"AMAPOLA DEL 66" - Divididos

Yo que soy de oídos tuertos para la objetividad. Que desayuno con la contratapa del diario para no sentir el filo de la realidad dar contra mi jeta: algo de astucia, pero, antes que nada; disimulo, temor, quietud.
Una vara que mide y se coloca por encima de unas expectativas intangibles – tornémosla sólida para este caso –; algo voluble, caprichosa y totalmente subjetiva, cuando se trata de una banda que ha alimentado mi gusto por la música, que ha hecho crecer en mi, la flama roquera que hoy contengo en mis entrañas. Esas expectativas, acrecentadas luego de ocho años de esperas, de incertidumbres y de pruebas, se colocan subrepticiamente sobre esa vara, haciéndola fútil en su naturaleza, prescindiendo de ella. Entonces, ya no hay ni disimulo, ni temor, ni quietud, ni nada. Sólo mis oídos prestados a la audición más que emocionante, atenta y entregada a los ritmos: o, al rito salvaje que propone la aplanadora del rock.
Y en esta vuelta, en esta entrega carnal entre banda y fanático, entre creador y niño expectante, una nueva cachetada. Un nuevo fin hacia lo desconocido, una reinvención: el pasado transformado en presente, en confirmación o, como reza Mollo en su temazo – especialmente elegido – de promoción, que bautiza al disco “Amapola del 66”: “no es reedición, es redención”. Un ir y venir a las fuentes, aquellas que fundaron la naturaleza de Divididos y las volvieron barro, unción, grito primal, haciéndolas parte de un repertorio que ya no es puramente el salvajismo del rock (o, el aplanamiento), sino, que viene en cataratas de sutilezas, de trabajo forzoso en el detalle, en la experimentación y el recreo, pisando en cada nota sus reminiscencias fundacionales, su gen primitivo.
Y luego, en las continuas pasadas del disco se desprenden las aristas para redescubrir nuevamente a Divididos y para decir, sin temor a equivocaciones, que “Amapola del 66” fija un antes y un después en su música e itinerario. Primero, en la clara solidez de Divididos como un dúo, ya con un baterista aditivo (el cuarto en la historia del grupo: Collado, Gil Solá, Araujo y ahora, Ciavarella); en la fusión orgánica e inconsciente de Mollo-Arnedo para distribuirse a lo largo de las canciones, marcando los ritmos de su despertar y ocaso, explotando y quitando información. Allí, en el polvoroso ruido de acordes, se nota el ajuste de ambos para poder salir sin fisuras: el dúo consolidado.
En segundo término, el sobrecogedor ambiente que rodea al disco. Un clima despojado y cálido, con sonido rural, lejos del asfalto, la polución y el ruido. En esa lentitud campestre, en ese aire de frescura y no alienación, se recrea la atmósfera de “Amapola…”; porque no suena al metal, sino, a la sensatez y tranquilidad.
Y por último, el engranaje final: asumir ser parte de un pasado que no los aterra. Divididos, lo reivindica, pero no para copiarlo y tomarlo nuevamente para su repertorio. De hecho, ninguna canción se oye como otras en su historia; todas están preñadas de un aire nuevo, con fragancias de un pasado setentoso y el afincamiento de espíritu y materia en la tierra, en las raíces y en la historia que por siempre marcó el repertorio de Divididos.
“Amapola del 66” es un disco para redescubrir a Divididos. Acaso, si usted se encontraba perdido en el mar de un rock argentino sin ideas, ni horizontes, ni poesía. O, esperaba un nuevo narigonazo; acá, usted entrará en un cosmos diferente que nos conecta con el gen escondido de Mollo-Arnedo: la experimentación de la mejor época del rock y las raíces de nuestra música siempre desoída, siempre última al paso.

DIVIDIDOS, "AMAPOLA DEL 66"


TRACK A TRACK
No se deje llevar por la primera impresión: si, el slap del bajo de Arnedo le da paso al vivoreante y siempre bienvenido riff de Mollo, dándole vida a Hombre en U, la canción que más se asemeja al Divididos añejo. Sin embargo, el tema se dispersa en unos arreglos frenéticos, propios de una guitarra con fuertes ascendencias hendrixianas y de esa forma se disemina para abrir una copla en el aire y luego, volver todo a la normalidad.
Y el cambio radical comienza a tomar forma con la canción anti-alienación Buscando un ángel, un reggae le da vida al furioso grito de Mollo en una canción con futuro de himno recitalero, alcanzado la fluida variación de ritmos que se hace más notoria en Mantecoso: un ritmo funk desenfrenado que se corta subrepticiamente por un solo casi aquietado, otra vez, vuelven a la cabeza, al oído y los sentidos, las destrezas musicales de Hendrix, de Clapton, Townshend o Page en plena experimentación alucinógena y creativa. La alteración de ritmos, la búsqueda imperceptible por la perfección, por una sinfonicidad inaudible choca en todos los extremos en la bella Muerto al laburar: donde la crítica al sistema de mitos post-morten del músico (en clara alusión a Luca) aparece como excusa para reivindicar al mentor, al ídolo de ojotas. Y en ese sentido, entre la experimentación con los sonidos de una vieja era transformados y la mística música del telurio, se agazapan en la extensa e inolvidable Amapola del 66. Un tema que explora todos los estados de la música de Divididos, en extensión, profusión y violencia, recordando (caprichosamente) a una llama aún encendida recogida de la música de Yes, en la mejor etapa de Ian Anderson. Emocionante y eficaz.
Amapola… también suena a híbrido, entonces, es el perfecto portal hacia la segunda parte del disco, donde inaugura la chacarera La Flor Azul (con acompañamiento de Peteco Carabajal en violín), de la autoría y pertenencia del padre de Diego, Mario Arnedo Gallo. Para que no queden dudas que Divididos es aplanadora en todos los estados y a través de todos los ritmos que se proponen edificar. Y si hablamos de Arnedo, tiene su protagonismo en Avanzando retroceden, una mística canción a puro pulmón y guitarra criolla, oscura a lo Velvet Underground, que se presenta como una incógnita en el disco en claro homenaje a los héroes fundacionales del rock argentino.
Pero el terruño vuelve y alimenta las fauces creativas de Mollo, quien encontró un lugar en el mundo, de inmersión creativa, de oasis espiritual en Tilcara, provincia de Jujuy. Y su forma de homenajearla, sin preámbulos ni tratativas, es con dos canciones atravesadas por un poema ignoto del artista local Churqui Choquevilca, Senderos y Jujuy. La primera, la mezcla de aquel Divididos de antes (en concordancia con Hombres en U) y los ritmos dispares, eléctricos y expansivos que marcan todo la canción y que tienen su punto de encuentro con The Who o Cream. Y la segunda creación es una copla que traen y diseminan los vientos del altiplano con la fortaleza de la banda: las guitarras desparejas en pleno aire de alucinación, con la inclusión de sonidos extravagantes que refuerzan al tema y le dan un vuelo poético excepcional. De esa manera, le sigue Caminando, una buena mezcla entre el Glam Pop de Bowie y las guitarras virtuosas de Spinetta, donde Mollo – como en todo el disco – da una muestra de su capacidad vocal sin frenos y lo adereza con un solo monstruoso. Pero el punto más alto del disco – dentro de una obra más que excelente – es la épica Boyar Nocturno. Si se acuerdan (aquellos fanáticos de Divididos) de “Indio dejá el mezcal / Cristóforo Cacarnú”, Boyar… es la expresión in extremis de los sonidos primitivos, del rito aborigen con guitarra de Hendrix, con enfermiza hipnotización, le da fundamentos a Mollo para eternizar su guitarra en un solo que está a la altura de aquellas odiseas guitarrísticas como en “El arriero” o “Voodoo Chile”.
Y finalmente, una confusa sintonía radial en la que se conjugan una cumbia maltrecha y una opereta antiquísima le da inicio a una patada instrumental en el superfunk El perro funk, donde aparecen nuevamente aquel Divididos infaltable, infalible y aplanador del “Nene de antes”, “Que tal” o “Cabeza de maceta”, pero ahora, con nuevos aires y nuevas perspectivas, mezclando en la coctelera a los Peppers, un Rottweiler y la dispersión de un bajo muy Joy Division.
Y ansí nomá y ansí se van… dejando un aire reconfortante en nuestros pulmones de rock argentino, siempre deseosos de creatividad – tan poca en estas eras –, y que felizmente, nosotros público obtuso, podemos vanagloriarnos que los Divididos son de acá. Para finalizar, el homenaje emocionante y necesario en Todos, en honor a los chicos de la escuela Ecos que murieron trágicamente en una ruta santafesina, un blues desgarrador sustentado en la voz y guitarra de un excepcional Mollo, y el lema que se repite para no olvidar, para salpicar nuestra memoria: “todos fuimos, todos somos, todos podemos ser…”

