4. STEWART COPELAND. The Police

Stewart Copeland quizás sea el único de esta lista que mejor maneja el hi-hat: esa acción de hacerlo sonar intempestivamente, rellenando los lugares muertos de la canción, abriendo y cerrándolos como pulmones sofocados, deseosos de aire limpio, rechinantes, subrepticios. Copeland es, sobretodo, un gran baterista que supo traducir a los sonidos modernos de reggae y ska de los Police lo más sucio, ruidoso y estremecedor del rock. En esa mixtura sale airoso, con virtuosismo, con una calidad infinita.
La música de The Police pedía ese aire entorpecido, agitado; la cadencia de sus canciones, entrecortadas, estallidos autocontrolados, están basados sobre la base rítmica de la batería de Copeland. El golpe a los aros, a los trípodes de los platillos, innovación pura. Allí se aloja la importancia de este baterista para el avance sonoro del rock: sembrar una duda, no saber que va a venir, que golpe nuevo despertará a la canción para arrancarla de su cadencia habitual. Lo inesperado, la llave maestra de Copeland para abrir nuevos sonidos a la música de The Police.

"ROXANNE" de THE POLICE (si, es "Roxanne", pero fíjense bien a Copeland)

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