"DÍAS DE RADIO" (1987) Woody Allen

TITULO ORIGINAL: Radio Days
DIRECCIÓN: Woody Allen
GUIÓN: Woody Allen
REPARTO: Mia Farrow, Diane Wiest, Danny Aiello, Seth Green.
GÉNERO: Comedia
AÑO: 1987
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 85 minutos.



Son los años 40, la era dorada de la radio, y los peculiares miembros de una familia trabajadora de Nueva York viven con el receptor permanentemente encendido. La música, los seriales lacrimógenos, las historias de superhéroes, los concursos, las crónicas de la alta sociedad y las leyendas sobre estrellas deportivas les sirven para ser un poco menos infelices y engarzan un anecdotario nostálgico de una época irrepetible. (FILMAFFINITY)

Aquí hay un gran teatro de máscaras que cubren ilusiones, ruidos que sobrevienen de los parlantes pincelando la atmósfera, pequeños retazos de una era que ya no volverán, que se han perdido por el estúpido vórtice de la información passim. Quizás también se encuentre, aunque en un pequeño recuadro, la razón de esa relación metódica entre ser y aparato, tan vigilada por las normas de hoy, filosofada, escrita y dibujada. Pero también, aquí hay agilidad narrativa, una nostalgia plácida donde nuestro neoyorquino favorito vuelve a creer en algo: el simple dispositivo de ondas radioeléctricas que emana voces y sensaciones, como un juego, activando sonrisas, congelando el momento (el aire), salpicándolo de olor a humedad (por el pasado) y trayendo revisión.
Intentemos disimular, al menos por un rato, lo que ocurre cuando un medio de comunicación (anteayer, los diarios; ayer, la radio; hoy, la televisión) se aloja (física e intelectualmente) en el centro de la sala de una familia clase media. – Esta bien, disimulémoslo un rato – dicen los espectadores devotos de Woody Allen.
La radio es un eternizador de pequeños momentos. Un lugar ya devastado por la imagen, primero del cine, luego de la televisión. Casi paralelamente con lo que ocurre con un libro cualquiera (desde ficción a un recetario), la radio sirve para explotar la imaginación, traducir con sus formas (la voz, el silencio, la música y los efectos) el momento único, irrepetible de nuestro día a día. La radio está ahí, siempre ahí, prendida, expectante, lúcida. Es un Aleph echando raíces directas sobre nuestras neuronas: miles de imágenes, universales, traslúcidas, se aglutinan, confluyen y se dispersan en el acto mismo de narrar-radio/escuchar-radio; el éter es el espacio con más iconografía del mundo. No se rompen los sueños, casi siempre forjados de imágenes de deseo, o ilusorias, inasibles, permanecen vivos (el Vengador Invisible y su anillo, el hombre que le quita el sueño a Woody niño). Las figuras se esconden tras su voz: todo es una hermosa y gran mentira creada para que el hombre conciba a sus monstruos, a sus maquetas, a sus héroes y villanos.
Ya no volverán esos tiempos, se dice el narrador, se dice Woody Allen, nos decimos nosotros (espectadores) con las pequeñas, frágiles y temporales cosas de nuestra niñez que nos robaban horas en empresas inútiles. Por eso la imagen teñida de ese ocre humedecido, de esas canciones perdurables ad finem en nuestros oídos. Por eso ese sentimentalismo didáctico de la cinta alleniana que no se perturba y transcurre congelada en el tiempo, sin dificultades ni giros dramáticos. Todo es un pequeño retrato familiar, social, general, que constituye el tiempo, que no se percude y se mantiene sobre la repisa de la sala (ahí, donde antes estaba la radio). Y quizás lo entendamos. ¿Con qué herramienta? sino es con el arte que se abrazan los mejores (y peores) momentos de nuestra vida, para eternizarlos, para no soltarlos más.

TRAILER DE "RADIO DAYS"

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