DIVIDIDOS, "BOYAR NOCTURNO"


DIVIDIDOS, "MUERTO A LABURAR"

V DE IMFREAKALOT

En el universo narrativo del cine existen grandes temas que, tratados de infinitas maneras, nos conducen al mismo problema. El amor, el odio, la vida, la muerte y la venganza son el centro de discusión en las que el cine basa sus preceptos y los convierte en comedia, drama, acción, ciencia ficción y aventuras de toda índole.
A partir de este momento, Imfreakalot quiere presentarles a ustedes, veinte películas (comenzando con estas cinco a continuación) sobre la venganza: el instinto que se esconde bajo la piel de todo ser humano cuando se es esforzadamente declarado ante algo. Esta selección responde a un capricho editorial de su presentador ya que, de alguna manera u otra, Imfreakalot quiere hacérselas llegar para que ustedes tengan una noción de lo universal, grande y abarcativo que es el cine.
La venganza.

Un saludo
IMFREAKALOT

"V DE VENDETTA" (2005) James McTeigue

TITULO ORIGINAL: V for Vendetta
DIRECCIÓN: James McTeigue
GUIÓN: Larry y Andy Wachowski (Cómic: Alan Moore)
REPARTO: Natalie Portman, Hugo Weaving, Stephen Rea, John Hurt
GÉNERO: Acción
AÑO: 2005
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 132 minutos.


Análisis


Se pueden explorar nuevos caminos cuando ya está todo inventado. Inclusive, la forma más voluble de representación se puede tornar atractiva, adquiriendo ribetes dramáticos todavía no explorados. Sin embargo, en ese entrecruce de intenciones, demandas y hechos, algo queda en el camino, guardado en un neceser: el de las expectativas truncas.
Lo que pasa en “V for Vendetta”, la odisea distópica de los excéntricos hermanos Wachowski (en este caso, participando como guionistas, adaptando el cómic de Alan Moore) es, además de un intento de reivindicación de la raza humana: positiva y moral, es, la consumación de una aproximación más o menos acertada a la paradigmática y apocalíptica novela de George Orwell, “1984”.
Lo explorado en el film, subyace al análisis político, ya que, además de encontrar varios puntos en común con la novela profética de Orwell, se alimenta de un romanticismo inusitado. Quizás, por la contraposición de las figuras principales – el misterioso V y la chica bien-evolución-guerrillera –, o, quizás, por un instinto de supervivencia narrativa que deposita toda la confianza en un final a gran escala, sin temer el previo proceso de los acontecimientos. Por eso, la almibarada construcción de los hechos en el desarrollo del film, en parte, se debe a una no confrontación con lo expuesto, con la rígida concientización de que si es verdadero, que si puede pasar, que si, demos armas filosóficas al pueblo. El mensaje – este proceso – queda oculto en lo atractivo del film, en la rimbombancia de las imágenes y el juego infinito de las balaceras y la nueva tecnología. En las explosiones poéticas: las voladuras de las cúpulas edilicias como forma metafórica de derrocar a un poder absolutista. Las canciones que hablan del amor, mientras, el trasfondo de los gritos y la balacera configura el paisaje filmográfico. La presencia de un héroe todopoderoso, un Ernesto Guevara robocopizado, que será el guía solitario, algo quijotesco, en búsqueda de la libertad.
En el medio de las miserias espirituales, donde la ceguera de un todo acaparador, ignominioso y terrorista encapsula la libertad del ser de una sociedad sumisa; en “V de Vendetta” prima la balacera, el efecto especial y la posibilidad de prefijar una sintonía que no transfiera el límite de la censura, la contradicción y la polémica. Allí es donde ganan – en un paralelo algo siniestro impuesto por este narrador – los del poder absoluto que quieren pan y circo, mientras, las cucharadas del puchero intelectual las deglute el gusano del basural. Allí es cuando el cine se muestra inválido y esclavo de las necesidades económicas, porque, cuando se tiene un firme argumento, se lo convierte, irreductiblemente, en la necesidad oprobiosa de hacerla redituable.
En fin, si quieren ver acción y mutaciones, “V de Vendetta” es una de las más indicadas; pero, no esperen una epifanía cinematográfica, porque, al fin y al cabo, el cine es entretenimiento y pochoclos para todos.

