"SOLOS EN LA MADRUGADA" (1978) José Luis Garci

TITULO ORIGINAL: Solos en la madrugada
DIRECCIÓN: José Luis Garci
GUIÓN: José Luis Garci, José María González Sinde.
REPARTO: José Sacristán, Fiorella Faltoyano, Emma Cohen, Germán Cobos.
GÉNERO: Drama
AÑO: 1978
PAÍS: España
DURACIÓN: 102 minutos.



Un locutor de radio, del programa nocturno "Solos en la madrugada", atraviesa una crisis sentimental que, unida a su obsesión por los problemas de su generación, le hace realizar crónicas satíricas y derrotistas de la sociedad española durante los años de transición democrática española de finales de los años setenta. (FILMAFFINITY)

Cae la noche. La oscuridad se apodera de las calles y lo tiñe todo con su negro azulado. No hay ningún reflejo, todo espejismo, todo sonido que hace eco en la profundidad de los huecos, de lugares vacíos. Los edificios se enrollan, duermen la siesta oscura de la noche, se apagan las últimas luces tintineantes de sus entrañas. Ahora sí, en el interior de un cuarto también la opacidad; nada se distingue, siluetas, sombras, cuerpo humano, todo es lo mismo, transformados en invisible negritud. Un pequeño haz de luz parpadea, rojizo, llameante. Un destello que marca que todavía hay alguien despierto; y después, la voz aparece viajando kilómetros por el aire, en ondas, en frecuencias. Esa voz única y esos oídos, únicos, estarán solos en la madrugada. Retroalimentación.
La radio es el único soporte que individualiza a sus oyentes y, a su vez, los hace parte de un todo necesario; un conjunto de ideas que se mueven oscilantes. El locutor le habla a uno y ese uno le responde al locutor. Uno y otro están solos en la madrugada, vigilando el paso de las horas, robándose la existencia, un plexo hecho de arterias, nervios y ondas radioeléctricas. Uno (el locutor), el pequeño juglar, abre su voz, juega con sus discos, rompe el silencio infinito de la noche. El otro (el oyente), abre sus sentidos, se entretiene con el juego de la música, deja romper el silencio para no sentirse más solo.
La soledad del día, la compañía de la noche.
Se establece un diálogo en el silencio, una suerte de psicoanálisis preconcebido. El locutor, en su cubículo, en su pecera, navega a través de las ondas y, para no sentirse solo, abre su voz, su cabeza, su corazón. Se deja abrir ahí, en el seno de esa nada, en el inhóspito éter. El oyente incorpora esto, lo libera de prejuicios y allí, comienza la danza de confesiones. La medianoche es el escenario propicio para este tipo de intercambio de cartas. Ese código implícito, ese pacto marcado a fuego a través de la frecuencia será, definitivamente, el estanque donde se ahoguen las penas y se entremezclen las sensaciones de una generación (ésta, la inquieta generación post-franquismo).
José Luís Garci, un heterodoxo cineasta español, encabezó la nueva ola artística de la España post-franquista. Se necesita una revisión introspectiva, un mirar-hacia-dentro (como en la radio, como en la vida), para entablar una definición precisa del “donde me paro”. Como si no hubiera historias tras el derramamiento de sangre, tras la violencia (aplaudida con entusiasmo por un pueblo que apoyó durante cuarenta años la autarquía fascista), las voces acalladas, la cultura sometida, el emplazamiento de valores ecuménicos sobre la existencia y el ser-español. El literal conflicto del personaje de Garci, en “Solos en la madrugada”, es la separación matrimonial. Un paso en falso para explotar la cinta.
Sin embargo, en esas horas despiertas de calor radial, en el momento del pacto implícito, etcétera; ese reencuentro con la libertad de expresión (¿qué significa eso? se decían el uno al otro sus oyentes), con la necesidad de filosofar sobre el reencuentro con lo humano, con las sencillas cosas que nos enchufan a la materia de la vida. La maquinaria franquista les había robado el alma, transformada en objeto de feria, todo un montaje inhumano de corderos de Dios y régimen, derechitos por la senda de la vida. Trabajo, familia y Estado, todo un vómito antirebelde.

ESCENA DE "SOLOS EN LA MADRUGADA"

1 crónicas póstumas:

Jorge Ramiro dijo...

El otro día vi en mi nuevo y flamante Smart TV esta película remasterizada, en alta definición. Gran recuerdo!