"ABRE LOS OJOS": SOFÍA

TITULO ORIGINAL: Abre los ojos
DIRECCIÓN: Alejandro Amenábar
GUIÓN: Alejandro Amenábar, Mateo Gil.
REPARTO: Eduardo Noriega, Penélope Cruz, Chete Lera, Najwa Nimri.
GÉNERO: Suspenso
AÑO: 1997
PAÍS: España
DURACIÓN: 117 minutos.




SOFÍA (PENÉLOPE CRUZ)

César es un atractivo y apuesto huérfano que ha heredado una gran fortuna de sus padres. Vive en una lujosa casa de su propiedad en la que organiza lujosas fiestas. Una noche su amigo Pelayo le presenta a su bella amiga Sofía, pero su anterior amante, Nuria, siente celos de ella. Al día siguiente intenta suicidarse junto a César en su coche. Cuando César se despierta en el hospital, su rostro se encuentra horriblemente desfigurado. Sin embargo, al despertarse todo le parecerá una pesadilla… o no.

Existe el amor platónico, claro. Existe en nuestros sueños, en nuestros deseos, en las poluciones nocturnas, en los momentos de sincero onanismo. A veces, etéreo, transfigurado, invisible; a veces, en la idealización de un ser humano que transitó por nuestra vida y nos dejó buenas impresiones, bellos momentos, alejados de ese patético romanticismo pomposo y banal. Es, la llama fluorescente, vivaz, perennemente alerta, que mantiene en vilo a nuestros corazones y nos alarma, nos escupe en la cara lo infeliz de la realidad, de la costumbre, de lo racional. Una realidad que permanece abierta, fluctuante, pero que en esos momentos de tensión dramática, donde se alían las vergüenzas con el sufrimiento, se tensa la soga de nuestros sueños y nos hipnotiza con su idealismo poético haciéndonos desestimar lo verdadero, lo vivo: los momentos irrepetibles del amor en el tránsito de una vida, la nuestra.
Sofía es el sueño. Lo eterno del amor, en un plano cósmico, irreal; plagado de olores, sensaciones y momentos, paradójicamente, nunca vivido, pero apresado en lo profundo del subconsciente como traducción de un deseo no realizado. Ese es el instinto más perfecto del ser humano, de César, pero de Juan, Pedro, Rodrigo, Santiago, Irma, Romualda o Graciela. Es la expresión (o impresión) de perfección de su mundo, lo intangible materializado por el deseo; allí se halla la fuerza de esa empresa.
Sofía es un representante de ese mundo que se contrapone con ésta realidad: no existe el ser humano perfecto, ni las relaciones perfectas, ni siquiera, en un contexto acomodado como el de César, existe el mundo perfecto. Y él que lo tuvo todo, tampoco lo creyó perfecto.

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