5 CANCIONES DE COTILLÓN VERSIONADAS

La RAE dice (y si ella o ellos lo dicen...) que la palabra cotillón tiene dos acepciones. La primera: fiesta y baile que se celebra en un determinado día. La segunda: Danza con figuras, y generalmente en compás de vals, que solía ejecutarse al final de los bailes de la alta sociedad.
Baile, fin de fiesta, romances, mucho exceso, mucha extravasación, mucho sudor. Los tíos con corbatas en la cabeza pintan un cuadro general, un aspecto preciso de ese determinado malgustismo donde se exacerba y se complota lo surreal con lo frívolo. Las abuelas agarrándose las enaguas mojadas por la bomba que expulsa espuma por el aire, los padres traspasando cualquier límite de decoro y entrando al terreno nebuloso del ridículo, las mujeres descalzas danzan sempiternas en un ritual ya vacío, ya rutinario, ya triste y enfermizo. Aquellos rechazados, al costado del salón, postergados por la repentización de otros en temas del amor, elucubran ideas macabras de venganza.
Aquel relajo, vergel mundano, elíseo desnudo y recreo en el espacio y tiempo son las fiestas de quince, casamiento, compromiso, bar mitzvah o comúnmente llamado: ¡los eventos!
Todo un cocoliche: mucho plástico, mucho material descartable, objetos fútiles de coexistencia con la vida diaria. Luces que refractan colores en el aire y tiñen todo de un optimismo inusitado, mientras, en el fondo de la mesa, dos tías se miran mal. La puesta en escena más compleja, un rasgo esencial para entender al ser humano. Aquel que vive preso de una rutina que lo conlleva a los más insufribles y detestables quehaceres, mecanizándolo, volviéndolo alterno a una corriente que no para de fluir (como la danza que ejecutan las mujeres descalzas) sempiterna; y los eventos son el recreo. Donde se disipa cualquier diferencia filial, donde se despojan las ataduras a ese mundo mecánico, donde los abogados se ponen gorros con flores y las tías se arremangan los vestidos para colocarse cintas, ligas, etiquetas. En ese mundo parece reinar una suerte de democracia de la felicidad (y lo ridículo). Y luego, cuando las horas comienzan a indicarnos el final, cuando todo el sudor parece haber quedado derramado en la pista de baile y los platos se apilan sucios, llega el cotillón.
El cotillón es la exacerbación por lo extravagante que ostentan dichas fiestas: un mundo paralelo donde conviven risas y bananas de plástico, gorros de piratas, cowboys y doncellas con la borrachera de último momento; es, justamente, la exacerbación de toda esa horizontalidad festiva, donde, finalmente, se termina de cruzar cualquier barrera y no existen ni el sentido del ridículo ni la seriedad. Todo, papel picado, confeti, nadería.
Cinco canciones de cotillón versionadas.

Vení Raquel – Ambulancia (versionando a Los Auténticos Decadentes)
Ambulancia es un experimento de cinco actores (entre ellos, Mike Amigorena y Muriel Santa Ana) que combina música con teatro. Hacen canciones versionadas donde combinan el sutil arte de las máscaras, comedia y drama, con canción popular. “Vení Raquel” es el primer éxito bailantero de los Decadentes. Ellos dicen: “sonido prêt-à-porter”; yo digo: sonido popular en un envase bonito.



Travestis Tarot Superconstituamor (Yo me enamoré) – The Peronist (versionando a Amar Azul)
La cumbia (o música tropical), ese amigo infaltable de las noches ásperas, del baile descolocado, del momento energético, del ritual mundano. The Peronist lo ha conjugado en clave electrónica; quizás como el movimiento peronista, un colorido bricolage de ramificaciones diversas, un recuadro general que converge lo plural, lo popular con el más acérrimo conservadurismo; donde las nuevas tendencias se empaquetan en residuos viejos. Donde todo es tan amplio, tan genérico e indecible que pierde esa dotación de movimiento, de partido o de ideología.
Cumbia electrónica, música nacional y popular.



Usted Abuso – Miguel Bossé (versionando a Vinicius de Moraes)
Y llega el popurrí brasilero, ¡el Carnaval Carioca!: “Brasil, laralalala la la láaa...” “Ay ay caramba...” “Pepé pepe pepé...” y por supuesto, “Voçe abusou”; en ese momento, comprendimos todo, es una orgía del mal gusto, un culto a la decadencia humana. No sólo se hace usufructo de una alegría que no se sabe muy bien de donde proviene, sino, también, se exporta esa alegría, se la trasviste de nuestra cultura. Como un hombre en joggins y chancletas, como un cuadro de la feria menemista, como una postal de Miami: lo grotesco y lo superficial se dan la mano.
Acá, Miguelito Bossé (otro que está más allá de todo) la versionó en español, ustedes juzguen.



Violeta – Asspera (versionando a Alcides)
¿Áspera? Yo diría, surreal. Es la versión del (¿único?) hitazo de Alcides hecha por Asspera, una banda de black metal donde también convive esa perdida de la decencia, la extravagancia o, como ellos dicen: un sentimiento bizarro popular argentino. Bizarrismo y metal pueden convivir, y prueba de ello es Asspera. – Ah, también tienen otros hitazos como “El hijo de Cuca” de Pocho La Pantera y “Me gustas mucho” de Viejas Locas, infaltables en cualquier cotillón eventero –.



Te quiero tanto – Massacre (versionando a Sergio Denis)
Oída en canchas, trapo al viento, grito pelado. Oída en finales de telenovelas, mientras la pareja protagónica corre a orillas de un mar en pleno atardecer. Encriptada en mensajes de amor electrónicos, en postales vía mail. La sonrisa franca de su intérprete, el Barry Manilow local, Sergio Denis, gritando a viva voz: “hagamos el amor con alegría...” y la ochentosidad nos congela; tenemos ganas de abrazarlo o, en el mejor de los casos, darle una palmadita en la espalda y decirle: “Gracias Sersh, hiciste una gran canción”.
Massacre la versionó para la banda de sonido de “Cara de queso” de Ariel Winograd.

4 crónicas póstumas:

Anónimo dijo...

Muy buen post, estoy casi 100% de acuerdo contigo :)

Anónimo dijo...

Interesante articulo, estoy de acuerdo contigo aunque no al 100%:)

Imfreakalot dijo...

100, 90, 80, 70%... Lo bueno es estar de acuerdo en algo.

Abrazo

cecilia pando dijo...

Me aburrio un poco Raquel.
Esperaba que de fondo salga un cumbión de esos que escuchas en el tren cuando el celular al taco aún no llegó a tu vagón.