EL ARTE DEL SEXO

Hablábamos del sexo (coito, acto sexual) como un elemento de consumo; ya no, como una representación artística de las acciones de la naturaleza del ser vivo (que le da dotación de vida). La historia cinematográfica se ha nutrido de las experiencias sexuales como parte de un relato que esconde, detalla, exagera, pone en relieve las diferentes actitudes del ser; éste, preso de un cuerpo parlante, de un cuerpo en acción, manifiesta el deseo (¿primal?), convirtiéndolo en líquidos, fricción, sudor, gemidos. La transformación de una imagen mil veces rediseñada. Ya no se trata de un acto sexual graficado, explícito, donde la experiencia prevalece por sobre la necesidad narrativa: se convierte en un hiato, en un silencio del lenguaje cinematográfico, impulsado por el deseo comercial o las pautas publicitarias. El acto sexual ya no es entonces más que una intervención quirúrgica al relato, donde se le roba de sus entrañas la tensión, y se le coloca, ha modo de órgano plástico, de juguete, la figura impostada del costumbrismo, de la naturalidad, disfrazada con las fachadas de la belleza lumínica, los planos ilustrativos, la saturación del raccord.
Advierto: existen otros ejemplos, buenas intenciones, necesidades narrativas que obligan, ponen contra la pared a sus creadores entretejiendo sobre las capas creativas de una obra la necesidad del coito, pero en su más humillante, perversa y negra intención: Pier Paolo Pasolini, maestro.
En algo tiene que ver la pornografía: la simulación extrema de la actividad sexual (o cualquier otra situación impostada). La saturación de un plano, de una acción, lo explícito sin razón va de la mano del cine posmoderno. La reiteración del hecho ad nauseam, como parte de un esquema lingüístico sesgado por la imposición, por el simple hecho de introducirlo con naturalidad. El porno (como el cine posmoderno: erótico o no), con sus disfraces, sus matices, sus actores de genealogía aria, estrangulan al lenguaje cinematográfico minimizándolo a su más ignota expresión: la reiteración de patrones = modelos de consumo.
Ha partir de este momento, IMFREAKALOT les ofrecerá una variada lista de películas donde el sexo (explícito, solapado, perverso) tiene una preponderancia narrativa: impostada o no, verificada como una herramienta lingüística o, como decíamos anteriormente, formas de hiato, de silencios, de pauta publicitaria. Desde las invenciones del maestro Pasolini hasta el cine de culto sueco, pasando por el erotismo de Tinto Brass o Bigas Luna hasta el viaje onírico de Greenaway.
En cinco entregas, los invito a disfrutar: El arte del sexo.

0 crónicas póstumas: