efímero y volátil.
¿Cómo puede ser que hoy, luego de la devastación cultural, social y económica que se produce día a día en cada pueblo, en cada ciudad, sigan existiendo personas con conductas intolerantes, racistas e ignominiosas? ¿Nunca aprenderemos la lección? ¿Seremos por siempre corderos del poder?
Soretes como estos aparecen a diario, en el matutino, en la panadería, conduciendo un taxi o peor, cuidando a nuestros hijos. Pero, lo peor de todo, es tener un lugar abierto de expresión – ese es el bache de la democracia – y poder para decirlo sin tapujos ni frenos.
Uno de estos experimentos humanos es el ya finado Ian Stuart, líder de un grupo punk rock con tendencias skinhead denominado Skrewdriver. Agitador y principal estandarte del movimiento conocido como “Rock Against Communism”. Más allá de banderas rojas, negras o blancas, esta especie de abortos de la naturaleza tuvo su momento de esplendor, conduciendo a miles y miles de seguidores alrededor del globo al racismo criminal.
Cada vez que se muere uno de estos, equilibramos la balanza.

SKREWDRIVER - SKINHEAD


MICHAEL REGENER
Si pensaban que la semilla nazi estaba totalmente desterrada del suelo alemán, es porque no conocen a Miguelito Regener, un neo-nazi agitador en propuesta hardcore que se suma a la lista de roqueros mala onda.
Con su banda Landser ha lanzado 13 discos que acaparan la atención (lamentablemente) de muchos fanáticos, en los que se muestran críticos de las nuevas formas de gobierno democráticos y reafirman su devoción por el Tercer Reich. Terrorífico pero real. Sus letras abarcan la homofobia, la lucha contra el comunismo, la agitación para bombardear Israel y, por supuesto, los cantos contra todas las etnias que conviven en su país natal.
Vuelvo a repetir, no aprendimos nada: seres humanos asquerosos.

LANDSER - ADOLF HITLER UNSER FHÜRER


TED NUGENT
Rockero de milicia. Será la sangre tejana, en el epicentro social del conservadurismo religioso y ultraderechista, que enarbolará el lema de propiedad privada, de seguridad del individuo ante todo y el precio de un par de cabezas con el fin único de preservación de una especie distinguida, rubia y superior. De esta manera, un guitarrista (bueno, por cierto) marcará el rumbo de su música llevando como bandera la cultura asimilada de un pueblo fascista. El principal foco de su acción social (si podríamos llamarlo de alguna manera), fue encabezar actos a favor de la portación de rifles legalizada en cada casa estadounidense como método de defensa de un supuesto enemigo: ¿Los negros? ¿Los latinos? ¿Los musulmanes? ¿Los chinos? Y la lista es interminable para esta clase de seres humanos contranatura. Patético.

TED NUGENT DISPARANDO UN RIFLE Y ANIMANDO A LOS YANQUIS A HACERLO


THE RIGHT BROTHERS
Miren la cara de estos dos nabos y entiendan que es mejor tenerlos del bando opuesto. Con sus canciones pseudo roqueras, invadieron las radiodifusoras yanquis por el 2006, con un tema propaganda denominado “Bush Was Right” (“Bush tenía razón”) en ferviente y fundamentalista apoyo a la administración de Jorge Doble V con respecto a sus políticas de expansión belicosas.
¿Qué decir de estos dos primates? En principio, se entiende que de toda la oferta cultural (¿?) estadounidense se desprendan algunos músicos que defiendan la causa Bush, sino, como se explica que haya ganado en dos ocasiones las elecciones de su país, ¿fraude republicano? Nah.
En sus innumerables hits cuentan con un amplio abanico de propuestas conservadoras en que no dejan ningún tema de lado: “Si a la vida, no al aborto”, “la homosexualidad es una enfermedad”, “los latinos, chinos y árabes son terroristas y/o mafiosos”, “los negros son pervertidos” y así sigue la lista.
En fin, escuchen su canción y diviértanse como yo lo estoy haciendo en este momento de patetismo intelectual.

THE RIGHT BROTHERS - BUSH WAS RIGHT


PETE TOWNSHEND
Pete Townshend es uno de los pocos héroes que siguen de pie con guitarra en mano de aquellos inolvidables años sesenta. Algunas piezas de rompecabezas descompuestas y comprimidas en el aire que lo forjan como uno de los guitarristas más inspiradores de la historia del rock.
Hace un tiempo, en IMFREAKALOT habíamos tratado una sección denominada: “Un muerto en el ropero”, en el que resaltábamos algunos traspiés de ciertos fundadores de la llama primal del rock universal, bajo una hipótesis polémica y totalmente refutable: el hombre (y por eso no excede a los grandes músicos), a medida que crecen se van haciendo más pelotudos. Éste es el caso del querido Peter. Su inminente ancianidad lo conduce a cierto Alzheimer temporal que lo hace conducirse por lugares inhóspitos y hacer estrechar su mano con quienes, de cierta manera u otra, se encargaron de vaciar la cultura de un país, de varios países, del mundo entero.
Yo estaba en una época de reconexión con aquellos ritmos. Me recuerdo escuchando “Tommy” a grito pelado, cuando, revisando la web me encontré con un video que me hizo interrumpir subrepticiamente el Winamp.
Pete te equivocaste fulero.

PETE TOWNSHED, ROGER DALTRY Y GEORGE W. BUSH (¿WHO? GEORGE W. BUSH)


BRET MICHAELS
Este tipo fue (y si quieren dejo la polémica para otra ocasión) uno de los mejores vocalistas del Glam metal. Uno de los próceres de ese género plástico, acrílico, nacarado, narcotizado y envuelto en spray, que en su tiempo, en la tierra de las oportunidades de cartón-piedra, le daba el golpe de knock-out al heavy metal.
Es sabido que estos energúmenos, en aquellos nebulosos ochentas, se procreaban con la fuerza y ritmo de las hormigas, provenientes del riñón más conservador y antihumano de la clase media norteamericana. Unidos, mancomunados y hasta educadores del público infanto-juvenil con un mensaje tan superficial como contundente hacia las mentes de aquellos que buscaban simplemente, un poco de atención.
Una lucha cuerpo a cuerpo contra el metal más primitivo, argumentando que contaminaban las mentes de quienes lo escuchaban, alentándolos a la delincuencia, a las patologías neuróticas y en el peor de los casos, al suicidio; en contrapartida, expresaban como las apariencias, el éxito y la moda nos pueden traducir la vida a un estado hipnótico de buen humor.
Lo cierto es que este muchachote se perdió en ese mundo al que él decía no pertenecer. Luego de un proceso de desintoxicación, volvió al ruedo, para contaminar las mentes de nuevas generaciones de vacilantes niños, y esta vez, la idea, el experimento, como siempre aterrador por parte de los grandes poderes, terminó convirtiéndolo en el eje de un reality show en el que varias mujeres (de vida fácil o en busca de la misma) se pelean (una forma de decirlo amablemente) para conquistar su corazón.
En definitiva, un imbécil.

ROCK OF LOVE WITH BRET MICHAELS, EL PATETISMO VUELTO REALITY SHOW


JOHNNY RAMONE
Asociar al movimiento punk con la anarquía es un ejercicio simple. Un movimiento nacido en las lúgubres calles londinenses a partir de un grupo de jóvenes perdidos en su tiempo y en su conciencia, en busca de una pseudo-libertad de pensamiento y acción, de una acracia digna de respeto mutuo, de ideales y por sobre todas las cosas, de libertad coercitiva.
Muy lejos de aquél movimiento utópico, que mantenía viva la llama enérgica del punk rock en el epicentro británico; del otro lado de la orilla, al pie de la estatua de la libertad, los Ramones se afianzaban como un movimiento basado en la simplicidad de la música y en la fraternalización de su tribu, como una contracultura destinada al cambio radical de la propuesta aniquilada por la industria, pero que, tímidamente, se aproximaba a aparecer como producto más en la vitrina de exposición de las grandes productoras.
Si, algunos de los miembros (como el caso del gran Joey Ramone) sentían ese ímpetu libertario de compromiso anárquico, pero muy por el contrario, Johnny Ramone fue la oveja negra de todo aquel idealismo inconcluso. Su postura conservadora (a favor de las políticas imperialistas de su país, por ejemplo) y su acérrimo fanatismo por Ronald Reagan terminaron por distanciarlo de su compañero Joey. Más adelante, apoyó intensamente el gobierno de George W. Bush, dejándolo en claro el día que lo honraron en el Salón de la Fama del Rock and Roll sentenciando: "Dios bendiga a Norteamérica y al presidente Bush".
Por un momento, olvidémonos de la persona para dejarnos llevar por el frenesí de su guitarra que no se apagará ni con armas ni estrategias militares, sino estamos muertos.

UNA ANIMACIÓN QUE DESCRIBE SU ESPÍRITU CONSERVADOR. SIMPLE Y ENTRETENIDO.


BONO VOX
A pesar de las interminables peleas contra el establishment político-económico, por los conciertos a beneficio y alguna que otra canción de compasión; Bono Vox sigue repartiendo ambigüedades por donde quiera que vaya. Mientras iniciaba la utópica y demagógica campaña por sanear (y ser perdonada) la deuda a los países del tercermundo (incluido el nuestro), entonaba sin arrepentimientos, “Las manos que fundaron América” para la banda de sonido de “Gangs of New York” de Martin Scorsese. América, el rótulo estúpido e imperfecto con que ellos, malditos imperialistas, suelen referirse a su país. No, yo soy americano antes que latino, soy ceniza y barro de las generaciones pasadas, y nadie – mucho menos Bono Vox – me lo quitará de las manos.
Entre otras cosas (este es un ejemplo estúpido pero esclarecedor), mientras el querido Bono pregona su mensaje de igualdad, paz y armonía en el mundo, se exhibe en cada show, junto a su banda U2, en megaescenarios, llenando sus arcas con los billetes que tantos (sino la mayoría de sus espectadores) tardan meses en juntar para ir a verlos.
Las ambigüedades del rock: Bono, la leyenda continúa.

U2 - THE HANDS THAT BUILT AMERICA


JUAN SEBASTIÁN GUTIÉRREZ (O JUANSE; O MEJOR CONOCIDO COMO POMELO)
Más allá de subjetividades artísticas que me distancian en mundos opuestos e infinitos con este espécimen de la raza del “rock nacional”; más allá de su agitada propaganda con el cartel infame que levanta acerca de una supuesta vida libertina de rockstar metropolitano (sexo, drogas y rocanrolnnnn). En el horizonte, desierto y anfetamínico, dos maneras de pensar que se contraponen y se chocan – sin distinguir supuestos, ni favoritismos –: una supuesta enseñanza barrial y callejera que hablan por sí solas, en la estrechez de su mundo, de sus conceptos, de su acotado ritmo de vida que parece venderse de una forma: el rock amigable, el pibe de barrio, etcétera. En contraposición con las manías, los deseos, la pose y las extravagancias de la gente de su clase. “Yo soy un bolchevique que no le importa el dinero y que le gusta mucho el rocanrol”: ¿estás seguro Juansecito?

¿JUANSE O POMELO? YO LOS PREFIERO CARICATURIZADO

CLASE V. DAVID BOWIE (1ra parte)

Caminando vienen los marcianos. Abriéndose paso en la era de la tecnología. Ellos, incipientes aprendices del mundo, conocedores de una nada existencial transgénica, acomodados bajo un sistema de normas invisibles y tácitas; regidos exclusivamente, por su percepción, por su aura, por su sentimiento. Solos, en un mundo de magnetos, eslabones y engranajes, se mueven inquietos, fulgorosos, expectantes, entre las sombras.
Marcianos de todo tipo y color: verdes, amarillos, ultravioletas, invisibles, frágiles, dorados; envueltos en terciopelos y nácar, en brillantina y rouge, los marcianos no tienen sexo: un agujero los retroalimenta de expectativas e información. Un hada los hechiza y los consume, los tienta con lujurias, con la divinidad o los estimulantes que no reniegan, que no les basta para concentrar el todo del mundo nuevo en el que habitan. Son marcianos no de Marte ni de la Tierra ni Urano. Son marcianos de una existencia superior (o inferior), son extraños que han tomado materialización en el presente: no son de ayer, ni hoy, ni mañana. En principio, no son, sienten.
Caminando vienen los marcianos y se van, en busca de una eternidad que los obligue a revivir cada día, todos los días, si esos días existieran. Porque para ellos no existe la temporalidad, y por eso buscan la fuerza en la reinvención para vivir por siempre o, mejor dicho, para eternizarse en esa nada a través del tiempo de los otros.

"Life On Mars?", por Ziggy Stardust and The Spiders From Mars


Aquel marciano que se apresura entre la fila, dejando una estela de meteoritos a su paso, chiquilín, inquieto, es David Robert Jones (o David Bowie), mi marciano preferido. Esa inquietud lo destaca del resto de su tropa, está expectante – no hay dudas –, por conocer el nuevo mundo: ¿habrá esperanzas de posteridad? ¿Será mi último lugar? Y a través de su paso por la Tierra, Bowie se reinventó miles de veces para lograrlo. Avanzó, se transmutó, ideó nuevos estratagemas, convenció y sepultó su huella en el lodo para que todos aprendan del espíritu agitado que lo movía.
Su odisea espacial comenzó allá, en la lejanía de los tiempos, cuando reinaba un sentimiento de promiscuidad, alboroto y superficialidad en las calles londinenses. Con zapatos de tacón alto y el pelo bien batido, propició un espacio para que aquellos jóvenes, presos de un vacío existencial que los movía a actuar de raras maneras, se sintieran representados, sosteniendo la pancarta flameante y esbelta del ícono pop, que regurgitaba su desprecio a ese rudimentario mecanismo de desafueros. Inventándose trajes, personificando a los copilotos que lo paseaban a través de la galaxia, recorriendo los caminos de nuevas odiseas espaciales.
Cuando el estigma del dios de la cruz con brillantina caía sobre él, sobre esas luces que se apagaban lentamente a sus espaldas; el marcianito corrió desesperadamente en busca de otros brazos que lo refugien del dolor, con los párpados secos de lágrimas, la pupila dilatada y el olor a cloroformo que se adueñaba de las masas. Bowie encontró nuevamente el rumbo, montado en su nave espacial, recorrió otros valles de la vía láctea hasta aparcar en los viejos senderos de la música, sobre los estamentos constitucionales del rock que perdía vigencia y prestación sobre sus discípulos. Se metamorfoseó para ampliar sus horizontes, dándole vida al Duque Blanco, el elegante maestro de las artes musicales. Pero ese horizonte era blanco, constituido en la invisibilidad, en la pérdida de consciencia, en una nueva nada que lo cegaba y lo comprimía en sus capacidades y sensibilidades. Ni siquiera sus nuevos rumbos (las artes dramáticas y plásticas) lo sacaban del infierno blanco que lo cautivaba y lo redireccionaba erróneamente hasta el choque estrepitoso con un muro.
En el encierro, el ostracismo lo ayudaron a revivir. El viajero interestelar comenzaba a cero su marcha; investigando, llegó a las oscuras calles berlinesas donde sonaba de fondo, el ahuecado y sombrío sonido del krautrock, donde el experimento, el minimalismo y la libertad de acción eran el plato principal. Así, Bowie se asentó por un tiempo en esos lugares, despejándose de la tormenta nívea que lo atestaba, completando su trilogía berlinesa.
Por fin, el marciano, aquel Duque Blanco, antes Ziggy Stardust, antes Aladdin Sane, se adelantaba al mundo, que incomprendiendo su ira artística o aprovechándola para sembrar el futuro, lo miraba con urgencia y devoción.

"Aladdin Sane", por Aladdin Sane


"Can You Hear Me", por The Thin White Duke (El Duque Blanco)


"Warszawa", por David Bowie (versión Berlín)

"EL CONDE DE MONTE CRISTO" (1934) Rowland V. Lee

TITULO ORIGINAL: The Count of Monte Cristo
DIRECCIÓN: Rowland V. Lee
GUIÓN: Philip Dunne, Dan Totheroh, Rowland V. Lee (Novela: Alejandro Dumas)
REPARTO: Robert Donat, Elissa Landi, Louis Calhern, Sidney Blackmer
GÉNERO: Drama
AÑO: 1934
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 113 minutos.


Reflexión

Estamos ante la obra madre, la matriz, el gen de toda historia universal en la que se haya hablado con tanta subversión, inclinación y vísceras de amor y odios, pero sobretodo, de venganzas. Es, la historia de Edmundo Dantés y sus infiernos, convertida en un clásico indispensable de la literatura universal. Claro, a estas alturas, si se es un iniciado en estas tramas, encontrarán varios puntos en común con tantas otras historias de venganzas. Ocurre aquí, como una semilla sembrada en el medio de un desierto: florecen y marchitan aleatoriamente, millones de raíces que mueren en el intento de crecer, de salir al sol y ampliar sus tallos hasta la reproducción y muerte. Análogamente eso también le ocurre a (Alfred) Hitchcock. Su visionado, en estos tiempos, resulta predecible y aburrido. Pero, ubicándonos en su tiempo y espacio, en su macrocosmos intelectual, entendemos – por suerte – que él es aquella semilla narrada: el Adán del misterio.
La adaptación clásica de esta novela (cabe aclarar que se hicieron 49 versiones distintas, entre películas y series de televisión), es, por su espectacularidad, la de Rowland V. Lee, de 1934. Espectacularidad en el sentido más hollywoodense posible: las estrellas como proposición de marketing, el atrezzo en su nivel más primordial y, sobretodo, una puesta en escena capaz de hacer olvidar la narración, desviar el ojo de los detalles del ridículo actoral, de la pausa textual, del olvido o el error histórico. En ese punto, cuando Hollywood obra siempre por recorrer la mejor forma de una era, es cuando el texto falla; cuando las similitudes tiempo-espacio-diálogo se confunden en un holograma de precariedades y sinsentidos. Pasa en “Troya”, en “Gladiador” y en innumerables films de ahora y antes.
Pero el desafío en “El conde de Monte Cristo” de 1934 no era la recreación de un ambiente propicio para el desarrollo intelectual-narrativo, para nada. El desafío pasaba por comprimir toda la información sujeta a la novela de Dumas: la psicología de Dantés, la detención, la tragedia, la reencarnación, el amor, la pérdida, las escenas de lucha, el conflicto polivalente, en un film de principio a fin sin desviar la atención de los espectadores. Por esto, más allá de las sobreactuaciones de sus personajes, las mesetas argumentales y el conflicto centrado en una sola posición (la venganza en sí), la omisión de detalles fundamentales le dan un cierto aire de inacabado a la obra. Está claro, igualmente, que la adaptación se trata de eso: de comprimir, de borrar, de atenuar algunas cosas y de subrayar, priorizar y revalidar otras tantas. Pero más allá de errores constitucionales de la película no deja de ser la mejor de todas las adaptaciones; quizás, por un sesgo nostálgico. O quizás, porque guarda la correspondencia de una inocencia narrativa, priorizando más lo humano (aquello que construye la personalidad de Dantés, la venganza) y descartando el razonamiento y las formalidades cinematográficas.

TRAILER DE "THE COUNT OF MONTE CRISTO"

"EL CUERVO" (1994) Alex Proyas

TITULO ORIGINAL: The Crow
DIRECCIÓN: Alex Proyas
GUIÓN: David Schow & John Shirley (Cómic: James O'Barr)
REPARTO: Brandon Lee, Ernie Hudson, Michael Wincott, Bai Ling.
GÉNERO: Acción
AÑO: 1994
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 97 minutos.


Reflexión

Las películas de superhéroes están tiznadas con el olor a venganza. Cada uno, en busca de justicia y satisfacción personal, lucha contra un enemigo claro, contra una situación particular o contra sus propios infiernos, su autoredención epistemológica. Esa situación define la psicología del personaje o los hace funcionales en un contexto, en un mundo caótico y oscuro, donde el destino de una ciudad siempre expuesta al peligro, donde la gente incrédula y mortificada busca un refugio, y ellos, como guías, alumbrando esperanzas en los ojos de esa sociedad.
Se pueden enumerar y abarcar a todos los personajes – siempre salidos de cómics –, a todos los héroes, con sus poderes extrahumanos, con sus perspectivas siempre por encima del hombre tipo, y encontrar un punto en común a todos. Por ejemplo Superman, un alienígena devenido en periodista que busca desterrar el crimen y la corrupción de ciudad Metrópolis (¿por qué ciudad Metrópolis y no el mundo en su amplitud y mezcla?; planteo algo mezquino y egoísta por parte del superhombre), un hombre de acero al cual le rebotan las balas, proyecta rayos x con la vista, puede volar y como si esto fuera poco, ser más poderoso e inescrutable que la Tierra misma (y sino, miren el final de “Superman” de 1978, donde ejecuta una fuerza de gravedad superior al del planeta Tierra para cambiar su sentido de orientación y volver el tiempo atrás). Esos superhéroes, los de anilina y calzoncillos sobre la calza, los bronceados y musculosos, los de conjuntos (¿extrañamente?) rojos y azules (los colores de la libertad), son por causas externas hombres que recrean una fuerza inasible para el hombre común. ¿Esa es la forma para desterrar las miserias de una sociedad? ¿Lo inasible, lo imposible, la utopía del superhombre? Si así es, todavía estamos esperando al meteorito.
Pero hay dos tipos: oscuros, surrealistas, macabros, dementes, que exceden a este arquetipo agonizante de superhéroe. Son, por su patología, por su enfermedad y por su sed de venganza, instinto visceral y ambiguo, que los próximos a la sensibilidad humana, a la constante oscilación ambigua entre bien y mal, entre corrupción y moral, caos y clemencia, plano y contraplano; por la sola razón de ser humanos. Y allí, las pericias de dos hombres: uno, el multimillonario Bruce Wayne, superentrenado para su propósito de venganza contra quienes asesinaron a sus padres. Y en las profundidades del cementerio, erigido sobre la lápida de su mujer muerta: Eric Draven, El Cuervo.
Muerto él, muerta su mujer; resucita con un único propósito, con la constitución primaria y formativa del ser humano: ni el amor, ni la solidaridad, ni el poder; la represalia engendrada por el odio. Entonces el superhéroe gótico, de la lágrima negra, es sincretismo y poesía: en un mar de desahuciados, de conflictos intravenosos y peleas de poder. En esa capa en que acometen y agigantan los seres humanos, El Cuervo se nutre de la efervescencia consumida. Es la aproximación con la aberración mundana, la interacción con el humano, como parte genético de esta sociedad; y esa resurrección, la respuesta a la condición de supervivencia en ese compendio de individuos que habitan sincabeza en un mundo ajeno y fúnebre.

TRAILER DE "THE CROW"

"LA NOVIA VESTÍA DE NEGRO" (1967) François Truffaut

TITULO ORIGINAL: La Mariee était en Noir
DIRECCIÓN: François Truffaut
GUIÓN: François Truffaut & Jean-Louis Richard (Novela: Cornell Woolrich)
REPARTO: Jeanne Moreau, Claude Rich, Jean-Claude Brialy, Michel Blouguet
GÉNERO: Drama
AÑO: 1967
PAÍS: Francia
DURACIÓN: 107 minutos.


Reflexión

Uno se encuentra ante la obra prodigiosa de Tarantino (ya comentada por IMFREAKALOT) en esa mixtura de samuráis, western y suspenso hitchcockiano que fue la doble versión de “Kill Bill”; y entiende, por su originalidad, su amor al lenguaje cinematográfico, y ese apego a lo sustancial del cine: la transmisión de ideas, imaginación y entretenimiento, que no habrá mejores formas de comunicar el mensaje-venganza con la amplitud de universos y lenguajes. Sin embargo, si algo lo caracteriza a Quentin, es la férrea adhesión a la universalidad del cine: todos los lenguajes, géneros y estilos son uno sólo, todos son parte del mismo mecanismo, y por tanto, se pueden deconstruir en millones de propuestas más, diseminar el mensaje en infinitas posibilidades. Y en esa búsqueda por darle a su “Kill Bill” una intención que hable del cine (y sus elementos), encontró en “La novia vestía de negro” (“La Mariee était en Noir”) del genio François Truffaut, el faro que apuntale narrativamente a su guión. La estética ya la tenía: unir el arte oriental de Bruce Lee y la fineza en el trazo de Ozu o Kurosawa; con la sofisticada y emparchada maquinaria del spaghetti western de Leone y compañía. Pero el guión, la base, el espíritu, lo sólido y líquido de una película, la tomó de los dueños de historias. De los amos del emprendimiento narrativo y la sofisticación interpersonal, los creadores de la nouvelle vague y la pasión.
Pero hablemos de Truffaut y su obra. “La novia vestía de negro” trata sobre el asesinato de David Kohler a la salida de la Iglesia cuando éste estaba casándose con Julie. La mujer, para saciar su sed de venganza, emprende una búsqueda de los culpables del crimen de su marido, para posteriormente, ejecutarlos.
En ese simple párrafo se resume toda la obra de Truffaut. Los sentimientos sobre lo negro y lo trágico del mundo, donde las víctimas son los desahuciados, y donde, sin razones aparentes sucede algo que detona la locura o la búsqueda, como en este caso. Entre esa hostilidad recrudecen los instintos y la irracionalidad, ilustrados en un marco poético y sofisticado, en la cura de ese mal.
Ese rasgo, cultivado por su maestro Hitchcock, es lo que termina por desaprovechar el buen François en esta película. Un intento de aproximación al suspenso, lo vuelve errático y hasta predecible. Pero quizás, no fue ese su fin; sino, el de vulgarizarlo, de hacerle un pequeño guiño desde las alturas a su maestro y descubrirlo maníaco y oportuno en el afán de generar siempre una tensión, que a veces no es necesaria. Entonces el sarcasmo y la desconcentración comienzan a tomar fondo en un film caricaturesco pero genial. Con el estilo indeleble que tienen los directores franceses para contar una historia, sombría y parca.

TRAILER DE "LA MARIEE ÉTAIT EN NOIR"

"FOXY BROWN" (1974) Jack Hill

TITULO ORIGINAL: Foxy Brown
DIRECCIÓN: Jack Hill
GUIÓN: Jack Hill
REPARTO: Pam Grier, Antonio Fargas, Kathryn Loder, Peter Brown
GÉNERO: Acción
AÑO: 1974
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 91 minutos.


Reflexión

El cine exploitation se trata de una característica cinematográfica que intenta mostrar de modo morboso, explícito y afanoso, la temática que trata. Este término, que denota un costado prostibular y capcioso, deviene del uso desmedido de publicidad y promoción por parte de un film. Casi todos explotan de manera morbosa y sensacionalista las particularidades explícitas de la película, excluyendo casi por completo la calidad estética, sonora o constitucional del mismo en perjuicio de la narración, devolviendo una obra de baja calidad.
Como todas las cosas del mundo contemporáneo tiene bifurcaciones, consensos y disensos (sobretodo en el arte), existen varias aristas de este subtipo de películas, tales como el sexploitation (no hace falta explicar), el stoner (viajes alucinógenos, en boga por los sesentas), el shock exploitation (el extremo del género) y el blaxploitation.
El blaxploitation tuvo su mayor apogeo a principios de los setenta; comandados por una revolución cultural emprendida por la raza afroamericana, marginada hasta ese momento por todo el cosmos artístico, pero sobretodo por el mainstream hollywoodense y las cadenas televisivas; enfrentando al intelectualismo cultural negro y esta nueva gama que se abría paso en el mercado de consumo masivo. Los filmes estaban dotados de acción, música funk y soul, persecuciones automovilísticas y sangre, antes que nada, sangre: impresión y contusión al espectador.
Quizás, la película más paradigmática y ejemplificadora sea “Foxy Brown”. La historia de una mujer voluptuosa que decide hacer justicia por mano propia, en contra de la corrupción del narcotráfico organizado que ha asesinado a su noviecito, oficial de la DEA.
Y lo cierto es que, más allá de las vicisitudes propias del género, de los huecos notorios y los parches a destiempo, la película entretiene. Porque explora instantáneamente ese mundo, y el acierto narrativo por exponernos frente al conflicto en apenas minutos de iniciado para recobrar un ritmo vertiginoso de muertes, acechos y cadencias funk, donde no importa la solicitud de lo narrado sino la acción por ímpetu propio, para no componer los problemas intrínsecos del argumento, de esa manía casi ansiosa de las películas clase B.

TRAILER DE "FOXY BROWN"

"OLDBOY" (2003) Park chan-wook

TITULO ORIGINAL: Oldeuboi
DIRECCIÓN: Park chan-wook
GUIÓN: Park Chan-wook, Jo-yoon Hwang, Joon-hyung Im (Cómic: Nobuaki Minegishi)
REPARTO: Choi min-sik, Yu ji-tae, Gang hye-jung, Daaa-su Oh
GÉNERO: Acción
AÑO: 2003
PAÍS: Corea del Sur
DURACIÓN: 120 minutos.


Reflexión

Hoy nuestras percepciones del cine se encuentran muy encajonadas, frente a una sórdida pared con letreros lumínicos que destacan, como cualidad única, la avanzada, las nuevas tendencias y el espectáculo del cine: pochoclo, butaca cómoda y espejismos tridimensionales; que nos hace olvidar el aspecto fundamental y constitutivo del cine, de la historia cinematográfica. Ese mismo sistema, reniega que existen tantas artes como personas en el mundo y algunos, decididos claro, a mostrarlo a través de sus películas. Pero el remedio es peor que la enfermedad. Aquí, mientras la globalización avanza descaradamente, arrancándonos de nuestra isla, de nuestro continente desértico de idiosincrasias, nos vemos obligados a contribuir (por falta de decisiones institucionales) con ese espectáculo del cine, con los nombres y carteles atractivos, que, de vez en cuando, dejan escapar sesgos de genialidad, pero que en su mayor porcentaje nos inyectan dosis de placebos artísticos. Es por eso que el gran público consumidor de cine no sabe, ni imagina, las posibilidades de otro cine: no industrializado, o cuanto mucho, no genérico. Tanto acá como en otros lados del mundo, se hace cine de la misma manera que en Hollywood, con temas y referencias mejores o más elevadas que en el gran Imperio norteamericano. Y de esa manera, se priva al público de disfrutar grandes joyas del cine, inclusive ahora, cuando los genios-directores han muerto, los independientes están tentados y lo que queda es un par de proezas banas.
“Old Boy” es la gran película del cine oriental de las últimas décadas. Se reúne allí, comprimido, exacerbado y hasta distribuido, todos los giros, lenguajes e idiomas del cine, enmarcados en una historia trágica, cruel y verosímil.
Es la historia de un hombre que, sin motivo aparente, es encerrado durante quince años en una celda con un televisor, y no tiene otro contacto con la realidad más que ese aparato y la mano que le sirve comida a través del sesgo de la puerta. Una vez liberado, emprenderá una batalla para esclarecer el porque de su encierro y el asesinato de su mujer, mientras él estaba cautivo.
Aquí se encuentran dos puntos inalterables de conexión y narración. Primero, una venganza extrema y autoritaria, como un reflejo que se expande en la morbosidad de poseer algo, aunque sea una vida humana, para alimentarla y conservarla en la bajeza. Ese síntoma de venganza (una venganza metafórica de la raza humana), es la crítica contra un sistema, el del cordero: predicado por tantas ideologías y religiones.
Por otro lado, se encuentra la venganza per se. Como mecanismo autodestructivo del ser y por tanto, de la raza humana. Una lucha de verdades que se enfrentan nada menos que a un espejo, a una realidad que vomita en la cara del protagonista.
La genialidad del surcoreano Park chan-wook se encuentra en la capacidad de liberar estilos y formas de transmisión del mensaje. No se contenta con explorar la tragedia de su personaje, sino que lo expone, irremediablemente, al desatino de su contratiempo, con sarcasmo y animadversión. Definiendo una de las cintas con más matices de los últimos tiempos.
Si no fuera por la industria del showtime y los oligopolios cinematográficos, nos encontraríamos (nosotros, el gran público de cine) de vez en cuando, con algunas de estas joyas. Sin embargo, el tren pasa muy rápido y es mejor atreverse al desafío de reflexionar sobre “Lluvia de hamburguesas” o “Avatar”.

TRAILER DE "OLDBOY"

IMFREAKALOT cumple 1 año (Feliz Cumpleaños para mí)

Queridos lectores,
Imfreakalot está cumpliendo un año en este macromundo inconmensurable denominado internet. Por este motivo, quisiera festejarlo con ustedes haciéndoles un obsequio. Quien guste, puede descargarse el primer compilado de IMFREAKALOT desde ACÁ.
Pero antes de escucharlo, hagamos juntos un repaso de todas las canciones (y los motivos) que incluyen este imprescindible disco para el auto, para el iPod, para su vida cotidiana. Una mezcla de estilos, estéticas y búsquedas musicales que harán el disfrute de sus tardes; bailando, cantando o acompañándolos al son de la música.
Gracias por acompañar a IMFREAKALOT durante todo este año, y espero, que sigamos juntos varios años más.

Un abrazo de amor
IMFREAKALOT


1. Rick James – Superfreak
Él, ella, aquél, éste, todos somos freaks: no como un comportamiento privativo de las manías errantes o de las locuras desmedidas; sino, que en nuestra vorágine de supervivencia, intentamos sobrevivir díscolamente en un ecosistema chato, correcto, mecánico. Cualquier sesgo de fantasía simpática o de aprehensión a lo inusual nos hace ser freaks, raros, incongruentes con ese sistema de vida. Aquellos que salen de esa media incorpórea, monótona y aburrida, los declaro: Superfreaks. Y éste, nuestro himno nacional (más allá de que Rick James se lo haya dedicado chabacanamente a alguna señorita que acompañó una velada lujuriosa con él; de nada importa).

2. Pixies – Here Comes Your Man
Pixies fue la banda que encendió la flama inquieta del rock alternativo, cuando el pop lo acechaba todo con sus samplers y sus canciones gancheras; ellos, inundaron la radio con dos éxitos: éste (“Here Comes Your Man”) y “Where is my Mind”. Influenciando a una generación posterior que, por un tiempo (Kurt Cobain a la cabeza), parecía que la plegaria de Neill Young (“Hey hey, my my, rock and roll never die”) se haría realidad. Aquí, las cenizas del espanto, mixturando el ruido (noise) con la balada pop playera.

3. Talking Heads – (Nothing But) Flowers
David Byrne es un inquieto navegante de los mares de la exploración del sonido. En Talking Heads pudo explayar su ensayo, su grano de arena, sobre el arte de combinar ruidos y silencios, incorporando a los sonidos metálicos, herméticos y bastardos del pop británico, varias acepciones de transfusión latina, africana: dándole vida a un engendro en movimiento inclasificable donde lo más importante era el entretenimiento sostenido.
“(Nothing But) Flowers” es un tapado dentro de su itinerario perenne.

4. Morrissey – Interesting Drug
El poeta llora, ama, ríe y canta. Cada inflexión de su voz parece un quejido en contra (o a favor) de la vida. Ese es el arte de Morrissey, uno de las últimas plumas prodigas de la industria roquera británica. Sostenida por su sensibilidad, por el suburbio y la melancolía; hoy se mueve como aquel jovencillo inquieto que elevó su cabeza de la superficie, al mando de The Smiths, para iniciar una nueva etapa en la música contemporánea.

5. William Shatner – Common People
Entre las puertas de hologramas, el láser y las estrellas, como un viaje en el Enterprise. William Shatner, o mundialmente conocido como el Capitán Kirk, ha esculpido una piedra que, con el tiempo, ha tomado una forma simpática para la música contemporánea. Es que ha probado tantas cosas en su vida, como por ejemplo, escribir y capitalizarlo en cuatro discos, en donde locuta sus poemas con un fondo musical acorde. Algo extraño y discordante, casi funcional para las bandas de sonidos de consultorios odontológicos o ginecológicos. Sin embargo, con el tiempo, ha ido puliendo esta práctica, brindado al espectáculo una mejor forma. En este tema, un gran cover de Pulp, fusiona la versatilidad de su prosa con el impactante marco musical que le da un nuevo sentido a la canción original, incorporando coros y efectos de sonido gratos para el oído.

6. Agrupación Mamanis – Correo interno
IMFREAKALOT también es pueblo, carnaval, orquesta y papelitos. Con el tiempo ha comprendido que las músicas populares (denominadas menores; llámese cumbia, cuarteto o cachaca) son necesarias para la vida de cualquier ser humano. Explorando su parte más metafísica, uno encuentra el sentido de pertenencia de la gente: y no porque quien escribe no se sienta parte de ellos, sino que le resultaba incomprensible. En la cadencia de su ritmo, en el golpeteo constante, en ese un dos tres asonante se encuentra la forma más básica, necesaria, para que el cuerpo comience a agitarse, y por fin, lograr una comunión espiritual entre música, físico, corazón y cabeza (que es la que descansa).
Agrupación Mamanis, rama tropical de Las Manos de Filipi, proponen mezclar el canto protesta, panfletario, la voz del pueblo, y llevarla en racimos de bailanta en arenas movedizas. Brindo por el obrero que se mueve al son de la cumbia, déjenme acompañarlos.

7. Los Shapis – Borrachito, borrachón
Si hablamos de música tropical, los principales exponentes de este ritmo, la cumbia andina peruana, creado a principios de los ochenta, fueron Los Shapis (no yuppies). Son el monumento viviente que luego, en múltiples países de Latinoamérica: precisamente en Ecuador, Colombia, Argentina, Chile y Uruguay; sembraron la semilla tropical al ritmo de canciones con letras simples pero que incitan (por lo ya expresado) al movimiento necesario, a la comunión inmediata, al despojo de la lectura intelectual hacia la partitura porque, aquí no se necesita más que el cuerpo y el sudor para expresar las notas. Gran éxito para bailar en cualquier cumpleaños, casamiento o bar mitzvah.

8. Rita Indiana y Sus Misterios – La hora de volver
Rita Indiana ha creado un ritmo inextricable fusionando la salsa, el merengue, con la locura tecnológica y los ritmos electrónicos, con letras surrealistas y rapidísimas. Este experimento locuaz y sin rótulo, prende al baile, al éxtasis, proveniente de su República Dominicana natal, ha sabido enredar con todos los matices propios de estos estilos, la simplicidad inherente a la música folclórica de su país. “La hora de volver” es una prueba a nuestros oídos que parecen dejarse llevar por la cadencia alucinógena que se desprenden del tambor bucólico que resuena a lo largo del compás.

9. Néstor Garnica – El olvidao
“Violinero del tiempo” y “Violinero del Apocalipsis” son algunos de los eufemismos utilizados para destacar la prestancia interpretativa de Néstor Garnica, músico bandeño (La Banda, Santiago del Estero) que ejecuta el violín desde el alma y le pone corazón a cada una de sus interpretaciones”, dice a modo de presentación su página web oficial. Y todo lo que se dice allí, suscribo con fanatismo. Por otro lado, el Duende Garnica, autor lúcido y comprometido de nuestro tiempo, de los últimos del folcklore nacional (bendecido por la eterna Mercedes Sosa). Ambos (comparten tradiciones y apellidos), le dan vida, fuerza y ánimo, en este himno de los desprotegidos, que, por esas guachadas de la vida, son la mayoría en su Santiago del Estero natal.

10. Los Kjarkas – Tata Inti
Lo que suena en el eco de sus erkes, sikus y tambores, en sus cuecas y wayñus, es la voz de un pueblo que hoy comienza a despertar (viva la r-EVO-lución) y que por aquellos tiempos, en que iban de pueblo en pueblo levantando plegarias, en carnestolendas, en peñas; son el resuello de un sueño que hoy comienza a despertarse en el horizonte, en un equinoccio eterno que da aliento a sus vidas. Es la voz de la tradición, de la sangre, de los pueblos originarios, arrebatados de su privilegio, de sus creencias, de su forma de vida e idiosincrasias. Y en ese canto eterno de Los Kjarkas, en ese grito primitivo que se hace pronunciación en el tiempo, a través de la Quebrada, se dibuja en el aire a los kollas que vadean el monte en su sed de rebelión de paz. Este es el homenaje de IMFREAKALOT, hecho canción, para un pueblo que por siglos permaneció subyugado bajo el poder infame de los intereses económicos. Este es el homenaje de IMFREAKALOT para Bolivia y sus VERDADEROS habitantes.

11. Israel Kamakawiwo´ole - ´Ama ´ama
Y si de pueblos originarios se trata, Hawaii, que ha sido expropiado por el gran Imperio en tiempos de la colonia; su arte, su idiosincrasia y su creencia, ha sabido convivir con la de occidente, permaneciendo en continuo flujo de intercambios culturales. Su particular música, centrada en las bases del ukelele, tiene aromas de esa tranquilidad que transmite la vida por esos lares (y que ha nosotros, nos es imposible de concebir por la lejanía). Las historias familiares, la religiosidad, las leyendas, son transmitidas de una forma poética inconmensurable a través de un estilo que convoca a los ritmos pacíficos y las odas a la vida en la isla.
Israel Kamakawiwo´ole, fallecido en 1993, ha sido uno de los artistas que lograron trascender más allá de la isla. Aquí, uno de sus temas “´Ama ´ama”, haciendo uso del estilo traditional (combinando el idioma hawaiano con las técnicas de improvisación).

12. Guillermo Vilas – Tu eres para mí
¿Qué lo lanzó a cometer tal empresa? ¿Quién lo aconsejó para cometer terrible osadía? No se sabe. Lo único cierto es que, Guillermo Vilas, usufructuando la impunidad que le otorga su rótulo de deportista héroe, tomó un par de lecciones con algún profesor de guitarra, tardó el tiempo necesario (digamos un par de días) para tomarse unas vacaciones en Punta del Este y ponerse a escribir los temas de su único (por suerte) disco, que lo lanzó al abismo de las excentricidades, provocando vómitos en el aparato auditivo de sus fieles fanáticos. A partir de ahora, un par de bizarriadas, comandadas por el Gran Willy y su éxito noventoso, “Tu eres para mí”.

