"BUENOS DÍAS, VIETNAM" (1987) Barry Levinson

TITULO ORIGINAL: Good Morning, Vietnam
DIRECCIÓN: Barry Levinson
GUIÓN: Mitch Markowitz
REPARTO: Robin Williams, Forest Whitaker, Bruno Kirby, Robert Wuhl.
GÉNERO: Comedia
AÑO: 1987
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 120 minutos.

Vietnam. 1965. Un pinchadiscos de la radio, Adrian Cronauer, es enviado a Saigón para trabajar en la emisora del ejército norteamericano. En contraste con sus aburridos antecesores, Cronauer es pura dinamita, sus comentarios irreverentes, sus tacos e improperios y sus críticas al vicepresidente, le hacen ganarse el aprecio de las tropas. Sin embargo su superior el teniente Hauk no es de la misma opinión. (FILMAFFINITY)

¡Gooooooood Morning, Vietnam! – suena en la frecuencia díscola de los altoparlantes mientras algunos recargan su fusil. Otros, se encaminan hacia un tanque de guerra, y los demás, tratan de reír frente a la selva y lo incógnito de su destino. Y aquella voz, hilarante, presumida, agotadora, les dará el recreo que necesitan. Pero, ¿qué recreo hay en la guerra? Solo un respiro sobre el hombro, un arrodillarse en el barro, un fruncir el ceño, apretar los dientes y mirar hacia el cielo buscando respuestas de algo que no se entiende y que se-es parte. Y entonces, ¿ellos qué saben? Sólo saben que existen, que tienen familiares esperándolos en algún punto de su “Tierra Prometida”, que están peleando una guerra absurda, que comulgan con un ideal que no saben muy bien que significa y que, cómo todos, sólo comentan sobre lo que escuchan. Tratan de robustecer su espíritu con las vibraciones informativas de la radio, con la manipulación insólita de las noticias del frío reporte diario, el nexo entre (lo que queda de) ellos y la realidad parcial absoluta. Finalmente, ¿qué hacen ahí? Un espíritu retributivo los lleva a alistarse en el ejército. Una suerte de trueque con su destino: “aquel, mi país fastuoso, tierra de oportunidades, me cobijará por siempre bajo su bandera de libertad; y si algún día falto, estará protegiendo a mis seres queridos, dándole auxilio y sobre todo, capital”; un vender el alma al diablo para posibilitar un futuro mejor. Nada de eso aparece en la letra chica. Los escuadrones de pequeñas minorías en el frente de batalla salen a escudar las balas, mientras los dromedarios avanzan y se repliegan, se esconden y huyen, ¿para qué? Para expandirse en el horizonte imperial, para luchar contra fuerzas que ni Washington conoce, más bien, desconoce. Pero la derrota no es algo que esperaban, ni Washington ni los dromedarios y mucho menos, las pequeñas minorías. Entonces, hay más reportes falsos para cubrir el día a día pero no habrá más oídos sobre el parlante, y las voces se restarán y acallarán por los estruendos de las bombas.
Adrian Conauer es un simpático personaje, enviado a Vietnam como reportero matutino en la radio que se expande por Saigón. Radio militarizada, radio con prejuicios y estrategias. Acá no se trata de esbozar falsas hipótesis, la radio cae en control del Ejército y se utiliza como un medio de información seccionada, rubricada para enmendar los errores del campo de batalla, para disimular las caídas y vociferar las enmiendas de la Constitución de los Estados Unidos de América. Una suerte de adoctrinamiento al pueblo vietnamita, el lejano, el inapetente, el que quedó “en-medio” de una gesta ridícula y expansiva, el que (como los soldados misioneros de su bandera) tampoco saben muy bien de todo ese caos a su alrededor. Y aquella radio, en medio de la tempestad (o más bien, del calor saigonés) escurre su información en las calles levantando el pulgar, cubriendo con su manto todo lo que ese pueblo (el vietnamita) y todos esos intrusos (los yanquis) no alcanzan a ver, ni siquiera con binoculares.
Adrian será un reportero de esa mitad-realidad, de esa mutación entre mentira y binoculares. Porque caerá súbitamente en la impotencia de la manipulación, verá sus manos anudarse y solo podrá gritar: Goooooooood Morning, Vietnam!, y luego imitará caricaturas presidenciales, estrellas televisivas y seguirá su rutina, bajando la cabeza; entendiendo que el único remedio a esa locura militar intrusiva es el recreo para aquellas almas en vilo. Pan y circo, impiedad y soledad. Un poco inocente se hará amigo de un joven vietnamita y caerá preso en la trampa de las estrategias militares, ese será su final, sin saberlo, sin conocer demasiado (otro más) de que se trata todo eso.
“Good Morning, Vietnam!” es algo más que el ejercicio radiofónico y su lugar de comunicación ante los velos de la censura. Será un transporte que delimite la impotencia de un Estado (el estadounidense) que hará cualquier cosa por salir adelante, cuando, se pensaba luchar contra un humilde ejército para establecer su imperio en esas ignotas tierras y se sufre una inesperada derrota. Será el microreporte gráfico (a través de la comunicación) de cómo ese Estado sacude sus brazos, la última brazada, ante la derrota, ante el ahogamiento.

TRAILER DE "GOOD MORNING, VIETNAM"

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