"EL CONDE DE MONTE CRISTO" (1934) Rowland V. Lee

TITULO ORIGINAL: The Count of Monte Cristo
DIRECCIÓN: Rowland V. Lee
GUIÓN: Philip Dunne, Dan Totheroh, Rowland V. Lee (Novela: Alejandro Dumas)
REPARTO: Robert Donat, Elissa Landi, Louis Calhern, Sidney Blackmer
GÉNERO: Drama
AÑO: 1934
PAÍS: Estados Unidos
DURACIÓN: 113 minutos.


Reflexión

Estamos ante la obra madre, la matriz, el gen de toda historia universal en la que se haya hablado con tanta subversión, inclinación y vísceras de amor y odios, pero sobretodo, de venganzas. Es, la historia de Edmundo Dantés y sus infiernos, convertida en un clásico indispensable de la literatura universal. Claro, a estas alturas, si se es un iniciado en estas tramas, encontrarán varios puntos en común con tantas otras historias de venganzas. Ocurre aquí, como una semilla sembrada en el medio de un desierto: florecen y marchitan aleatoriamente, millones de raíces que mueren en el intento de crecer, de salir al sol y ampliar sus tallos hasta la reproducción y muerte. Análogamente eso también le ocurre a (Alfred) Hitchcock. Su visionado, en estos tiempos, resulta predecible y aburrido. Pero, ubicándonos en su tiempo y espacio, en su macrocosmos intelectual, entendemos – por suerte – que él es aquella semilla narrada: el Adán del misterio.
La adaptación clásica de esta novela (cabe aclarar que se hicieron 49 versiones distintas, entre películas y series de televisión), es, por su espectacularidad, la de Rowland V. Lee, de 1934. Espectacularidad en el sentido más hollywoodense posible: las estrellas como proposición de marketing, el atrezzo en su nivel más primordial y, sobretodo, una puesta en escena capaz de hacer olvidar la narración, desviar el ojo de los detalles del ridículo actoral, de la pausa textual, del olvido o el error histórico. En ese punto, cuando Hollywood obra siempre por recorrer la mejor forma de una era, es cuando el texto falla; cuando las similitudes tiempo-espacio-diálogo se confunden en un holograma de precariedades y sinsentidos. Pasa en “Troya”, en “Gladiador” y en innumerables films de ahora y antes.
Pero el desafío en “El conde de Monte Cristo” de 1934 no era la recreación de un ambiente propicio para el desarrollo intelectual-narrativo, para nada. El desafío pasaba por comprimir toda la información sujeta a la novela de Dumas: la psicología de Dantés, la detención, la tragedia, la reencarnación, el amor, la pérdida, las escenas de lucha, el conflicto polivalente, en un film de principio a fin sin desviar la atención de los espectadores. Por esto, más allá de las sobreactuaciones de sus personajes, las mesetas argumentales y el conflicto centrado en una sola posición (la venganza en sí), la omisión de detalles fundamentales le dan un cierto aire de inacabado a la obra. Está claro, igualmente, que la adaptación se trata de eso: de comprimir, de borrar, de atenuar algunas cosas y de subrayar, priorizar y revalidar otras tantas. Pero más allá de errores constitucionales de la película no deja de ser la mejor de todas las adaptaciones; quizás, por un sesgo nostálgico. O quizás, porque guarda la correspondencia de una inocencia narrativa, priorizando más lo humano (aquello que construye la personalidad de Dantés, la venganza) y descartando el razonamiento y las formalidades cinematográficas.

TRAILER DE "THE COUNT OF MONTE CRISTO"

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