"PESCADOR DE ILUSIONES" (1991) Terry Gilliam

TITULO ORIGINAL: The Fisher King
DIRECCIÓN: Terry Gilliam
GUIÓN: Richard LaGravenese
REPARTO: Jeff Bridges, Robin Williams, Amanda Plummer, Mercedes Ruehl.
GÉNERO: Drama
AÑO: 1991
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 137 minutos.

En la imponente Nueva York actual, Jack, un locutor de radio caído en desgracia tras una tragedia que le persigue, y Parry, un enajenado profesor de historia, emprenden la búsqueda del Santo Grial. (FILMAFFINITY)

El rey pecador, Terry Gilliam. Acusado de una falsa pretensión, inventario incoherente, subversiva refrescante. Terry no es más que un pecador de las causas nobles del cine moderno, porque no intenta reivindicar al cine como tal, como elemento de mesura, coordinación y comunicación efervescente. Se reduce al solo contrato implícito y visual entre lente, celuloide, luz y ojos expectantes. Demasiado estético para el cine, demasiado intermitente, brusco, filoso o abyecto de las causas visuales. Es el zoom intrusivo, la longitud de sus ojos de pez, la caricatura de un mundo abominable, retorcido y siempre apocalíptico el resultado de su filosofía maquiavélica. Filosofía de manipular las imágenes en detrimento de la historia, que se apaga lentamente como un fuego fútil en la tempestad, que lo convierten en un esteta desvelado, un profesional (y algo maníaco) para romper contratos con lo convencional. He ahí su pecado, ocultar y manipular el heterodoxo espacio lineal del cine, esa imagen siempre propicia para violar, ese agujero negro de la coexistencia (cine-narrador) donde se pasa con total disimulo, poca presteza y mayor audacia. Pues, Gilliam no entiende nada de habilidades sino, más bien, de aventuras, de arte (necesario para romper cánones preexistentes) y de sueños. En el universo Gilliam sólo es necesaria la imaginación y el agujero negro, para no entender demasiado el significado de la imagen, para no esperar tampoco demasiado de la historia (es decir, conflicto, desarrollo, clímax, drama, etcétera) y, sobretodo, para dejar pasar vertiginosamente el aluvión visual y no repensar demasiado lo que quedó atrás.
Entonces, ¿de qué peca TG? Peca de ambición, de desmesura estética, de introspección, de imaginario unipersonal. Allí se diferencia de Tim Burton. Los dos universos imaginados: en Burton, se ve una traducción de ese mundo en una historia. Gilliam lo utiliza como interfase entre su cabeza y el film. Por eso, Burton no pretende, imagina y transporta. TG se vuelve cápsula y cubo de Rubik.
El rey pescador de Terry Gilliam es, en síntesis, un mapa de estrategias que el espectador toma para encontrar el camino más corto para vencer el cubo Rubik, para violar la cápsula y enterrarse de lleno en el mundo imaginario del ex Monty Python. ¿Por qué? Porque aquí hay una historia, hay una total sencillez narrativa y ese pasaje entre el oscurantismo imaginario, el clima apoteótico e infeliz de sus cuadros se adaptan al sistema lingüístico del film. La narración está expresa, sin reticencias, sin grandes alteraciones que produzcan la confusión. TG ha comprendido que el universo alucinógeno-onírico-apocalíptico que propone (o propuso en “Brazil” o “Las aventuras del barón Münchaussen”) está aislado, siendo sitiado por una historia que es más poderosa y en un buen sentido, más elemental.
Jack (Jeff Bridges, sobrio como siempre) es un DJ radial, arrogante, malherido, estúpido; protagonista y motor de la película. Un radioyente se suicida por un mal consejo o una desatención, no importa. A partir de allí, una serie de eventos desafortunados se presentarán en su vida. En plena caída libre, Jack intentará suicidarse, conocerá a Parry (Robin Williams, no tan histriónico como siempre, por eso, sólido), un vagabundo, viudo, desesperado, loco (perfecta empatía con la locura gilliamiana). Esa serie de hechos desafortunados, para Jack, volverá como un boomerang directamente hacia su cabeza, que rodará por el aire y se perderá en la locura transigente de Parry en la búsqueda de un Santo Grial, en la épica batalla contra la vida y la muerte.
TG entendió que tenía una historia (también la tuvo en la orwelliana “Brazil”, la tendrá en la adaptación de Marker en “12 Monkeys” y seguirá adelante, entrecruzando batallas entre el poder hipnótico de la imagen y la presencia auténtica de la historia), que no había que resumirla a la anécdota ni barnizarla con falsas puestas; y allí encontró el Santo Grial (la clave, la matriz), insertándose en ese universo caótico sin que el arte lo introduzca implícitamente, sin que la puesta en escena se robe una palabra o una acción o un guiño de los protagonistas. “The Fisher King” es una historia, también una imagen y un universo definido, pero sobretodo, presentación del conflicto/desarrollo del conflicto/solución del conflicto. Fin.

TRAILER DE "THE FISHER KING"

1 crónicas póstumas:

Cinesis 2.0 dijo...

Excelente crítica...