TRAILER DE "V FOR VENDETTA"

"KILL BILL (VOL. I & II)" (2003/04) Quentin Tarantino

TITULO ORIGINAL: Kill Bill Vol. I/Vol. II
DIRECCIÓN: Quentin Tarantino
GUIÓN: Quentin Tarantino
REPARTO: Uma Thurman, David Carradine, Daryl Hannah, Michael Madsen
GÉNERO: Acción
AÑO: 2003/04
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 110/137 minutos.

Análisis

En el inventario de Quentin Tarantino se fusionan las herramientas del cine universal. Un popurrí de lenguajes que configuran la visión de este profuso director contemporáneo. La venganza, cabe remarcar, uno de los temas predilectos del cine de todos los tiempos, adquiere aquí, en la doble función de “Kill Bill” su estado más excelso, profundo y abarcativo, como jamás nadie haya contado. Partiendo de la premisa, de la idea somera, Tarantino abre todos los campos posibles, abrigando al argumento – como dije, somero e indestructible – de todas esas herramientas que nutren a su yo creador. La fusión de los elementos que han participado en él, las inquietudes de su plasticidad artística: alegorías del western – el género venganza por excelencia –, las películas samurai de los setenta, el animé, las películas clase B de los años sesenta y la pletórica narrativa que aparecen en sus antecesoras obras, convergen en el relato de manera automática y sincrética, sin yuxtaposiciones, como formas obedientes de expresión que no remiten al mero capricho artístico, sino, a una urgencia estética que le da vigor y solvencia al relato; que le aporta policromía de manera tal, que, a modo de muñecas rusas, encierran otros relatos y así sucesivamente.
Lo logrado por Tarantino en “Kill Bill” es la confirmación de su capacidad narrativa, respaldada por la sólida estructura. La idea ya exteriorizada en “Pulp Fiction” aunque asimétrica de contar por capítulos, se vuelve aquí, la carta mejor guardada para destrozar – en el buen sentido – las estructuras, para atomizar el relato y volverlo parte de una novela épica, donde nuestra heroína (Beatrix Kiddo, AKA Black Mamba, AKA
The Bride) forma parte de esa revolución narrativa en el juego de tomar y sacar información que construye, al fin y al cabo, el espacio para desarrollar las tensiones, para desempolvar lo atractivo del film: lo inesperado.
“Kill Bill” no sólo es la síntesis de las esteticidades que forjaron la imaginación de Tarantino, también, es la exposición de todos los elementos cinematográficos que revalorizan a la obra en su más exiguo tratado: la ya mencionada estética (con todas sus policromías), la música, el color de los personajes, los guiños en su máxima expresión: donde aquí Tarantino no especula con nada, sino que la sobrecarga de pequeños detalles que hacen felizmente demente al film; y finalmente, el sello irreductible de su creador, la sangre a borbotones, las degolladuras, los textos lascivos y filosóficos, los planos “pie-fetichistas” que aparecen en todas sus películas.
Lo que nos queda, es la sensación de que Tarantino nunca defrauda, ni a sus más fundamentalistas seguidores, ni a los críticos de reojo que especulan con la locura del director para ensartar la daga de la hipocresía. “Kill Bill” era, hasta “Inglorious Basterds”, la mejor obra de Tarantino, porque pudo en ella, otorgarle su más suculenta inventiva y sobretodo, un guión explosivo que determina el carácter natural de su cine.

TRAILER DE "KILL BILL VOL. I"


TRAILER DE "KILL BILL VOL. II"

"UN DIA DE FURIA" (1992) Joel Schumacher

TITULO ORIGINAL: Falling Down
DIRECCIÓN: Joel Schumacher
GUIÓN: Ebbe Roe Smith
REPARTO: Michael Douglas, Robert Duvall, Barbara Hershey, Rachel Ticotin
GÉNERO: Drama
AÑO: 1992
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 112 minutos.


Análisis


En una ciudad oscura, que sirve de escenario para que el resentimiento se refugie en los rincones, la intolerancia late en todas las expresiones cotidianas. Tras ese manto, que se guarda silencioso, suena un rugido interno en las personas que consumen ese odio transformado en derrotismo, en animadversión. En este caso, Los Ángeles sirve como escenario-espejo de una sociedad que se conduce hacia el ostracismo turbulento, rumiando los fracasos que funcionan como fuerte sentimiento adverso contra todo lo que rodea. Y es posible que así sea, los altibajos económicos, que sirven de sostén en una sociedad materialista, son el puntapié inicial para que todo se conduzca hacia un nivel descendiente de fracasos sucesivos.
No es casual entonces, que la venganza aquí se perpetre como forma exclusiva de redención espiritual. Lamentablemente, para la moral – siempre esquiva para los doctos y tribunales – este acto de impureza eclesiástica lo sitúan, en este caso al protagonista, el cordero Bill Foster, en el lado oscuro de la vida. Y allí, los directores. Algunos, adoptando la sensibilidad crítica de las sociedades (“Elephant” de Gus Van Sant, “A History of Violence” de David Cronenberg) y otros, alentando al espectador al rol victimicida de esta clase de bacterias que renacen como quistes de la armoniosa sociedad (el caso de esta película o “Monster” de Patty Jenkins). Lo positivo del relato de “Falling Down”, es la patología in crescendo de Foster, explorada en niveles precisos por Joel Schumacher, su director, funcionando como una especie de crónica suburbana, se mete en la vida del personaje que rebuzna las asperezas del día a día para transformarlas en odio, en furia, en un grito desprevenido y aleatorio que busca un poco de sosiego. Está claro que existe un precedente paradigmático: “Taxi Driver” es una suerte de guía callejera para todo realizador que se mete en estos asuntos. Y tampoco es casual que sea un tema que inquiete a los directores. ¿Por qué? Porque situados en una sociedad que construye su nivel de vida entre las victorias y los fracasos, sobretodo, sostenida por la economía, es tema recurrente. Por lo mencionado, Schumacher se mete en la piel de un cronista de la realidad, porque quien habita por esos lados (llámese Los Ángeles, como Buenos Aires, Tokio o París) puede sentir ese movimiento latente de condensación caótica, de vulnerabilidad ante las cosas que suceden. Atravesada por los medios de comunicación: La intolerancia se respira día a día como parte de un ecosistema que hace prevalecer al más apto y por esto, genera en el relegado este sentimiento. Las palabras están de más y se da paso a la acción, contenida, que se ejecuta de manera violenta. A partir de esto, el debate, la sociedad construye un lugar donde lo que queda es la irracionalidad, el acto reflejo que prevalece ante los agravios inconscientes de una sociedad que lo genera.

