"LUCÍA Y EL SEXO" (2001) Julio Medem


TITULO ORIGINAL: Lucía y el sexo
DIRECCIÓN: Julio Medem
GUIÓN: Julio Medem
REPARTO: Paz Vega, Tristán Ulloa, Najwa Nimri, Elena Anaya
GÉNERO: Drama
AÑO: 2001
PAÍS: España
DURACIÓN: 129 minutos.

Lucía es una joven que trabaja como camarera en el centro de Madrid. Tras la misteriosa desaparición de su novio, un escritor, decide marcharse a una tranquila isla mediterránea. La libertad que siente allí le hace enfrentarse a los rincones más oscuros de su pasada relación con el escritor, como si se tratara de una novela. (FILMAFFINITY)

Lo primero que debemos trazar, sistemáticamente, para poder analizar la ¿complejidad? de la obra de Medem, es necesario entender que se trata de un esbozo. Un apartado inmaterial, un frenesí narrativo impreso en imagen tecnológica, impulso e idea que adquiere, al igual que la visual, un carácter polisémico. Sin embargo, en su intento de generar un film de clima intenso, sumergiéndonos en la atmósfera onírica que su realizador, en plan contemplativo, intenta depositarnos, la historia pierde sus formas, su pequeña lección de lo que es el amor, el sexo, el placer, las relaciones humanas, convirtiéndose súbitamente, en una película de carácter pseudo-romántico, manierista, fácil, incierta. Disyunción entre imagen y trama: visual corrompida por la intrusión del dedo mágico que todo lo borra y lo aniquila, lo embellece desperfeccionándolo, la animación computarizada. El amor (o el sexo en este caso) pierde su función inicial, un encuentro entre dos seres, algo carnal, simultáneo, recíproco, está enmarcado en el frío receptáculo de imágenes retransmitidas, regrabadas, volviéndose impersonal, llano, alejado de cualquier realidad.
Medem no transita el camino más fácil (en una historia que resulta, debido a sus matices, abarcable y simplona), de recorrido directo. Mostrar así una realidad (ficticia, claro) de dos amantes que se unen y fatalmente deben separarse. Sino que opta por un remanido recurso didáctico: Lucía lo ha perdido todo, refugiarse en sus memorias (flashbacks), en sus sueños postergados, en un soliloquio itinerante. Lucía y Medem se amparan en el abrazador fuego de las imágenes; ¿y el texto? ¿La historia? Nada. Expulsión de sueños: en vómitos, eyaculación, lágrimas, estornudos.
¿Dónde abarcar entonces una historia con varias aristas, ninguna cerrada, ninguna abierta? En la desprolijidad compositiva, en el gancho mercantilista de la imagen explícita (pene erecto), en la intrusión de la tecnología como método escapista de la responsabilidad como narrador, en caras bonitas, en fatalismo ramplón.
Cuando no se sabe como salir de un determinado borde, cuando los caminos de la historia se allanan por determinados factores dramáticos, lo mejor, recurrir a recursos exclusivos que alejan al espectador, lo apartan del sistema de catarsis, lo enmudecen y enfrían. Julio Medem, jugando irresponsablemente al Lynch ibérico, vierte retruécanos con las imágenes, las vuelve sofisticadas sin razón aparente, traza un pathos demasiado indefinido.
De sexo, sólo la satisfacción de Lucía (y de Medem, al ver sonrojado como las salas de cine se llenaron, promocionando su película con escenas de sexo explícito, Paz Vega desnuda y nada más).

TRAILER DE "LUCÍA Y EL SEXO"

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