GANGLIANS (California, EE.UU.)


Las flores perfumadas de aquellas primaveras verdes, los tallos que sembró con orfebrería el gordito simpaticón de Brian Wilson, resuenan en los sonidos de Ganglians. Es que su música, huele a arena, a pasto seco, a sal, y se agita íntimamente en las ondulaciones del mar a través de un sol somnífero, abrasador. Una tarde, un planeta tendido a ese sol que todo lo calma, y en pequeñas líneas armónicas, las perfectas canciones pop: aquí se hallan verdaderamente los corazones pop, simpleza, sutileza, melancolía y sin embargo, unidos por un sentimiento de gozo, de quietud, de liberación espiritual.
No lo habíamos advertido. Quizás, ensordecidos por el grito de las adolescentes féminas ardientes o tal vez, enceguecidos por los estridentes colores de sus camisas hawaianas. Pero los chicos de la playa (los Beach Boys) nos dejaron muchas más cosas que buenas vibraciones y un sonido de mascotas. Es esa ondulación de guitarras, ese tríptico coral agudo como cortina reveladora de paisajes, de buenas sintonías, de calma, de ensoñación, que permaneció vivo a lo largo de todos estos años adormecido en nuestro subconsciente, naturalizado, invisibilizado por nuevas plataformas musicales. Sin embargo, cuando revive tácita o vorazmente en alguna canción radial, en algún disco desempolvado, en el descubrir de una nueva banda, lo asimilamos, vibramos, recobramos el sentido de la pertenencia; allí es cuando los vestigios de un pasado renacen y cobran el valor merecido, desde Peppers a Talking Heads, Sublime a Jack Johnson, Fight No More a Queens of the Stone Age le rinden un tributo inconsciente, presos de una identidad indeleble. Allí es donde Ganglians, esta nueva banda californiana no olvida sus raíces y concientes o inconscientes de su viraje, le hacen un altar musical al legado de los Beach Boys.
Fundidos en paranomasias surferas, le otorgan a su música un sentido casual de emotividad, quizás no buscada, quizás enfocada desde una perspectiva más panorámica. Es que no buscan la personalización de un algo ni intentan emparentarlo con la sofisticación, el ruido o la calma, sino que utilizan los momentos: emotivos, platónicos, inermes, volátiles, para lanzarlos al vacío en forma de bolas de sonido. Buscan el momento fotográfico, el ahora reinante en sus canciones, el instante preciso para fundirse en las ondulaciones de su sonido percutor de la armonía, del silencio y del ritmo.
Ganglians no es el paso previo a lo desconocido, sino la reinvención de un pasado, de una identidad musical que se coló en las formas de hacer una determinada música que nos transporta – por más lejana e inasible postal – a un paisaje, a un clima, a una cultura del sosiego y armonía espiritual. La apetecible mezcla entre folk, pop, noise y psicodelia.

"CRYIN´SMOKE" del disco "Monster Head Room"


"VALIANT BRAVE", mismo disco

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