"EL IMPERIO DE LOS SENTIDOS" (1976) Nagisa Oshima


TITULO ORIGINAL: Ai-no corrida
DIRECCIÓN: Nagisa Oshima
GUIÓN: Nagisa Oshima
REPARTO: Eiko Matsuda, Tatsuya Fuji, Aoi Nakajima, Taiji Tonoyama
GÉNERO: Drama
AÑO: 1976
PAÍS: Japón
DURACIÓN: 100 minutos.

Una pareja de amantes vive una historia de amor al límite. La pasión se ha adueñado de ellos. El sexo ha pasado a ser lo más importante de sus vidas. Poco a poco sus juegos eróticos van traspasando fronteras. Las ansias de la mujer por poseer a su hombre parecen crecer cada vez más, hasta llegar al límite. (FILMAFFINITY)

Sentir. Para Oshima el amor (todo sexo) es un tortuoso camino intermedio entre la vida y la muerte. Algo necesario, claro, pero tortuoso al fin. El ser humano, en su paso de indagaciones con su existencia, entiende que es un alma solitaria que necesita la contención del otro (ser igualmente solitario).
Tres papeles fundamentales. Tres intérpretes que se escurren por los intersticios del lenguaje de Oshima: hombre, mujer y voyeur. Tres personajes que indagan la naturaleza del amor y su corrupción, el dolor del amor, la frustración, el apego, la inestabilidad, el sufrimiento. Acá no se esconde nada, se muestra todo, frente a cámara y tras ella. Lo explícito de las imágenes (los felatios, eyaculaciones, penetraciones) y lo explícito de un guión que no calla nada, observa todo, regula todo, marca territorio, expulsa los prejuicios: mentiras, adulterios; sin embargo, en ese cruce de heridas intencionalmente abiertas, se abre el camino que trae de regreso al ser querido, a ese choque piel con piel, orgasmo a orgasmo, a ese sufrimiento totalitario que conmueve el alma de los humanos (sentimiento masoquista por cierto).
El hombre es débil, pierde la razón, se entrega sin compromisos. Lo que parecía una coraza impenetrable de sentimientos encontrados, al principio de la cinta, termina cayendo como redes que atrapan todas las emociones conjuntas: una bola de nervios y sensiblerías, una necesidad de carne femenina, de calor matrimonial. Acá es preciso observar una elipsis. Hombre felizmente casado con mujer A (teniendo sexo). Plano consecutivo: Hombre felizmente casado en orgía con mujer B. Disparador de la culpa, cuando la mujer que ama se aleja por un tiempo (mujer B), se siente vacío, necesita volver a la mujer que ha dejado atrás (mujer A), pero es imposible. Entonces cualquier revolcón inmediato puede salvarlo de la horca inmaterial que pende de su corazón.
La mujer es fuerte y mantiene con vida a esta relación. La trenza con sus juegos de placer, aviva continuamente el fuego de la pasión, no descansa, satisface. Una geisha entregada a la cornisa de las debilidades de su hombre, su ser amado. Sin embargo, no puede olvidar su pasado de servicio al sexo. Al alejarse entonces, ese roce continuo, esa fricción tatuada en el cuerpo, que eriza sus poros, comienza a morir.
El voyeurismo: ese amor necesita ser observado, supervisado. Los fuertes nudos que lo sujetan, hasta la asfixia, son inquebrantables; entonces, esa mirada (a veces capciosa, a veces participativa) asegura la no herida, la pacificación de las almas.
Oshima entabla un lenguaje entre los tres actuantes de la historia; pero, aquí las palabras están de más. Todo se siente, todo se escamotea, todo se percibe. Una mirada basta para calmar las heridas. Hundir plenamente una navaja sobre la cara del ser amado: ¡eso es amor!

TRAILER EXTENDIDO DE "AI-NO CORRIDA"

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