Días de radio

No existe un soporte de comunicación más fabuloso que la radio. Es, un capturador de imágenes, un soporte capaz de montar (y desmontar) figuras, crear conciencia, dar un real significado a la palabra. (Me lo susurró un profesor) la radio es el vehículo por el cual se oyen el canto de las sirenas, un pasaje entre realidad y ficción obligando al oyente a repensar los conceptos, a ubicarlo en un lugar (único) de poder.
El problema sistemático es como utilizarlo, con los debidos procedimientos, con una real convicción por las cosas que acontecen en el día a día, la radio se nutre de las vivencias de uno y son retransmitidas in vivo al receptor, quien transforma la idea y la devuelve, como en un partido de tenis infinito.
Hoy en día (y aún más que el cine, pero sobretodo, más que la televisión), la radio es el lugar donde conviven las imágenes. Porque éstas no se nos muestran con el real erotismo que debieran tener, se trata de una explicitud casi pornográfica, invariable y sobornable. En la radio, las imágenes se transmiten a través de la palabra, del canto, de los efectos y, sobretodo, del silencio. Allí permanecen impregnadas en la conciencia de sus oyentes, millones de gráficos, tantas variables como posibles receptores. Entonces, no existe ninguna imagen preconcebida, prevalece la idea de la imagen con su fuerza acometedora. Esa idea persiste cualquier embate porque es imaginada.

A partir de ahora, IMFREAKALOT hará un repaso por diez películas sobre la radio. Ese monstruoso aparato que permanece prendido en cada rincón, solitario, tenaz, acompañando el devenir de todos como un cómplice inalterable de la vida. A continuación, días de radio.

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