"ESCRITO EN EL CUERPO" (1995) Peter Greenaway

TITULO ORIGINAL: The Pillow Book
DIRECCIÓN: Peter Greenaway
GUIÓN: Peter Greenaway
REPARTO: Vivian Wu, Ewan McGregor, Ken Ogata, Yoshi Oida
GÉNERO: Drama
AÑO: 1995
PAÍS: Inglaterra
DURACIÓN: 126 minutos.

En Kyoto, en los años 70, un anciano calígrafo escribe con gran delicadeza una felicitación en la cara de su hija el día de su cumpleaños. Cuando se hace mayor, Nagiko recuerda emocionada aquel regalo, y busca al amante-calígrafo ideal que utilice todo su cuerpo como una hoja en blanco. (FILMAFFINITY)

En el universo Greenaway no existen los parámetros ni los límites del lenguaje; todo se une por afasia, por poesía visual, por sentido estético. Trascender esos límites significa reformular metódicamente el dialecto cinematográfico: invisibilizada la barrera, es necesaria adecuarla a un sistema universal. Y todo arte es un arte en sí, que habla a través de sí y se interpela; unir los caminos del arte, reformarlos, partir de una base de unificación de sentidos, de percepciones: imágenes, aromas, sonidos, texturas, sabores. Greenaway es, sin dudas, el gran unificador del arte (el arte en sí) y con “The Pillow Book” sigue con su empresa: arquitectura en “El vientre del arquitecto”, dibujo en “El contrato del dibujante”, gastronomía en “El cocinero, el ladrón, su mujer y el amante”, literatura en “Los libros de Próspero”.
Peter Greenaway es más pintor que cineasta, más esteticista que cultor narrativo. Sabe que su genio creador está arbitrariamente limitado al campo visual cinematográfico, a diferencia de un lienzo en blanco, donde se lo puede ajustar en forma, fondo y contenido a los parámetros del artista, el cine es acotado. A partir de eso, narra una historia, simplificada en los ribetes dramáticos (esta vez, tomada de los grandes y empolvados libros de la historia Oriental), explotada desde el campo compositivo-plástico (es un artista). Ya, las formas de hacer cine, requieren para Greenaway un doble esfuerzo, una identidad doblemente concienzuda para trabajar el palimpsesto fílmico.
Ese estrecho margen físico (y matemático) del cuadro cinematográfico tiende a mutar, a variar sus formas y contenidos, a entremezclar la imagen y redefinir el mensaje, a crear anatemas dentro de un mismo campo visual. La imposición de cuadros dentro de cuadros: pantallas cortadas, disolvencias, superposiciones, exploran una forma de llevar el lenguaje cinematográfico a una exposición sublime, a manejar el ritmo narrativo, los sonidos, el espacio; creando un monstruo de mil caras, de una voz: el cine rompiendo sus estructuras para volverse nuevamente cine.
Cine-literatura, páginas de un libro superpuestas, relectura, nuevas comprensiones.
“The Pillow Book” no habla, se mueve lentamente como una pluma escribiendo a través de los gestos. Se trata, definitivamente, de una película gestual. Y el sexo es el gesto del deseo, de la necesidad, de la búsqueda espiritual. Allí donde sobran las voces, el gesto dignifica el poder de las palabras. Acaso, ¿la letra reemplaza al gesto? Sin dudas.
Las letras tatuadas de por vida sobre el cuerpo de Nagiko es la búsqueda silenciosa del espejo de su padre (complejo de Electra). La habilidad caligráfica de Jerome (el buen amante) para transcribir sobre la piel de Nagiko sirve, a su vez, para borrar el pasado.
Quizás, por su manía de esteta exagerado, expone al espectador a una suerte de laberinto inextricable de imágenes. Quizás, ese libro sea demasiado grueso y pesado para atravesar sus páginas sin un diálogo interno que nos permita explorarlo con más aventura. Allí reside la pausa. El libro postergado en alguna repisa. Entonces, es mejor dejar la intuición de lado y volver a lo prematuro del cine, como arte de imágenes, como sueños incrustados, como poesía visual: sueños.

TRAILER DE "THE PILLOW BOOK"

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