FÚTBOL: OPIO DE LOS PUEBLOS (Y IMFREAKALOT FUMA OPIO)

Comienza una etapa donde la prensa olvida que existe un mundo anacrónico y dispar ahí afuera. Donde la efervescencia marquetinera juega con las esperanzas de la gente de creer que logrando una victoria con una selección de fútbol que representa a su nación se amenizan los problemas cotidianos, se resuelve el conflicto de la existencia, se mengua el día a día del lomo trabajador.
Sin embargo, el recreo sirve. Abstraerse de una forma superflua, claro está, es el antídoto irreal, en pompas de colores, para escaparse al menos un tiempo del engaño de la vida. Con esto no se justifica la locura, el extremo fanatismo, la irracionalidad que conlleva un juego del cual somos menos partícipes de lo que creemos. Lo que está en disputa son los intereses de aquellos que echan a rodar la pelota en el verde césped; nosotros, simples espectadores que, luego de noventa minutos, volvemos al mundo real, a la fiebre cotidiana, etcétera.
Comienza un nuevo Mundial de Fútbol, la carrera por la gloria (repito, la de otros, y muy sobre el final, la nuestra) que paraliza al universo futbolero (más aquí en donde el fútbol se lleva excelente con nuestras conductas mundanas), que contagia, por el juego de seducción mediático, por la relevancia explícita de los poderes interesados. Pero muchachos, no olvidemos que es sólo un deporte, un juego, una distracción que nos mantiene un rato alejados de nuestra cotidianeidad. No desesperemos, no entremos en pánico si Messi no rinde como esperábamos, no puteemos a Palermo porque en la última jugada no llegó a conectar de cabeza, ni siquiera, echemos cargos a Maradona, justo él, que en ese devenir de alegrías y plegarias, fue el artífice de los momentos más gloriosos de nuestra (o de ellos) camiseta. El fútbol es opio, claro. Pero que rico es el opio.

Este mes, acompañando la fiebre mundialista – como no podía ser de otra manera –, Imfreakalot les entregará un par de especiales dedicados al juego de once contra once. Música, cine y muchas cosas más.
Empezando con éste simple racconto de canciones para y por estrellas futboleras. Cantando, empujados quizás, por la ceguera que precede a la fama, por el dinero que oscurece, porque, simplemente, se animan a hacerlo. Porque fueron invitados más allá de preconceptos y deficiencias, o quizás, porque lo hicieron por una buena causa. Homenajeados por el contagio de su juego, por el sentimiento – ese que borda con la irracionalidad – que transmite a sus seguidores.
Aquí están, estos son los colores del campión.

1 crónicas póstumas:

Imfreakalot dijo...

¿10 mil visitantes y se acaba?