AMOR DE NOVIAS

Pasados los episodios infantiles de una vida sin demasiados apuros, con los entreveros típicos de la precocidad intelectual y la suerte en manos de cualquier contexto; el ser humano, hombre, comienza a andar en los ensortijados caminos del amor, empujados por los cambios hormonales y por la curiosidad sexual; una necesidad recíproca que nos encuentra, por primera vez, ante lo aterrador de la incógnita existencial, ante las dudas, las inseguridades y los pasos en falso. Un territorio preparado para la supervivencia del más apto, en una carnicería frugal que despierta en ese ser humano el instinto más primitivo y animal, allí, actúa el macho alfa rodeado de sus séquitos de hienas, sedientas de carne femenina. Una disputa de veleidades, de superficies de placer, donde el peso de la intelectualidad recae únicamente y por un tiempo determinado, en la exploración del género opuesto, en las estrategias de venta, en los prolijos cuidados de apariencia y fachadas.
Pero lo cierto es, que luego de alzarse con el preciado botín femenino (si, a esa altura es tan sólo un objeto), el hombre empieza a saborear con su paladar púrpura de inexperto el duro hueso de la heterodoxia conyugal, de los insondables vericuetos que tiene el incógnito arte de amar, de complacer, de experimentar y conservar fielmente lo cultivado con orfebrería, encanto, tensión y paciencia.
La industria empaca sus preceptos del amor: el romance idealizado como fundamento para afianzar la institución familiar, sostén del sistema capitalista; entonces, enmarcados hasta el infinito, se desprende la imagen incorruptible de la identidad filial, del amor indisoluble consumado e idílico. Claro, para la industria cinematográfica, televisiva, multimedial, el noviazgo o el acercamiento entre dos seres compatibles se realza en algo inasible en la realidad, confronta con los intereses de los que día a día buscan el aliado perfecto para la vida; los modelos que se desprenden de la pantalla – o cualquier soporte masivo – son inaccesibles, compatiblemente ficticios para cualquier ser humano.
En Hollywood, el noviazgo se entrelaza con esa condición perfectible e idealizada del amor, en la búsqueda, los caminos y resultados de ese encuentro. Mientras tanto, otros directores – independientes del dilema comercial, algunos – prefieren corregir la marcha, buscando nuevas posibilidades de contar la historia por caminos estrechos, marginales, fatales, apartados del cliché comercial y del final feliz.
A continuación, novias del cine. Personajes encarnados desde el lado salvaje, visceral, entrañable y carismático, que le confieren una vuelta de tuerca a las relaciones sentimentales entre hombre y mujer.

2 crónicas póstumas:

Loooooooooooo dijo...

Woooow!!

Que hermosa selección de novias.

Aunque ya tengo mi favoritismo identitario claramente forjado en una de ellas, y me volví a identificar al leer las primeras líneas de este post, voy a continuar con Summer y Sofia.
Con Julie me pasan otras cosas. Con Celine me pasan otras cosas. Ese personaje me inspira un amorío lésbico más que un sentimiento identitario.
Me dan ganas de estar ahí,si.Pero más me dan ganas de SER ahí. Esas calles, esos aromas, esa noche. ¿Acaso no hemos pasado también noches jugando a ser Jesse y Celine en una obsura Buenos Aires?

"Antes del Atardecer" not. Hay algo que se pierde en esa segunda parte, o no? Siento que no está la frescura y los planos secuencia eteeeernos, como ya sabemos me aburren un poco.

Me fuí de tema. Ahora vuelvo

Imfreakalot dijo...

¿Adónde estará tu favoritismo identitario? Dejámelo pensar unos instántes... mmm. Ah, claro.
Claramente, "Antes del Atardecer" fue otra cosa, otro olor: no las fragancias a flores, a café, a libro húmedo de la primera parte; sino, más a pochoclo, alfombra, nachos. Igualmente valen los esfuerzos de Linklater que, te hace un "Escuela de Rock" y te lo equilibra con un "Waking Life". Lo banco a full.
Yo también me fui de tema.
Gran comentario.