"RADIO ENCUBIERTA" (2009) Richard Curtis

TITULO ORIGINAL: The Boat That Rocked
DIRECCIÓN: Richard Curtis
GUIÓN: Richard Curtis
REPARTO: Philip Seymour Hoffman, Bill Nighy, Tom Sturridge, Rhys Ifans.
GÉNERO: Comedia
AÑO: 2009
PAÍS: Inglaterra
DURACIÓN: 129 minutos.


Inspirada en la revolución de la radio pirata que tuvo lugar en la Inglaterra de los años 60, la cinta nos sube a bordo de un barco pesquero anclado en medio del Mar del Norte, donde tiene su base una emisora ilegal que contagia el boom de la música rock y pop entre millones de oyentes. Alrededor de este escenario se desarrollan una serie de peripecias, conflictos y romances que están protagonizados por el propietario de Radio Rock, por sus distintos locutores y disc-jockeys y por un ministro británico. (LA BUTACA)

En fin. El barco se hunde, todos sus radioyentes salen a su rescate, gran happy end (esto es algo que no debería hacer, contar los finales, sin embargo, tómenlo como un gran favor por parte de un servidor).
Una era de designios, de nuevos vientos, el sur, el oeste, el este, el norte, todos confluyen en un solo puerto. Melodías de guitarra, de gritos descorazonados (y a la vez, esperanzados), tambores, mucha fricción sexual, mucha experimentación, alucinocracia, plegarias en batidas de palma. Ese puerto está abarrotado de trajes militares que impiden la difusión de este nuevo y extravagante ritual. El puerto, Londres. El año, 1966. El enemigo, el Estado educador/BBC. El contexto, más de 25 millones de personas cómplices de ésta locura. El protagonista, el rock. La articulación, la radio. El conflicto, la censura. Mucha producción, muchos mecenas, buen elenco (Philip Seymour Hoffman, Bill Nighy, Kenneth Branagh, Emma Thompson, Rhys Ifans, Nick Frost, Chris O´Dowd – el gran payaso de “The IT Crowd” –), un director más o menos respetable (Richard Curtis, mejor guionista que director, “Love Actually”, por ejemplo), y un tema por demás melancólico, explotable y sentimental.
El barco del rock zarpa hacia alta mar, un poco de presagio sobre su devenir caótico, las bases sólidas de las convicciones artísticas, mucha parafernalia, personajes diversos. El rock como brazo contemplativo que los abarca, los sostiene en sus proezas, los re-junta. Y ellos, primeros devotos de la utopía, lo mantienen vigilado, lo usan como instrumento de comunicación de masas, lo adaptan a sus formas, a sus simplezas, a sus dificultades, como hacen todos, como hacemos todos.
Vemos el recorrido misceláneo de sus componentes (el potpurrí exótico de personajes) que nos ubica dentro del contexto: finalmente, se trata de una comedia de caracteres donde prevalece la explotación de las características de los personajes por sobre una historia (totalmente desaprovechada). Y allí se descompone la máquina (y el barco también, casi sobre el final). En el agrupamiento taxativo de situaciones que transcurren día a día, o mes a mes, como un diario de bitácora, y la historia entre rufianes (el Estado reencarnado por una figura caricaturesca de un ministro goebbelsiano, el títere BBC) queda reducido a la mera anécdota, a un artilugio narrativo que sirve únicamente como sostén de una historia que, vuelvo a repetir, está desaprovechada.
Por alguna hendija de la cinta se escurren los restos de aquella época, una suerte librada al azar de militancia roquera (pose y situación), con el estandarte “sexo, drogas y rock and roll” como hemisferio que lo regula todo. Por otras, aparecen los lazos fraternales que unen a sus personajes, las disputas de poder, el cuadro de honor de la emisora, la protección paternalista de Quentin (el personaje del experimentado Bill Nighy). Sin embargo, todo confluye en lo mismo, el derroche incesante de situaciones vacuas, el desfile por las galerías variopintas de sus personajes.
Quiero contradecir a Neil Young. Alguna vez, éste mito de la prosa dijo: “hey hey, my my, rock´n roll never die”. Claro, cuando todo era experimentación y rito pagano. Cuando parecía que la fuerza juvenil iba a prevalecer ante el poder, esta utopía parecía posible. Pero las canas, el cansancio y el mal humor siempre llega; el rock ha envejecido y lo han puesto ha prueba. Tentado, ha sido servido en bandeja ante los sabuesos cinematográficos que han hecho del rock una melancólica y simpática postal de una época.

TRAILER DE "THE BOAT THAT ROCKED"

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