"OLDBOY" (2003) Park chan-wook

TITULO ORIGINAL: Oldeuboi
DIRECCIÓN: Park chan-wook
GUIÓN: Park Chan-wook, Jo-yoon Hwang, Joon-hyung Im (Cómic: Nobuaki Minegishi)
REPARTO: Choi min-sik, Yu ji-tae, Gang hye-jung, Daaa-su Oh
GÉNERO: Acción
AÑO: 2003
PAÍS: Corea del Sur
DURACIÓN: 120 minutos.


Reflexión

Hoy nuestras percepciones del cine se encuentran muy encajonadas, frente a una sórdida pared con letreros lumínicos que destacan, como cualidad única, la avanzada, las nuevas tendencias y el espectáculo del cine: pochoclo, butaca cómoda y espejismos tridimensionales; que nos hace olvidar el aspecto fundamental y constitutivo del cine, de la historia cinematográfica. Ese mismo sistema, reniega que existen tantas artes como personas en el mundo y algunos, decididos claro, a mostrarlo a través de sus películas. Pero el remedio es peor que la enfermedad. Aquí, mientras la globalización avanza descaradamente, arrancándonos de nuestra isla, de nuestro continente desértico de idiosincrasias, nos vemos obligados a contribuir (por falta de decisiones institucionales) con ese espectáculo del cine, con los nombres y carteles atractivos, que, de vez en cuando, dejan escapar sesgos de genialidad, pero que en su mayor porcentaje nos inyectan dosis de placebos artísticos. Es por eso que el gran público consumidor de cine no sabe, ni imagina, las posibilidades de otro cine: no industrializado, o cuanto mucho, no genérico. Tanto acá como en otros lados del mundo, se hace cine de la misma manera que en Hollywood, con temas y referencias mejores o más elevadas que en el gran Imperio norteamericano. Y de esa manera, se priva al público de disfrutar grandes joyas del cine, inclusive ahora, cuando los genios-directores han muerto, los independientes están tentados y lo que queda es un par de proezas banas.
“Old Boy” es la gran película del cine oriental de las últimas décadas. Se reúne allí, comprimido, exacerbado y hasta distribuido, todos los giros, lenguajes e idiomas del cine, enmarcados en una historia trágica, cruel y verosímil.
Es la historia de un hombre que, sin motivo aparente, es encerrado durante quince años en una celda con un televisor, y no tiene otro contacto con la realidad más que ese aparato y la mano que le sirve comida a través del sesgo de la puerta. Una vez liberado, emprenderá una batalla para esclarecer el porque de su encierro y el asesinato de su mujer, mientras él estaba cautivo.
Aquí se encuentran dos puntos inalterables de conexión y narración. Primero, una venganza extrema y autoritaria, como un reflejo que se expande en la morbosidad de poseer algo, aunque sea una vida humana, para alimentarla y conservarla en la bajeza. Ese síntoma de venganza (una venganza metafórica de la raza humana), es la crítica contra un sistema, el del cordero: predicado por tantas ideologías y religiones.
Por otro lado, se encuentra la venganza per se. Como mecanismo autodestructivo del ser y por tanto, de la raza humana. Una lucha de verdades que se enfrentan nada menos que a un espejo, a una realidad que vomita en la cara del protagonista.
La genialidad del surcoreano Park chan-wook se encuentra en la capacidad de liberar estilos y formas de transmisión del mensaje. No se contenta con explorar la tragedia de su personaje, sino que lo expone, irremediablemente, al desatino de su contratiempo, con sarcasmo y animadversión. Definiendo una de las cintas con más matices de los últimos tiempos.
Si no fuera por la industria del showtime y los oligopolios cinematográficos, nos encontraríamos (nosotros, el gran público de cine) de vez en cuando, con algunas de estas joyas. Sin embargo, el tren pasa muy rápido y es mejor atreverse al desafío de reflexionar sobre “Lluvia de hamburguesas” o “Avatar”.

TRAILER DE "OLDBOY"

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