TRAILER DE "FALLING DOWN"

"IRREVERSIBLE" (2002) Gaspar Noé

TITULO ORIGINAL: Irrèversible
DIRECCIÓN: Gaspar Noé
GUIÓN: Gaspar Noé
REPARTO: Vincent Cassel, Monica Bellucci, Albert Dupontel, Philippe Nahon
GÉNERO: Drama
AÑO: 2002
PAÍS: Francia
DURACIÓN: 99 minutos.


Análisis


La venganza es un instinto palpable que recrudece en el alma sosegada de las sociedades contemporáneas. Cualquier instante, cualquier roce o provocación diminuta, es la gota de sangre que derrama el vaso de la violencia, de la perpetración del sentimiento adiestrado con hilos, con dientes, con frenillos. Y así el juego seductor entre provocación y marea, entre escupitajo y respuesta.
“Irreversible” es el ejemplo pornográfico de la violencia escondida en cada uno de los seres humanos que habitan este planeta, ni siquiera, exentos aquellos que tratan de domar ese instinto con plegarias, rezos e introspección. En cada hombre ondula la llama racional de la violencia. Lo que se plantea en el inescrupuloso film del franco-argentino Gaspar Noé, es el medio que hace explotar la calma. Cuando se la tienta sutilmente o se la estrella contra la cara, recrudece el instinto primal del hombre, fundado en sangre y semen, en violencia y calma, en amor y odio, en dosis más o menos igualitarias; cuando la pérdida es irreparable y el acto perpetrado es terriblemente violento, existe un solo camino: pagar con la propia moneda.
Controversial y nada sutil. La película roba la calma, una vez iniciados en el terrible terreno que se cuece. La cámara y sus giros nauseabundos, sus 12 minutos de planos secuencia, la violencia que excede la pantalla. Todo se aglutina de manera irreprochable, sumergidos ya en ese mundo áspero de lumpenes y señoritas, de promiscuidad e intimidación. ¿Qué más entonces que la venganza hacia un violador? Puede sonar terrible, e inclusive fascista, pero aquí no se deforman preconceptos, aquí, en el mundo irreversible se actúa, porque son prisioneros de una nada, o de un todo que los mantiene en un silencio espectral de sus existencias.
La elección de cámara es excepcional, no sólo por el manejo narcótico y sus obediencias al clima que se plantea, sino también, porque fija las pobrezas del hombre: el patetismo irracional con el cual se conduce. Las dos secuencias clave: La venganza, en el acto más primitivo y animal de cacería. El golpe incisivo en primer plano de un matafuego contra la cabeza del violador. Y los doce minutos de violación, tantas veces citada por los puristas del cine, es, además de terrible y desesperante, la clave para entender el símbolo planteado por Noé a través de “Irrèversible”: el ser humano.

TRAILER DE "IRRÈVERSIBLE"

"LA VENGANZA DE LOS NERDS" (1984) Jeff Kanew

TITULO ORIGINAL: Revenge of the Nerds
DIRECCIÓN: Jeff Kanew
GUIÓN: Steve Zacharias, Jeff Buhai.
REPARTO: Robert Carradine, Anthony Edwards, Timothy Busfield, Andrew Cassase.
GÉNERO: Comedia
AÑO: 1984
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 90 minutos.


Análisis

Con el tinte plástico que suponen ciertas producciones, con la manía casi sodomizante de ese cine con respecto a sus fieles lazarillos-espectadores, con la dosis de humor parejo entre la total idiotez, el eficaz aburrimiento y la ironía inconducente, llega al cine de su barrio “La venganza de los Nerds”. Un film que sin dudas, le robará horas de sueño pensando en: cómo puede ser que se realicen estas producciones. Mientras que, más allá de esas pequeñas viditas, existen sueños de guionistas que no encuentran su mecenas, increíbles actores disfrazados de Barney en el trencito de la alegría para poder pagar la olla, genios directores prestados a la terrible y contundente astucia publicitaria. La idea básica es atornillarlos a sus asientos con una película que te hará brotar pochoclos por todos los poros de tu cuerpo, obligándote a mirar con el más austero mecanismo de convencimiento: el chiste fácil.
Tenemos un par de idiotas inclasificables que no encuentran su lugar en el mundo. Mil veces he hablado de este sistema perverso entre los jóvenes yanquis: un sistema conforme a su modo de vida, imperialista, aristocrático, triunfalista, mediocre e ignorante. Así, los que no se adecuan a este modo de vida superfluo y pomposo, se ven desplazados y catalogados como “Nerds”. Palabra que llegó a nuestro vocabulario de manera directa, luego del suceso de esta película y que fue adoptado con la mínima indulgencia posible ya que, claro, nosotros (latinoamericanos despreciables) adoptamos transitivamente TODO del Reino.
No hace falta ser un erudito en cine para saber de que va la película, el título lo dice todo. Lo que intentan de manera esforzada y hasta contraproducente, su director, Jeff Kanew, y sus guionistas, Steve Zacharias y Jeff Buhai, es cambiar el punto de vista. Saltar el eje que por décadas (desde “Rebelde sin causa” hasta “Porky´s” y “Fast Times at Ridgemont High”), las películas contaban solo una versión del universo adolescente, justamente, el de los exitosos, hermosos, bla bla bla.
Solo un soplido, una caricia humorística nos puede salvar de esto, pero no, nada, la historia se sumerge en un clima constante de idiotez consumada de la cual es preferible mirar para otro lado, para desgracia de aquellos tipos: los Nerds, que solo quieren un poco de atención. ¡Loco, para eso está Woody Allen!

TRAILER DE "REVENGE OF THE NERDS"

CLASE V. ATAHUALPA YUPANQUI


Entre la infinita llanura de las pampas, con el sol del alba desbocando lamentos. El silencio estival de paso abría sus fauces a un sonido eterno, que serán el filo de la espada de un payador por siempre perseguido, por siempre voz de las sociedades minusválidas, por siempre, erigido en la explanada solitaria, fértil, húmeda, el lamento estatua del poeta más importante de todos los tiempos. En el amanecer de un siglo oscuro, entre las sombras de los aconteceres inmediatos, nacía Atahualpa Yupanqui: el que viene de tierras lejanas a contarnos algo.
La guitarra, el alma de sus narraciones, como un viento subrepticio que atrapa las emociones que sobrevuelan los aconteceres gauchescos, él, en la soledad de las tardes, bajo la sombra perpetua de los robles y algarrobos, atrapaba en líneas movedizas y desparejas, con la voz rasgada tanto como su espíritu y le relataba al tiempo su canto brujo, su hechicería telúrica.

