10. JOJO MAYER. Screaming Headless Torsos

Bichos raros de la escena, personalidades que no destacan pero hacen destacar: sesionistas. Músicos importados, exportados, que brindan su alma al solitario para prestarle su sello sin pedir nada a cambio, o más bien, por menos dinero que sus jefes.
Jojo Mayer baterista desde los dos años, cultivó un sello único: muy roquero para el jazz, muy jazzero para el rock. La clave: divergir entre las dos fuerzas que se oponían y daban vida a sus instintos. Luego de erráticas idas y vueltas con varios músicos de jazz, Dizzy Gillespie (el Dylan del Jazz) se lo llevó a tocar con él durante un largo tiempo. Luego, Nina Simone. Etcétera. Jojo había formado parte de las más grandes bigbands, de las mejores improvisaciones en los bares nocturnos de la canción negra.
A principios de los noventa, cuando el grunge lo consumía todo (nota anterior), un grupo de raros especímenes, de ideas de vanguardia y progreso musical se habría paso en la escena. Mezclando funk, jazz, soul y punk-rock, nació Screaming Headless Torsos. Jojo, fenómeno, molusco octópodo de la batería, le agregó el condimento necesario para la explosión y mixtura de ritmos.
No se puede encasillar a un músico que todo lo brinda, que todo lo abarca, que abre fronteras y las fusiona, las comprueba. Muy roquero para el jazz, muy jazzero para el rock.

"GRAFFITI CEMENTERY" de SCREAMING HEADLESS TORSOS

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