TUCU-TRÁ!: Los mejores bateristas de rock de la historia

Lejos de las pompas, los aplausos más resonantes, las loas. Atrás, en la lejana salida del foro, donde las luces de los seguidores rojas, amarillas, azules, violetas se pierden, transformando a ese lugar invisible, etéreo, perdido en el tiempo; esas mismas luces, rebotan sobre los platillos formando una aureola brillante que se desprende de esa negrura espesa que parece inhabitada a simple vista, ajena, fuera de sí. Las cortinas de humo (si es que hay) hacen lo suyo, transfigurando la imagen, desplazando a los ídolos hacia delante, “a los que quieren ver”, a los Pomelos, a los que centellean y vibran, impulsados por la vociferante marea humana que aclama por ellos, como si se tratara de la gasolina que inyecta a sus motores al ritmo de su música, en éste orden: primero, los cantantes (¿almas Mater?) por carisma, proximidad, elegidos casi darwinianamente por su generosa naturaleza física (excepto Tom Yorke, ¿no?); segundo, los guitarristas, porque, claramente, el rock los alimenta, los agiganta, los empequeñece, los hace permanecer dentro de ese círculo inalterable, inviolable… los construye. Luego, los bajistas: algunos carismáticos se agitan de un lado a otro, haciéndose ver, mostrando su presteza digital, por más que retumbe su eco, abajo, allá abajo, pum, pum, pum. Y por último, los bateristas. Atrás de esa cortina de humo, de luces, de esferas, pero adelante, claro, de las superpantallas de LED, de los coristas que, incluso, ganan más terreno que ellos sobre el escenario. Este post va dedicado a ellos, a los sostenes psicológicos, sistemáticos, musicales del rock: los olvidados, los tardíos, los románticos. Ellos sí tocan por amor a la música; saben, con certeza que ganarán un 80 por ciento menos de mujeres que el resto de sus compañeros y, se sabe (Vox populi) que los músicos de rock tocan para levantarse: minitassss! (Juan Carlos Pelotudo dixit)
Ellos no tienen aires grandilocuentes; se esconden tras la pesada ornamentación de su instrumento, allá, en su rictus, en su propio movimiento. Llevados por el olvido, ganando terreno. Son, en definitiva, análogamente, los obreros del rock (o lo que queda de esto): una cierta laboriosidad incansable, un tinte romántico los abraza.
Este post es para ellos, los que trascendieron, los carismáticos, los vanguardistas; bateristas animados de ayer y hoy.
A continuación, del quince al uno, los favoritos de IMFREAKALOT.

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