TIERRA QUERIDA, DON ATAHUALPA YUPANQUI


Forjado en las cenizas de un pasado masacrado, en la sangre brotada de las civilizaciones primitivas, estoicas ante las adversidades, el lamento de su guitarra desparramada en el céfiro se hace fuerte, chocando contra la imposición, contra el dominio arrasador del poder, de los intereses, de la estupidez humana. La poesía dibuja estelas, abrigando a los desprotegidos como el manto que cubre toda su indefensa soledad, y allí, Atahualpa profetiza, dándonos lecciones del humanismo más primitivo, una sensibilidad inconmensurable.
Su canto de esperanza es rebelión y pan para el pobre, alerta ante los embates de su domador: aquel que quita y da a su antojo, para llenar sus bolsillos con el sudor ajeno y se entretiene con las heridas abiertas de su domado, entre las risas burlonas de quien está en su posición. Es el escudo que atenaza los golpes, que prepara a fuego lento la venganza mejor servida: en filosofía y palabra, en canto y profusión.
Aquella filosofía que no aboga por una teoría basada en supuestos. La maldita filosofía que se arremanga los pantalones para cruzar la calle, que da vuelta el rostro ante la realidad – la verdadera realidad – y luego, con su más incontinente lasciva, nos intenta probar tales cosas, auspiciando como un farmacéutico, dándonos recetas contra un supuesto mal. No, aquí está vertida la filosofía del empirismo en su etapa más concreta. En estos rincones aflora la dignidad, la verdadera necesidad de supervivencia del ser, ante todas las agresiones de la realidad. Esta es la filosofía verdadera, la que no trata de demostrar nada, solo la vive, la comprueba, la utiliza y la relata para cambiarla, para hacerla natural ante los ojos de los que viven en la lejanía, con sentimientos de compasión, de extraña empatía con aquellos que sufren y que, sin levantar su mano delatora, se consuelan a sí mismos, volteando el rostro. Atahualpa es de esos filósofos, si es que todavía no es denunciante el término. Es aquel que se estría las manos luchando contra el barro, que pasea sus penas por los cultivos y ve en el rostro de sus hermanos el sufrimiento mezclado con resignación.

EL PAYADOR PERSEGUIDO (PARTE 1), DON ATAHUALPA YUPANQUI


Con ese sonar pausado, sereno, que desollaba la oscuridad de la noche con su canto profuso y entretejía un colchón de emociones en el sinfín de las horas. Allí, el poeta se quedaba, crepitando junto al amanecer, para relatar los acontecimientos del paisanaje, arraigado en las inocencias de sus pensares, en la latitud de sus emociones, con el alma abierta a flor de piel. Así perenne, como un amanecer que nunca ocurrirá, quedará sellado a fuego su copla, en los refugios de nuestra decencia, de nuestro sentir por el otro, en nuestro comunismo más humanizado.
En la mezcla – en fin, nuestra mezcla – de indio y gaucho, en ese montaje se forja nuestra idiosincrasia, nuestra cultura ineludible, nuestra cuenta pendiente: don Atahualpa Yupanqui se abre camino, aquí y en el mundo, develando los secretos escondidos, abriendo aún más heridas que nunca cerraron y que a la bastarda memoria se le escapa en el tiempo, en el tictac del reloj.

LOS HERMANOS, DON ATAHUALPA YUPANQUI


NADA MÁS (HOMENAJE A ERNESTO GUEVARA), DON ATAHUALPA YUPANQUI

COVER YOU IN OIL. Dos discos de covers.

Cuando se llega a un límite o, cuando las musas no acuden a sus vidas celestiales, a sus hojas impolutas, a sus neuronas refritas. Todos, indefectiblemente, acuden a una resolución pronta y definitiva: ¡Hacer un disco de covers! Como forma inmediata, cercana, variable y peculiar de no afrontar el deterioro o el inconformismo, o la cinegética depredación de sus neuronas, de su arte, de su inviolable concepción de la música como aparato reproductor de universos, de emociones, de respuestas, de movimiento. Entonces, como producto de una necesidad imperiosa por el mercado, por la formación del engranaje en esta cadena de producción salvaje y acometedora; llega desde las siniestras tinieblas, entre humos de pantanos caldosos, el terrible villano de traje y corbatita, abriendo el maletín, desprendiendo el perfume féretro del verde ámbar que tienta a los ya inconsolables poetas de la duda, los del hemisferio izquierdo asfixiado por las implosiones neuronales, por la expulsión del palacio cerebral a aquellas musas acalladas por, justamente, el dólar verdoso, el olor, etcétera.

Sin embargo – siempre me gusta la esperanza –, en los azules mares de la incontinencia y la magistral audacia musical, existen algunos caprichos irreprochables, algunas manías de algunos (x) que prefieren estimar aquello para volverlo nuevos, para hacer otra obra de arte sobre lo ya fundado, tiempo atrás, ahora, más allá.
Por un lado, el genio arrollador de Peter Gabriel. Caracterizado por su pie siempre en la delantera, pisando, hachando, quemando ruinas artísticas para volverlas a fundir. Desde aquella primera aventura, cuando decidió darle un marco colorido, escenográfico, teatral, lisérgico, demencial, a las eternas impresiones de Genesis; hasta su avanzada pop en los ochentas, con sus videos tecnológicos y sus canciones oscilantes. Siempre, enarbolando la primer bandera con la que fundó los paradigmas elocuentes de su música. Hoy, más de cuarenta años después, es, además de multiinstrumentista, poeta, filósofo, Golem. Se anima a desafíos que nadie le impone, pero, que por su auténtica capacidad renovadora se decide a armar nuevos mecanismos audibles, violentos y sutiles, como su pluma y palabra. Esta odisea encarna su sentimentalismo envuelto en caos, en mareas, en vientos, en sutiles plumas volátiles que ruedan al compás de otras canciones (renovadas canciones, vueltas a hacer).
Y muy cerca de allí, en esas costas imperiales y de piratas, en la desunión de Supergrass (recuerden “Alright”, “Pumping On Your Stereo” y “Moving”), dos de sus integrantes, Gaz Coombes – guitarra y voz – y Danny Goffey – baterista – unidos en la locura de un proyecto paralelo que, en medidas razonables, consuma una especie de homenaje que se funda en sus orígenes, en sus respuestas y en sus porqués. La impresión de que, más allá de tuercas oxidadas y ajustes faltantes, el disco encarna lo visceral del dúo, que, histriónicamente rinde tributo a aquellos que instalaron la genética roquera en sus ADN, en sus cerebros y en sus genitales. Desfalcado, incongruente a veces, sin embargo, es una prueba de autenticidad y sobriedad inglesa.