13. Miguel Ángel, El Mochilero – El mochilero
En 1969, hizo su aparición en los medios (pocos por aquella época) un ignoto cantante amateur autodenominado “El mochilero”, que con canción homónima, y como si fuera poco, acompañado de un vestuario acorde; hizo las delicias del público que, evidentemente, tenía los oídos tapados por un significativo cúmulo de cera. Sin embargo, algo tiene esta canción que hace que me guste un poco. Será la cadencia o el intento desenfrenado por insertar caprichosamente la forma jadeante del cantar de Sandro, los amaneramientos de Raphael y los gritos disonantes de Palito Ortega.
Una simple muestra de su talento poético: “Mochilero, mochilero, mochilero soy señor. Y mi casa llevo a cuestas como lo hace el caracol”. Una genialidad.

14. Ornella Vanoni – L´Appuntamento
Las canciones clásicas italianas me despiertan en la cabeza, en el imaginario, diferentes imágenes. De paisajes, de calles adoquinadas, de góndolas que dirigen su rumbo por el río de Venecia. Mejor dicho, se despiertan en mí, todas esas imágenes del cine neorrealista (de Fellini, de Antonioni, de De Sica, de Rossellini, etcétera) que han agudizado mi gusto por el cine y que, inconscientemente, me han transportado a su cosmos. Entonces, esas postales parecen dibujarse costumbristas en mi memoria, empujadas por la sazón de la música. Ésta es una bella canción de Ornella Vanoni, en aquellos tiempos de inocencia, que nada tienen que ver con el cine de Visconti o De Santis, pero en mí despiertan esa impresión.

15. The Blindfolded Pianist – Super Mario Bros / Underworld Theme
Esto es freak. Un chabón que ha sacado un disco por sus insoslayables dotes como pianista pero, que en vez de tocar tradicionalmente el piano, lo hace con los ojos vendados. Hasta aquí, puede llegar a ser curioso y hasta exaltante. Pero el repertorio del flaco (vaya a saber uno de que se ha alimentado durante toda su vida), se basa en canciones de videojuegos, de bandas de sonido y publicidades. Sin dudas, el capo éste tiene una innegable plasticidad para moverse a través de las teclas de su piano y para graficarlo, dejo esta amena versión del tema de “Super Mario Bros” (¿quién no lo ha jugado alguna vez en el Family Game o Nintendo?), banda de sonido de mi infancia.

16. Cab Calloway – The Reefer Man
Si, está hablando del FASOOO! Y de la historia de un hombre que fumaba tanto porro que voló por los aires. Cab Calloway, era uno de los exponentes del jazz y las bigbands de principios de los cincuenta en el circuito musical de Estados Unidos; cuando la música negra invadió las calles y fue adoptada por los blancos (que tanto los despreciaban, pero les resultaba simpáticos como se movían). En esta canción, con poca sutileza, el viejo Cab sienta un precedente en la historia de la música; quizás, la primer canción que hable abiertamente de la marihuana: la droga del diablo, prohibida y perseguida por años por los gobiernos de turno.

17. The Shaggs – Philosophy of the World
Frank Zappa ha dicho: “es la tercer mejor banda de la historia”. Cobain respaldó esto, ubicándolas dentro de sus cinco bandas preferidas. Me preguntó yo: ¿qué escucharon? Habrán escuchado bien a estas trillizas regordetas (salidas probablemente de una iglesia presbiteriana) ejecutar (como una forma de decir) de manera aleatoria sus instrumentos o, ¿lo habrán hecho bajo la influencia de alguna droga psicotrópica?
Lo cierto, es que si uno escarba (con mucha paciencia) los sonidos de The Shaggs encuentra el germen de la música de The Strokes, o quizás Radiohead, o quizás Gloria Trevi, o Ricky Martin. Es tan inasible el amateurismo con que tocan que podría englobar todas y cada uno de los géneros que han alimentado al rock a lo largo de la historia. Entonces, no sé si me encuentro ante tres adolescentes que no saben tocar o ante una revelación musical que ha proveído de ideas a la música que más nos hace vibrar.

18. Beck, Devendra Banhart & MGMT – Master Song
Si hablamos de demencias y experimentación, para grabar esta canción se juntaron tres estandartes de la música experimental; inquietos, intrépidos y surrealistas. Beck juntó al excéntrico Devendra Banhart y a los synth pop MGMT para homenajear a otro freak de la música, Leonard Cohen. Esta canción es el producto demente de esa ensalada. Muchos ruidos de instrumentos no tradicionales, percutidos, rasgados o punteados, la incorporación de efectos aleatoria e indiscriminadamente a las voces, y, sobretodo, una sobrecarga barroca de sonidos que le dan a este funk rapeado un cierto aire de incontinencia musical, atomizándose en diferentes maneras de ser escuchado y percibido.

19. Frank Zappa – Jesus Thinks You´re a Jerk
En algún post que hicimos en IMFREAKALOT propusimos que Frank Zappa sea el Rey Freak. No caben dudas que sus excentricidades, su sarcasmo y su música (bastarda de rótulo) es el telón que abre paso al espectáculo: a las pantomimas, a la comedia. “Jesus Thinks You´re a Jerk” es uno de las póstumas canciones de este engendro inconmensurable de la música en donde nos abre el amplio abanico que por siempre a identificado a su repertorio. Aliteraciones rítmicas, juego de palabras, varios arreglos instrumentales, pausas, bailoteos, etcétera. Que mejor para un freak que tener a mano, en Frank Zappa, el catálogo del gran freak perdedro.

20. Led Zeppelin – Black Summer / White Mountain Side (Instrumental – En vivo)
Para el final, los dejo embelesarse con la textura de los sonidos que emana el instrumento fundacional del rock, con uno de sus ejecutores fundacionales. En este momento, es cuando las palabras están de más, para darle paso al ritual más apasionante de la historia de la música: donde el roquero ejecuta y el espectador siente, y se produce una comunicación inocua, aunque emotivamente extraplanetaria. Este es el sello de amor cuando el rock es la excusa, el medio, o la celestina. Señores, por un lado, Jimmy Page; por otro, ustedes. Todo lo demás es amor.