8. LARS ULRICH. Metallica

El gordito ricachón, inquieto, arrogante, prepotente, que se mueve inquieto detrás de la batería del grupo de thrash más importante de todos los tiempos es Lars Ulrich. Hijo de un ex tenista, el pequeño Lars había que atarlo para que se quede quieto*. Irritante, altanero, su imagen provoca tantos fanáticos como detractores. Sin embargo, musicalmente hablando, Lars, en su estilo, en su época, en su performance no tiene comparación. Supo, como nadie quemar los parches al ritmo violento de los primeros discos de Metallica (los mejores), con un golpeteo preciso, contundente, marcó una generación. La fuerza de los disparos de sus palillos rebotando impiadosos en “Master of Puppets” o “…And Justice For All”, aportando también un virtuosismo inusitado debido a la velocidad de las canciones. También, cuando tuvo que bajar un cambio, cuando los vientos soplaban renovados para Hetfield y compañía, en tiempos de canciones acordes a los cuatro minutos de videoclip (“The Black Album”, “Load”, “Reload”), tradujo la contundencia del sonido de su batería, a un clima más oscuro, vibratorio, fascinante.
Lars es un gran baterista, no hay dudas. Quizás, caiga antipático por su semblante, siempre incongruente su postura de niño malo que contrasta con la cara que le pone al banquero al retirar el dinero depositado en su cuenta bancaria. Cosas del rock.

* Anécdota de Guillermo Vilas, amigo personal de Torben Ulrich, padre de Lars.


"...AND JUSTICE FOR ALL" de METALLICA

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