"Flume" versión de Peter Gabriel sobre la canción de Bon Iver.


"The Lovecats", versión de The HotRats sobre la canción de The Cure (en vivo)


TRACK A TRACK

“Scratch My Back”, Peter Gabriel (2010)

En tenues y gráciles movimientos de violines, levanta vuelo la primera reversión de Gabriel. Se trata de “Heroes” de Bowie. Nada más alejado de aquellas tachas, esplendor, brillos y purpurina, donde ahora, se transforma en viento y voz penetrante de Pedro. Ya no es violencia contenida en clave pop, es precisión y cálculo, breves lineas de sonido que adornan, acalladamente, el vuelo ligero de la canción. Para que ustedes comprendan, el disco todo, reproduce con suave intensidad el volumen de su repertorio, encargado solamente por la soltura vocal de Gabriel y un acompañamiento orquestal de 12 cuerdas diferentes y un piano que aúlla cuando la voz reprime. Y así, el viento empuja a las demás canciones, le siguen “The Boy in a Bubble” de Paul Simon, el éxito de la banda británica Elbow, “Mirrorball”, y la pausada, breve y solemne “Flume” de los recientes Bon Iver. A esta altura, ya no es necesario precisar nada, porque el clima que envuelve al disco parece repetirse hasta el final: la calma, la pausa, la voz de Gabriel coloreando la atmosfera.
En la misma tónica continúa “Listening Winds” de los Talking Heads. El contrapunto a ese movimiento eterno de los de Byrne se mezcla en la confusión de los violines envolventes, del sonido percutor ahuecado del estudio. Y en el viaje lento, un piano marca la melodía ya siniestra en la versión de “The Power Of The Heart” de Lou Reed, una conexión instantánea con sus clásicos de principio de los noventa, fines de los ochenta. Luego prosigue, “My Body is a Cage” de los vanguardistas canadienses Arcade Fire, “The Book of Love” de The Magnetic Fields y “I Think It´s Gonna Rain Today” de Randy Newman, clave y vibración: piano, voz, lentitud, calma, emoción, en mismas dosis.
Luego nos sumerge al clima caótico, al fin, las expectativas comienzan a diluirse en la apoteosis del disco: las oscilaciones marcadas por los violines, como banda de sonido de una tragedia realista cinematográfica, “Après moi” de Regina Spektor, vierte todo el drama. Nuevamente la calma, el suspenso final: “Philadelphia” de Neil Young y el estupendo cierre, como grito de clemencia, en la versión de Radiohead “Street Spirit (Fade Out)”.
Ya no quedan dudas, Peter Gabriel se ha movido con total independencia de las versiones originales, creando y marcando un nuevo rumbo a esos viejos catálogos perdidos en el tiempo, impresos en discos de otros, ahora, con nuevos vientos.

"Après moi" versión de Peter Gabriel sobre la canción de Regina Spektor


“Turn Ons”, The HotRats (2010)

Con un arpegio de guitarra, como aquellos que dan inicio y suspenso a algo prometedor, arranca el disco debut de The HotRats. El tema, una versión violenta de “I Can´t Stand It” de Lou Reed; finita, con aires punkroquers, dándonos a entender cuales son sus intenciones. Nada de pausas ni frenos, será, sin dudas, el homenaje a aquellos viejos profetas que devoraron su atención en los inicios y que los involucraron a hacer determinada música. Ya con el segundo tema, “Big Sky” de The Kinks, lo entendemos por completo: aquel desenfreno de una época que enmarca su música, fusionando con las melodías características de la península británica: la mística Brit Pop que le da cierto tinte romántico y lo hace aprehensible a todo público.
Luego siguen las no muy distinguidas versiones de “The Crystal Ship” de los Doors y “Damaged Goods” de Gang of Four, que intentan igualar el sonido original con mucho tino pero con poca creatividad. El quiebre vuelve a producirse con “(You Gotta) Fight For Your Rights (To Party)” de los neoyorquinos Beastie Boys, donde convierten aquellos gritos desenfrenados del rap en una bella canción pop con reminiscencias de Electric Light Orchestra en su andar, en su canto y en su melodía. Buen logro para el comienzo del banquete.
Siguiendo con la línea de las versiones a los Doors y Gang of Four, prosigue “Love is the Drug” de Roxy Music, bonita concepción y arreglos instrumentales de vientos, que acaban por parecer a la versión original, pero que dista en la pronunciación y clima: de aquellos oscuros años a las brillantes luces de hoy. Y el juego comienza a hacerse confuso, el carácter refinado de “Bike” en la era de Syd Barret a cargo de Pink Floyd, se vuelve canción benévola, armada para la reproducción continua y cansadora (por su duración, por su concepción).
Luego, ya parecen atreverse a cruzar cualquier tipo de barreras, con aciertos y debilidades, y entre esos márgenes extremos logran dos excelentes versiones de “Pump It Up” de Elvis Costello y “The Lovecats” de The Cure. Buena mixtura de rock y pop, envuelto en climas delirantes, con continuos achaques de guitarra y coros presuntuosos.
El desprendimiento de las versiones originales, en principio no logrado, comienza a hacer efecto ya en el final con la versión maníaca de “Queen Bitch” de Bowie y la burla punkroquer de “E.M.I.” de los Sex Pistols, más pausada, equilibrada y rectangular. Dándole un cierre sutil y conmovedor con la versión de “Up the Junction” de Squeeze, determinando un veredicto positivo a un disco hecho por capricho (seguramente) y a modo de revisión a todas sus influencias.

"(You Gotta) Fight For Your Rights (To Party)" versión de The HotRats sobre la canción de los Beastie Boys

"LA ÚLTIMA FUNCIÓN" (1971) PETER BOGDANOVICH

TITULO ORIGINAL: The Last Picture Show
DIRECCIÓN: Peter Bogdanovich
GUIÓN: Peter Bogdanovich, Larry McMurtry (Novela: Larry McMurtry)
REPARTO: Jeff Bridges, Ben Johnson, Ellen Burstyn, Cybill Shepherd.
GÉNERO: Drama.
AÑO: 1971
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 118 minutos.

