"PORTERO DE NOCHE" (1973) Liliana Cavani

TITULO ORIGINAL: Il portiere di notte
DIRECCIÓN: Liliana Cavani
GUIÓN: Liliana Cavani, Italo Moscati
REPARTO: Dirk Bogarde, Charlotte Rampling. Philippe Leroy, Gabriele Ferzetti
GÉNERO: Drama
AÑO: 1973
PAÍS: Italia
DURACIÓN: 115 minutos.


Una mujer judía que, durante la Segunda Guerra Mundial, siendo apenas una adolescente, estuvo en un campo de concentración, se reencuentra trece años después con el oficial nazi que solía abusar sexualmente de ella cuando estaba cautiva. Ambos coinciden en un lujoso hotel de Viena, donde él trabaja como portero. La dolorosa experiencia pasada desencadenará una relación sadomasoquista entre ellos. (FILMAFFINITY)

Pasolini había entablado una relación con el cine de manera espectral. Cuerpos desnudos moviéndose al ritmo frenético de sus pudores, impulsados por el deseo a cometer actos ignominiosos, perversos. O, cuando el sol se arrinconaba en su ventana, despejando cualquier sombrío rincón de telarañas de su cine, humanizaba a sus personajes (como ángeles, como mitos, como estelas antropomorfas), les devolvía su dotación de ser.
“Saló o le 120 giornate di Sodoma” habla del sexo como una posición de poder, de satisfacer la locura, de un cargarse-de-energías con el dolor del otro.
En esa época del cine italiano, cuando los vestigios de una generación dorada de un nuevo realismo convertido en real vértigo empezaban a deschavetar, cuando la distancia con la historia todavía no era muy lejana, ni tan cercana, para jugar a las sombras, exponer la carne sobre el celuloide. Liliana Cavani (y PPP, por supuesto), desmontó la maquinaria, pieza por pieza, engranaje tras engranaje, deteniendo el motor. Y encontró los errores de la complicidad, el porque del acto humano demoníaco: la historia empieza a hablar.
Las caras no hablan, el cuerpo sin rostro domina todo. Una expresión fláccida, una mueca imperturbable: sólo signos. Cavani empieza a demorar el terror, perturba de manera polanskiniana. Hermetismo, paciencia. Algunos flashbacks utilizados porque se le escapa el relato (tiene mucho para contar y poco que esconder) y transcurridos veinte minutos solo somos testigos de un juego de pantomimas. Un portero de noche (increíble Bogarde) que camina llevando un algo invisible sobre sus espaldas, una mujer (sombría Charlotte Rampling) que tras unos insípidos ojos celestes, en el rojo de las venas, tiene escrita una historia.
Cuando la vemos desnuda, esquelética (a la mujer), agradecemos la espera. Al fin Cavani da sus primeros asomos de genialidad. Toda la historia, a partir de aquí, es llevada con asombrosa ambigüedad: aquel imperturbable portero de un hotel vienés es un oficial nazi (“porque nunca dejan de serlo, los queremos ver con sus trajes hasta que se mueran” Lt Aldo Raine, “Inglorious Basterds”) y que aquella mujer, de infinita fantasmagoría, fue su protegida en los campos de concentración. Chico conoce chica, hombre conoce mujer, nazi reconoce judío. A partir de este momento todo se traduce en doblesentido, porque el amor es capaz de todo, inclusive, ante el horror una flor madura. La mujer que no tenía otro remedio que entrar en su juego en aquellos tiempos, lentamente, sometida, distingue entre el Holocausto a su salvador. Sumisión de por medio, diferencia al victimario pero aún siente un deseo ¿amoroso? por él.
Un hotel, unas noches, un encuentro, serán los que mantengan el horror/amor vivo en sus memorias. Y el sexo, la metáfora del ejercicio de poder, como en “Saló...”, como en la historia del nazismo

TRAILER DE "IL PORTIERE DI NOTTE"

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