"OLLI KAHN". Die Prinzen

Los mundiales marcan una historia, precedente y escuela que conduce el futuro del fútbol hacia un determinado nivel. Un mundial sirve para calificar o para entender cual es el sentido estratégico, táctico y técnico que adquirirá el juego en los años siguientes, o al menos, hasta el próximo evento, cuatro años después.
Esas escuelas se han fundado debido a los éxitos, por supuesto, de diferentes combinados que han sabido traducir en espectáculo su receta futbolística. Tal es el caso de “La Naranja Mecánica” holandesa, comandada por Johann Cruyff en el mundial de Alemania 1974: con una teoría y práctica de juego denominada fútbol total, donde, avalado por los resultados (no así en la final de esa copa), la premisa fundamental era el ataque continuo, el pase rápido y corto, y la movilidad de todos los jugadores del campo, haciendo que ninguno de ellos tenga un puesto fijo.
Los años han transformado al fútbol en un juego especulador. Quizás, por la torpeza de sus líderes en creer que lo que depositan en la cancha es la vida misma, apostando siempre al error rival. En el año 2002, se practicaba un fútbol apático, mezquino, donde el juego defensivo y contragolpeador ponderó al más apto, con la excepción brasileña (siempre Brasil). Para graficarlo mejor, una de las figuras de este mundial no fue un armador de juego, ni un delantero letal; la figura fue un arquero: Oliver Kahn. Los alemanes, pese a haber perdido la final contra Brasil (con dos grotescos errores del arquero), le dedicaron esta canción.

"OLLI KAHN" de DIE PRINZEN

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