Análisis



Quizás, la hipótesis planteada a lo largo de todas estas revisiones cinematográficas (¿hacia donde se conduce la juventud? ¿Qué los mueve? ¿qué existencia los acomete?) se resuelva reflexionando gracias a la obra magna de Peter Bogdanovich, “The Last Picture Show”; y, probablemente, lo que saquemos de ello es: NADA.
Esa nada constitutiva es el nihilismo en estado puro: no existe una verdad que los defina, los englobe o los reúna, todos, atomizados por sus circunstancias, por sus defectos y sus naturalezas viven conforme al vacío que los rodea, a la desesperada inconsciencia de un futuro devenir desesperante que los obliga a convivir con un sistema, con un itinerario al cual deben responder sin retribuciones alegres. La rebeldía contiene una negación al sistema que pretende adoptarlos, y una vez convertidos en adultos, domesticar con sus reglas y acepciones.
En esa “nada” superlativa se mueve el film de Bogdanovich, como una analogía de la existencia juvenil que habita ese pueblo, en un desolado desierto tejano; donde, el progreso parece lejano y los vientos traen la soledad de los días monótonos, el hastío reprimiendo violencia, en todo caso, promoviendo el sedentarismo y las prácticas sexuales; y, sobretodo, la falta de entusiasmo ante un porvenir que, directamente, los afecta.
Matizado por los contrastes de sus personajes, el relato filosófico que desarrolla Bogdanovich y su guionista y novelista, Larry McMurtry, esconde en el final de las sentencias, una esperanza. ¿Una esperanza? Si. Es que al fin y al cabo, todavía corre por sus venas la sangre joven, más allá de que se encuentre mermada por la falta de entusiasmo o el ocaso de su pueblo en ruinas; en sus venas, si, corre la sangre aún caliente de la juventud que espera, en cualquier momento, debelar al hastío, a la conformidad, al derrotismo y llamar a la “voluntad”. No como fuerza mecánica o biológica, sino, como una voluntad motora de la acción, de su estado existencial, psicológico, metafísico, que los cambie y prevalezca ante ese entorno.
Finalmente, el mensaje solapado es esperanzador, claro que sí.

TRAILER DE "THE LAST PICTURE SHOW"

"ESCUELA DE JÓVENES ASESINOS" (1989) MICHAEL LEHMANN

TITULO ORIGINAL: Heathers
DIRECCIÓN: Michael Lehmann
GUIÓN: Daniel Waters
REPARTO: Winona Ryder, Christian Slater, Kim Walker, Shannen Doherty.
GÉNERO: Comedia
AÑO: 1989
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 110 minutos.


Análisis


“Un grupo de cuatro jóvenes de una "High School" consideradas como las más populares, cometen todo tipo de crueldades con sus compañeras y compañeros. Una de estas chicas, Verónica Sawyer (Winona Ryder), empieza a darse cuenta de que lo que hacen no es bueno, pero le resulta difícil salir del grupo. Aliada con un nuevo chico que ha llegado a la escuela, logran matar a tres alumnos molestos, aunque en todos los casos aparecen como suicidas. Pronto Verónica se dará cuenta de que su amigo es un psicópata”.1

Situémonos en la coctelera de la idiotez humana, principalmente, porque en esas facultades - de las que haré referencia - se cuece esa misma estupidez. Se lo forma al futuro hombre-capital, con sus preconceptos del mundo, su individualismo, su ceguera humanitaria, su pasión por las vacuas novedades, su religiosidad y moralina anglosajona. En esas facultades, de pueril aprendizaje, se empieza a formar – como un molde plástico – a las futuras generaciones de imperialistas, de sujetos presos de un equilibrio sistemático otorgado por la materia, por el olor pútrido del verde dólar y por su parcela en una de sus ciudades de cartón.
En ese contexto ya espectado pero nunca conocido por la lejanía que nos ofrece la distancia radical de los mundos que nos separan, sin paso intermedio, “Heathers” se descubre como una pequeña joya que, de algún modo carismático, nos devuelve el desenfreno irracional que nos suele colmar – a nosotros, seres racionales y progresistas – cuando nos embarga la impotencia de ver a esos chiquillos disfrazados con sus sacos de preparatoria y su omnipotencia frente al mundo.
“Heathers” es la venganza de aquellos, pobres jóvenes, que no ingresan, por falta de cualidades o, en el mejor de los casos, por una clemencia para consigo mismos, a ese sistema al que someten a los otros jóvenes (exitosos, vacuos, plásticos) con un futuro asegurado dentro del mercado capitalista.
La venganza se perpetra en sangre, como figura explícita de tensión; como una forma pornográfica de retribución a los relegados. Sintomáticamente, como una fuerte presencia de que la venganza será, en alguna medida, el remedio ante tan desolado panorama: ¿cuándo cambiarán las cosas? Nunca, aparentemente, suele filtrarse en el epílogo del film.

1. Sinopsis por Filmaffinity.es

TRAILER DE "HEATHERS"

"DONNIE DARKO" (2001) RICHARD KELLY


TITULO ORIGINAL: Donnie Darko
DIRECCIÓN: Richard Kelly
GUIÓN: Richard Kelly
REPARTO: Jake Gyllenhaal, Drew Barrymore, Patrick Swayze, Maggie Gyllenhaal.
GÉNERO: Fantástico
AÑO: 2001
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 113 minutos.


