"AMOR MÍO". Cristiano Ronaldo

La grandilocuencia es sinónimo de éxito, inflado por el entorno de un simple pibe que por un talento especial, de golpe, empieza a verse acorralado en un mundo ajeno. Criado en una realidad totalmente sitiada por los fracasos y luego, de repente, un shock, un flash, un golpe rápido, lo depositó en la cumbre del mundo. Sin respuestas ni itinerarios que marquen como actuar ante tal volantazo de la vida, esos pibes quedan flotando en el reflujo de sus acciones, en la inconsciencia que representa un mundo totalmente nuevo y paralelo, haciendo gala de sus nuevos atributos materiales, el despilfarro, el exceso, el trastorno. Varios pibes han caído en esa vicisitud fatal de la vida, porque cuando se tiene todo y de golpe ocurren estas cosas, se cae a un vacío insondable y sin retorno. Esos pibes, futbolistas o boxeadores, han vivido al borde de un suceso que ni ellos pueden explicarlo, ni siquiera asirlo. En este país, Argentina, donde la identidad cultural es patrimonio de las industrias o de los monopolios, sucede que se utiliza a este pibe para propaganda y luego, como recipiente descartable, es arrojado a la nada.
Me pregunto: ¿será el caso de Cristiano Ronaldo? La diferencia radica en un solo y hegemónico punto, es europeo. La idiosincrasia allí es relativamente peor en términos explotadores, pero, la inteligencia propia y del entorno lo ayudan a entender que existe un futuro próximo, y la base económica, ese colchoncito creado en su vida activa de futbolista lo solventará para el resto de su existencia y la de sus hijos, y la de sus nietos, y la de sus bisnietos, etcétera.
Acá, incentivado por el usufructo comercial, desanda una de sus pasiones: el canto. Y un par de gorditos con plata le sponsorean el capricho. “Amor mío” de Cristiano Ronaldo.

"AMOR MÍO" por CRISTIANO RONALDO

0 crónicas póstumas: