ROCKEROS MUY MALA ONDA

Cada ser humano se cría con un determinado sistema de valores, de creencias, de juicios; algunos moldeados a través de la experiencia, de su contexto, de la interacción con personas que comparten diferentes estilos y ritmos de vida.
El rock, sin dudas, es uno de los paradigmas culturales de la historia del ser humano. Paralelamente, se han creado formas de vida, ritos, tribus, homenajes, que alientan a una pertenencia, al encuentro con el otro, a una afinidad propulsora de debate, cambios y transgresiones a un sistema que nos estipula maneras de actuar y ser. El rock desde su nacimiento ha acaparado la atención de millones de personas a lo largo del planeta, fomentando la diversidad de gustos y asimilándola como una forma de vida. En algún tiempo fue el detonante de la rebeldía contra los sistemas impuestos, hoy, ya apaciguado por el devenir caótico de los intereses económicos. En otro tiempo, fue el campo fértil para desarrollarnos como librepensadores, como artesanos de una realidad (no de una verdad), abriéndonos los horizontes de la mente, del cambio, de la estética, de la imaginación; estrechando un vínculo pasional entre el pueblo y las artes musicales.
El poder, más allá de lo que se diga, siempre lo tuvo el músico. Consciente de su responsabilidad como transformador de opinión; agitador de pancartas y propuestas.
En ciertos casos, ese poder se ejecutó con la más simple y honesta transición, invitando a sus devotos a participar de cualquier ritual, comunión o simple encuentro entre seres afines. Pero cuando el músico pierde de vista el poder que puede ejercer, se convierte en un terrible aparato de reproducción.
IMFREAKALOT les presenta un breve repaso de algunos roqueros que caen antipáticos ante esta responsabilidad ejercida con total indulgencia y, en casos extremos, con una repugnancia propia de poderes aún mayores, como Estado, Partidos Políticos o religión.
Aquí “Los roqueros muy mala onda” de IMFREAKALOT.

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