Análisis


La oscuridad nos apodera, los sueños, la poesía y el encantamiento recobran, en este relato tragicómico de principios de siglo, una anarquía inusitada. Será que es el descarrile ascético de las puestas en escena. Será que no se compromete con la historia, sino, que expone allí, como profetas de una nada, a sus personajes: tristes, solemnes, aburridos, vulnerables. Un conejo psicópata y suicida es, quien nos conduce hacia el interior de la psicología adolescente de Donnie Darko. Un joven que luego de sobrevivir a una muerte inminente, comienza a caer preso de las alucinaciones y los viajes pesadillescos que lo conduce a lugares poco comunes. Con esta explicación simple doy comienzo a lo demás, para que puedan entender la filosofía del relato.
Lo cierto es que “Donnie Darko” está enmarcada en un relato fantástico y a través de sus confusas líneas de acción – casi siempre llevándonos a la duda o al enojo por sus finales abiertos y poco esclarecedores – nos conduce como pasajeros en trance a través de un universo mitológico, donde “elegidos” y “víctimas” se mueven en el tiempo, como viajeros de un círculo vicioso que acarrea la muerte, la desesperación y las culpas.
El argumento está cimentado en un libro ficticio, es decir, ni la prehistoria ni el futuro está tampoco a nuestro alcance, solo nos queda involucrarnos con la cinta, dejarse llevar por su neurótica atmósfera, por los colores (siempre opacos) de sus personajes. Cada fragmento que se reconstruye es una pieza más para volver al casillero inicial, es decir, ni las pistas brindadas a lo largo y ancho de “Donnie Darko” sirven para elaborar el mensaje, sino, para confundirnos más en busca del desatino o, mejor dicho, de la avalancha final hacia el autosacrificio del personaje principal, o sea, Donnie Darko.
El acierto de su director, otro independiente, Richard Kelly, es demostrar que maneja sendos lenguajes: el de una historia fantasmagórica, con ribetes de humor negro y pasajes intransigentes de dramatismo; con el clima fantástico y artificial. Es por esto, que su lenguaje se encuentra más cerca de Wes Anderson, con sus diálogos chispeantes y sus situaciones descolocadas, que de Steven Spielberg, que con este material, podría haber construido un éxito de taquilla similar a “Cuentos asombrosos” o “Jurassic Park”.

TRAILER DE "DONNIE DARKO"

"JUNO" (2007) JASON REITMAN

TITULO ORIGINAL: Juno
DIRECCIÓN: Jason Reitman
GUIÓN: Diablo Cody
REPARTO: Ellen Page, Michael Cera, Jason Bateman, Jennifer Garner
GÉNERO: Comedia
AÑO: 2007
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 92 minutos.


Análisis


La perdida de la inocencia a partir de un hecho que quiebra la vida de la quinceañera Juno, es el marco central de esta comedia con tintes costumbristas, del director en ascenso Jason Reitman y con el guión de la autorreferencial, Diablo Cody.
En cualquier otro punto de la galaxia, sobretodo, bajo el slogan marketinero en vísperas a los premios de la Academia o en el Viejo Continente, un tema así: el embarazo de una niña; sería tratado con los tonos típicos del drama humanista. Pero el acierto de sendos responsables del film está en otorgarle otro clima al relato. Es así, como “Juno” está constituida desde la desdramatización del hecho. Como una experiencia de supervivencia y como un camino de aprendizaje que, tanto Juno (encarnada magníficamente por Ellen Page) y su seno familiar (padre, madrastra, amiga, novio) deben afrontar como prueba de vida.
A medida que desglosamos la trama, comienza a surgir un leve cosquilleo de inquietudes o desconciertos. Claro, las bases están fundadas sobre el manifiesto de la cultura Indie: algo tan ajeno como inasible para nosotros, simples espectadores del cine. Como suma de todo esto, el estilo cuasi impostado de esta cultura yanqui, que, en este tipo de películas resulta un híbrido entre el compromiso y el mensaje solapado de concupiscencia a la clase superflua de pseudo intelectuales que resurgen desde el cemento a debatir, mientras consumen sus nachos o popcorn. En esto, por eso lo anacrónico en cierto sentido, el idioma de Cody, siempre creyendo ir más allá de las intenciones, resulta algo desagradable. Porque mientras se cuece la trama de la película, mientras realmente en este rincón del mundo, en villas o barrios postergados, el problema es materia de todos los días; en el universo del film, una quinceañera a punto de ser madre debate sobre Sonic Youth y “Suspiria” de Darío Argento con total desenfado sin tener consciencia de su condición. Porque se mueve con una hidalguía inverosímil para alguien en su condición y de su edad.
Y allí se queda el film, estancado entre las intenciones (buenas, por supuesto) y su propuesta cool, generadora de acérrimos fanáticos en busca de personalidad y pertenencia. Un film que, de tan Indie que intenta ser, termina convirtiéndose en un producto más de la industria hollywoodense.

TRAILER DE "JUNO"

"AMERICAN GRAFFITI" (1973) GEORGE LUCAS

TITULO ORIGINAL: American Graffiti
DIRECCIÓN: George Lucas
GUIÓN: George Lucas, Gloria Katz, Willard Huyck.
REPARTO: Richard Dreyfuss, Ronny Howard, Suzanne Sommers, Harrison Ford
GÉNERO: Comedia.
AÑO: 1973
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 110 minutos.



Análisis


“Las hormonas adolescentes jamás fueron mejor radiografiadas. Un noche en la vida americana de unos jóvenes que finalizan la High School, enfrentándose a un futuro incierto, le sirve a George Lucas, apenas conocido por entonces, para dirigir un brillantísimo retrato de la juventud americana de los años sesenta donde las chicas, los coches y el Rock & Roll eran los principales valores de un presente a disfrutar. Una película llena de vida, de verdad y nostalgia.”1

Al disponer sobre una repisa las cintas (en cualquier soporte, VHS, DVD o BETA) que, de algún modo u otro, lograron superar la barrera del manierismo y el cliché en cuanto a comedia yanqui sobre jóvenes se refiere; aquí, un inexperto pero intrépido y autodidacta George Lucas, nos brinda someramente un retrato de aquella juventud, quizás la última, con ciertas ideas sobre el mundo, con alguna capacidad de reflexión y, quien sabe, con alguna chispa impregnada que los moviera a cambiar la vida, como sistema no- biológico.
Sin embargo, estas postales que se desprenden tímidamente en “American Graffiti” es el paso intermedio al cambio de esos jóvenes, que, en un futuro inminente, serán parte de una sociedad responsable, con las ataduras, las sujeciones y los compromisos de la adultez. Esa última noche, LA NOCHE, de sus días de agitación es la posta donde Lucas prefija la sintonía de su relato, algo plausible y redundante, aunque con esbozos de sutileza cuando de sentimentalismos y nostalgias se trata. Entonces, la noche final, la despedida, el último beso a las inocencias y farras, se reflejan ya no como actos de somera vacuidad adolescente, sino que adopta un carácter reflexivo.
La narración no es más que un compendio de situaciones, prefijadas por la policromía de sus personajes, siempre actuando en ese contexto límite: o sea, mañana serán “otros”, crecerá la semilla de la adultez, el paso intermedio a la longevidad, el camino final.
Y en eso, Lucas da en el clavo, en la suma de esos recuadros situacionales que le dan vida a la película, que, en cualquier otro estado, perdería la contundencia o, sería una más del montón. Por eso, en este caso, la suma de tanto color le da vida al muro, llenándolo justamente de graffitis americanos.

1 Sinopsis por Filmaffinity.es

TRAILER DE "AMERICAN GRAFFITI"